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¿O es que acaso dejar hablar al pueblo raso no es democracia?

Por: Iván Antonio Jurado Cortés

El tema Venezuela es hoy el menú de la mayoría de los medios de comunicación del continente; cada espacio noticioso abre con imágenes y titulares contrarios a la realidad de ese país. El pulpo informativo privado viene cumpliendo al pie de la letra las directrices del gobierno gringo con la venia de la aseda oligarquía de estados como el colombiano, argentino, y otros, sirvientes de la política yanqui. Lógicamente que se juegan sus propios intereses, de lo contrario las proyecciones de sometimiento se fragmentarían.

A la pregunta, ¿Por qué tanta preocupación a una constituyente?, la respuesta coherente es el temor generalizado de los capitalistas, porque este mecanismo democrático es el camino que tienen los oprimidos para revelarse y estandarizar las fuerzas. Las pataletas de los niños ricos son pantomimas para vender al mundo una farsa, con el cuento de que está en juego la democracia. ¿O es que acaso dejar hablar al pueblo raso no es democracia?

No se puede confundir el discurso directo y con carácter de Nicolás Maduro, con una acción antidemocrática. Hecho que vienen aprovechando los canales informativos para llevarle al mundo una tergiversación política de una nación que enfrenta a la voraz rapiña de los dueños del planeta. Jamás habían desplegado tanta información como lo hacen con Venezuela. Hasta los países más ricos y civilizados del orbe presentan problemas internos, la mayoría por ambición al poder político, solo que cada cual resuelve sus conflictos acorde a la ley estatal.

Perfectamente sobresalta el trato preferencial en favor de los oligarcas bolivarianos. En las emisiones televisivas y radiales, nunca se muestra la versión original del pueblo, solo difunden opiniones y conceptos acomodados de seudolíderes de la oposición. La parcialización informativa es notoria e intimidante, hasta el extremo de que mucha gente inocente o desprevenida está cayendo bajo el accionar de estos tentáculos dirigidos por una red de ricachones de todas las calañas.

Nadie habla de los siete millones de colombianos que viajaron a  Venezuela en las últimas décadas. De seguro si se les preguntara por que se fueron de Colombia, ellos sin dudarlo, dirían porque es un país repleto de corrupción, violento y sin oportunidades laborales. Estos compatriotas que hoy residen en distintas ciudades venezolanas han realizado su vida de manera discreta, obviamente mejor que en su tierra de origen, de lo contario se hubieran devuelto. Esta es la lógica, lástima que la prensa lacaya de la burguesía jamás efectuará esta investigación, simplemente porque no es rentable. El mismo director de Migración Colombia, ha expresado que no sobrepasan las 350 mil personas de las dos nacionalidades las que han ingresado al país. La pregunta, ¿Dónde están los colombianos que emigraron a la patria de Bolívar?

Ni Jorge Bergolio, hoy, ‘papa Francisco’ para los católicos, ni ningún cristiano van a estar de acuerdo con el gobierno Maduro. Lo que el mandatario venezolano está haciendo es demasiado atrevido, no por las violaciones a la falsa democracia que pregonan los ‘chapetones criollos’, sino por el drástico cambio que insiste dar en beneficio de la masa popular, esa que ha sido aplastada por la degenerada oligarquía, generación tras generación. 545 constituyentes es más que suficiente para ilustrar el panorama de la transformación que vive la tierra de Hugo Chávez.

Más de ocho millones de venezolanos dijeron que apoyan esta iniciativa popular; pero más que eso, es la manera como le hablan al mundo, contradiciendo lo que el terrorismo informativo vende a costa de los verdaderos afligidos. Es estremecedor observar como la prensa destroza la dignidad del pueblo y compagina con los intereses burgueses de los que han manejado a su antojo a Venezuela por más de 200 años, igual que en Colombia. Nicolás Maduro, cuenta con un equipo de asesores, los mejores del continente, y lo más importante, el apoyo de la gente humilde.

El terrorismo en la información se produce cuando se cambian los papeles de periodista a servil de los monopolios, con la intención de romper cualquier principio democrático que vaya en favor de la estabilidad estatal.

El temor de los poderosos colombianos es que fácilmente este procedimiento podría replicarse y por supuesto pondría a temblar a los dueños de una finca llamada ‘Colombia’, que no pasan de 25 familias. Ese cuento del ‘castrochavismo’, es otra forma que tienen los culebreros para adormecer a las masas. Obvio que ni a Uribe Vélez ni a Santos Calderón, le gusta lo que sucede en Venezuela, para estos personajes es una pesadilla demoniaca que les quita el sueño y empieza a enfermarlos.

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