Obesidad, principal problema de salud pública en el mundo

Por: Fabio Arévalo Rosero MD

No tener un peso adecuado o saludable por un aumento así sea ligero, ya es un problema grave para cualquier individuo. El sobrepeso es absolutamente nocivo y mucho más cuando se convierte en obesidad. Se afecta integralmente todo el cuerpo, reduciendo la calidad de vida, la capacidad física de trabajo y la expectativa de vida. Cualquier aumento de peso es nocivo, ya que cada kilo de exceso desgasta progresivamente el cuerpo, daña el corazón y todo el sistema circulatorio se deteriora tempranamente. Muchas personas lamentablemente no son conscientes, que así no estén gordos, ya tienen un problema grave en su vida. Luego se dejan tomar ventaja y deciden actuar cuando puede ser tarde.

La obesidad: principal preocupación de la humanidad

La obesidad ha tomado el primer lugar de los problemas de salud pública en el mundo ante las 2.100 millones de personas que sufren esta enfermedad. La obesidad es ahora la principal preocupación de la humanidad de acuerdo con el Global Burden of Disease Study en el que se señala que la desnutrición ha sido rebasada por esta enfermedad como el principal problema de salud pública en el mundo. De acuerdo al último estudio en el mundo hay alrededor de 2.100 millones de personas con sobrepeso crítico, es decir el 30% de la población mundial. Pero se calcula que más de la mitad de la gente ya tienen exceso de grasa en su cuerpo, así sea moderado. La obesidad es responsable de un 5% de las muertes cada año. Pero más aún está volviendo mucho más improductivas a las personas y con menores posibilidades de ser medianamente felices.

La obesidad impacta la economía

La preocupación con la obesidad va más allá de los problemas de salud que causa, es también una amenaza para la economía global. El impacto de esta enfermedad es de alrededor de US$2 billones, el 2,8% del PIB mundial y sólo es comparable con el causado por el tabaquismo, la violencia armada y el terrorismo de acuerdo con la más reciente investigación desarrollada por el McKinsey Global Institute (MGI). De continuar con la tendencia de crecimiento de esta enfermedad, para 2030 más del 50% de la población mundial serán obesos. Advirtió la directora general de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan, que no hay un solo país en el mundo que haya logrado frenar el avance de esta enfermedad, de acuerdo con el World Economic Forum. Cifras de la OCDE revelan que entre el 2000 y el 2013 la obesidad se incrementó como mínimo en un 0,5% por año en 130 de los 196 países en los que se recogieron datos.

Tratamientos de la obesidad, un fracaso

La obesidad no es exclusiva de los países desarrollados. El 60% de los obesos en el mundo viven en países emergentes. La acelerada industrialización y urbanización ha incrementado los ingresos y el consumo de calorías. El rápido aumento de la obesidad en el planeta lleva a pensar que se está abordando el problema de manera equivocada. Es decir que la gran mayoría de tratamientos que se ofrecen no han servido, son un fracaso rotundo. Hoy, la inversión en investigaciones sobre obesidad en todo el mundo asciende a unos US$4.000 millones al año- sólo un 0,2 % de los costos sociales estimados para la obesidad.

¿Qué hacer frente al sobrepeso y la obesidad?

Lo correcto es consultar de inmediato ante el aumento de cualquier cantidad de peso. Es evidente que la gran mayoría de procedimientos para bajar de peso en el mundo han fracasado. De allí el aumento de obesos en casi todos los países cada año, lo cual indica el engaño evidente que hay en estos tratamientos por parte de muchos inescrupulosos. Lo correcto es someterse a una valoración médica especializada, examen de composición corporal para un diagnóstico preciso y determinar el tratamiento integral. Este debe contener como mínimo: ajuste alimentario (no necesariamente dieta con grandes restricciones), programa apropiado e individualizado de actividad física, los medicamentos necesarios con mínimos efectos colaterales, manejo apropiado de la compulsión emocional por consumir de grasas y azúcares, control y monitoreo estricto mensual.

Además nunca reducir más de 4 Kg por mes (en los posible hasta 3 Kg para que sean casi 100% grasa). Lo que se haga por encima de ello se corre el riesgo de que no sea grasa sino pérdida anormal de agua, tejido conjuntivo, músculos, proteínas, etc. Una baja de peso importante o demasiado notoria, puede alterar el metabolismo y no permite las adaptaciones progresivas que son indispensables, para que el resultado sea sostenible y no volver a ganar el peso perdido.

La batalla con la azúcar añadida, la principal bandera.

Finalmente y como colofón esencial, es muy evidente que el mayor factor de riesgo sea el consumo de azúcar añadida (o refinada). Nadie debería consumir azúcar refinada en ninguna presentación. Pero especialmente agregada a líquidos como jugos, café, tés, aromáticas, etc. Y mucho menos ingerir jugos artificiales y peor aún gaseosas. Esta es una de las principales batallas que hoy da la salud pública en contra de todo un establecimiento, una industria y unos políticos de doble moral que la apoyan (a la industria azucarera). Pero es muy sencillo enfrentarla, empecemos por nosotros mismos a eliminar el uso cotidiano de azúcar, es una decisión personal, pero sabia.

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