¿Onomástico de Pasto sin “Cultura Ciudadana”?

La cultura ciudadana como ingrediente esencial del desarrollo urbano se fundamente en factores como la convivencia, la no violencia, la capacidad de celebrar acuerdos. Además de intervenir propositivamente en el comportamiento humano, se ampara en el cumplimiento de la ley, la confianza interpersonal e institucional y el interés por el cuidado de lo público. Se busca un proceso de transformación cultural de una sociedad. Este es el contexto contemporáneo anhelado en el desarrollo de las ciudades del Siglo XXI.

En el onomástico de Pasto se ha programado lo que han llamado un “Foro Internacional de Cultura Ciudadana”. Los personajes invitados tienen alto reconocimiento en áreas específicas, pero poco que ver con la ‘cultura ciudadana’ que requieren con prioridad las ciudades colombianas. El foro culturalmente está muy bien concebido, pero no con un nombre que genera confusiones; estaría mejor como panel de interculturalidad, indigenismo y derechos humanos.

Está matizado por una tendencia ideológica de los invitados, reconocidos por sus ideas de izquierda radical salvo uno (Matador) una especie de anarquista reactivo, un provocador profesional. Es evidente que quienes tuvieron la idea de invitarlos dejan notar cierto sesgo, queriendo presentarlo como cultura ciudadana, lo cual riñe con principios de pluralidad, armonía, tolerancia y convivencia.

Valiosa ‘per sé’ la presencia de Rigoberta Menchú, la indígena guatemalteca que ganó un Nobel de paz, como reconocimiento a su situación de víctima y a su lucha por los derechos indígenas. Pero terminó debatida y su premio demandado a punto de perderlo en un hecho insólito promovido por el antropólogo David Stoll, quien publicó el libro ‘Rigoberta Menchú, y la historia de todos los pobres guatemaltecos’.

Según Stoll, se habrían exagerado elementos de la vida de la activista para hacer ver que la familia Menchú era una luchadora por los derechos sociales. Que su familia habría recibido del gobierno de Guatemala un lote de tierra, al igual que miles de campesinos en un plan de colonización del país con el apoyo de Estados Unidos. Perdió respaldo local al recibir un rotundo rechazo cuando intervino en política. La III Cumbre Indígena Mundial (2007) decidió no apoyar las pretensiones políticas de Menchú ya que muchos indígenas no se sentían representados. En la primera aspiración presidencial en 2006 apenas alcanzó el 3% de los votos ocupando un precario séptimo lugar y en las elecciones de 2011, quedó en sexta posición, con el 3,2 % de los votos.

Otro invitado fuera de lugar es el controversial caricaturista autodenominado “Matador” (Julio César González), apelativo con mensaje de ataque o violencia. Personaje sin afinidad con el anhelo de la actual alcaldía, ‘Pasto constructor de paz’. Le gusta chocar, polarizar y a través de sus caricaturas más que criticar deja ver sus pasiones y tendencias ideologizadas, ataca a mansalva a sus contrarios políticos. El dibujante Vladdo por ejemplo, tal vez más cerebral y argumentado pudo ser una mejor opción.

El profesor Sergio de Zubiría otro panelista de prestigio en su campo; se trata de un filósofo marxista y camarada reconocido, que fue director nacional del Partido Comunista de Colombia. Su trabajo o interés por la cultura ciudadana que aporte al desarrollo urbano contemporáneo es desconocido. Es un gran personaje… del siglo pasado

Rosembert Ariza es un sociólogo jurídico, poco conocido, con alta formación académica. Afecto al tema intercultural e indigenista, defensor de los derechos humanos. Llama la atención porque en una página de evaluación de docentes de la Universidad Nacional por parte de estudiantes se encuentra con una calificación de 3.2 al lado de anotaciones: “Desorganizado, califica duro. Pros: tiene bastantes conocimientos. Cons: coquetea con las estudiantes.” Sin comentarios de su afinidad con la cultura ciudadana. (A excepción de la Premio Nobel, estos invitados ante la gran vitrina (política) se supone asumen sus costos).

Es posible que más que el mismo alcalde, esto se le haya salido de las manos y terminado en una buena iniciativa, pero con otro propósito. Lamentable, ya que en un momento tan crítico y de transición, Pasto requiere con urgencia implementar un genuino programa de “Cultura Ciudadana y Convivencia”.

Si de ello se trataba, no era más que buscar modelos exitosos en Colombia y el mundo. Entre ellos los responsables de la ejemplar “Cultura Metro” de Medellín, resultado de un trabajo en equipo de secretarios de cultura ciudadana como Juan Diego Mejía, Juan Valdés y Jorge Melguizo. Totalmente abiertos a aportar su experiencia en otras ciudades como Pasto, en el momento que se requiera.

Igualmente otros expertos reconocidos en el país como Hugo Acero (seguridad ciudadana), el general ® Rafael Colón (convivencia ciudadana), así mismo el tumaqueño Henry Murrain líder del proceso Visionarios de Cultura Ciudadana de Antanas Mockus. O referentes internacionales excelentes como la magistral obra de George Kelling “La teoría de las ventanas rotas”, una hermosa guía de Cultura Ciudadana para cualquier ciudad del mundo. O Malcom Gladwel  con su obra “Los puntos de quiebre”, que demuestra como el aporte ciudadano con pequeñas acciones colaborativas, pueden generar una gran transformación de una sociedad. La transformación cultural que hoy tanto sueñan ciudades como Pasto.

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