Onomástico, título de ciudad y escudo de armas de San Juan de Pasto.

El onomástico de la ciudad capital del Departamento de Nariño, San Juan de Pasto, es una celebración que poco a poco ha vuelto a institucionalizarse de un tiempo o acá, por cuanto en la colonia tenía gran trascendencia, surgiendo algunas inquietudes que consideramos se hace necesario clarificar para el cabal conocimiento de nuestra historia, razón por la cual en esta oportunidad se dará a conocer una serie de interesantes documentos que nos aclararan el porqué del nombre de San Juan de Pasto para nuestra querida ciudad y como se logra conocer el verdadero diseño de nuestro Escudo de Armas.

La Villa de Pasto, adquirió el “título de Muy Leal Ciudad” a partir del 17 de junio de 1559, cuando la princesa Juana de Austria, hermana de Felipe II, nieta de Juana “La loca”, expidió desde Valladolid (España) la Cédula Real que así la acreditaba, causando cierta inquietud el por qué no se suscribe también el crédito de “Muy Noble…” como sucede con otras ciudades de América, atribuyéndose la omisión a una equivocación del escribiente real al no trascribir el titulo completo de “Muy Noble y Muy Leal Ciudad…”. Es lo cierto que las actas del Cabildo de Pasto corrigieron este error y siempre se encabezaba diciendo “En la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de San Juan de Pasto….”, al menos a partir de 1561 cuando se conoce el libro de Cabildo de la Ciudad San Juan de Pasto por cuanto los anteriores a este significativo año se perdieron según se deduce de la denuncia que deja Emiliano Diaz del Castillo cuando afirma: “La pérdida de algunos libros del Cabildo de Pasto no es reciente, ya el 12 de junio de 1776 en el Acta de recibo del Archivo del Cabildo, suscrita por el Escribano Juan Antonio Arturo, se dejó constancia de los que entonces faltaban. En ese importante documento se afirma que el el Libro de Cabildos mas antiguo, entonces existente en el Archivo, era el que comenzaba en el año de 1561, de manera que faltaban los anteriores a ese año, es tanto como decir que esa fuente histórica de los primeros 25 años de existencia de San Juan de Pasto desapareció antes de 1776.”. Después también se perdieron otros tantos documentos que hablaremos en otra oportunidad.

En ese mismo día del 17 de junio de 1559, se otorga a la ciudad su Escudo de Armas y en tal razón se crea el cargo de Alférez Real para que tenga a su custodia el Estandarte Real durante el periodo que se denomina “de San Juan a San Juan “, que comprende un periodo que se inicia cada 23 de junio cuando el Cabildo de Pasto hacia el nombramiento del nuevo dignatario, quien asumía su responsabilidad al día siguiente 24 de junio, festividad de San Juan Bautista.

Es decir, en síntesis, tenía que ser persona digna de desempeñar el citado cargo de Alférez Real, como representante del Rey o Monarca español, máxima autoridad para aquel entonces.

¿Por qué Felipe II, siendo rey de España no firma la Cédula Real que acredita el título de Ciudad y Escudo de Armas para Pasto? Es la pregunta que se hacía mucha gente en Pasto, teniendo como respuesta que el encontrarse ausente de España el aludido personaje, dejó con la anuencia de su padre Carlos V a su hermana Juana de Austria encargada de la corona de España en calidad de Princesa Regente.

El 12 de junio de 1554, Juana de Austria asume la Regencia de España encargándose de la vida administrativa del reino. Estando en estas condiciones se le presenta la solicitud de las gentes de Pasto y Cali por intermedio de su delegado don Francisco Ponce quien había sido comisionado por las autoridades de Pasto en primer lugar, y al pasar camino a España vía Cartagena de Indias por la Villa de Cali también recibió esa solicitud para que tramitara ante la corona española la misma petición de la gente de Pasto.

Esta feliz coincidencia de las dos reconocidas Villas de la época: Pasto y Cali respectivamente, pidiendo la titularidad de Ciudad y Escudo de Armas, sirvió años después para poder conocer el diseño autentico de los escudos de armas de estas dos ciudades, teniéndose en cuenta que el de Pasto y el de Cali registran la misma fecha de su otorgamiento: 17 de junio de 1559 y se encuentran dentro de la documentación que posee el archivo del Duque de Alba en Madrid- España.

No está por demás resaltar que nuestra ciudad se convierte en una de las primeras en adquirir esa titularidad: Lima la obtiene el 7 de diciembre de 1537 otorgada por Carlos V; San Francisco de Quito el 14 de marzo de 1541 y lo otorga Carlos I; Santa Fe de Bogotá el 3 de diciembre de 1548 otorgado por Carlos I; y el de Popayán el 10 de noviembre de 1558 otorgado por Felipe II por intermedio de su hermana Juana de Austria.

De los dos Escudos el de San Juan de Pasto y el de Santiago de Cali, se conocía el texto de la Cédula Real que autorizaba su disposición y descripción, más no el diseño que según reza en cada una de estas “va pintado y figura en un escudo a tal como este….”, aportando el dibujo con los colores correspondientes.

Tanto en San Juan de Pasto como en Santiago de Cali, perdidos sus respectivos dibujos originales, se dibujaba el Escudo de Armas de acuerdo a la interpretación que se hacía del texto en referencia. El de San Juan de Pasto lo dibujó por primera vez, el antropólogo Miguel Triana para participar de una feria exposición que hubo en Bogotá en 1920 y es el que tradicionalmente se lo usaba inclusive para identificar el Departamento de Nariño. Dio la casualidad que estando en España doña Juliana Garcés de Tenorio, secretaria municipal de Cultura de Cali, buscando información sobre la capital del valle del Cauca, cumpliendo una comisión por encargo del Municipio de Cali, encontró en los archivos del Duque de Alba en Madrid-España, el diseño original del Escudo de San Juan de Pasto, situación afortunada por cuanto quien estuvo comisionado para tramitar tanto la titularidad de Ciudad y Escudo de Armas para las dos ciudades fue Francisco Ponce Procurador General de la Provincia de Popayán, de acuerdo al registro del otorgamiento de las cedulas reales en referencia.

Cuando iba a iniciar la investigación- dice la Directora de la División de Cultura de la Secretaria de Educación Municipal de Cali, Juliana Garcés de Tenorio- encontré que el encargado del Archivo del Duque de Alba, señor José Manuel Calderón estaba de vacaciones, ante lo cual me colaboró don Ignacio Ahumada Lara, catedrático universitario para conseguir el permiso respectivo, encontrando la feliz coincidencia que estamos tratando.

A decir verdad, en Pasto no se ha hecho el reconocimiento que bien amerita hacerse a Doña Juliana Garcés de Tenorio por este hallazgo tan importante para nuestra historia y el hecho de no haber sido egoísta, que bien pudo hacerlo guardándose la información al respecto; de igual manera al Dr. Gerardo Cortes Moreno por ser el autor del dibujo que actualmente se promociona del referido Escudo de Armas de la ciudad San Juan de Pasto.

Aclarado el tema de cómo o porqué suscribe Juana de Austria la Cédula Real del 17 de junio de 1559, mediante la cual se otorga a la villa de Pasto el título de Ciudad y se concede el Escudo de Armas, entraremos a continuación analizar el porqué de este nombre de San Juan, y algunos pasajes de la vida de Juana de Austria, para que se diferencia muy bien con su abuela, Juana de Castilla, mejor conocida en la historia como Juana “La Loca”, a quien algunos mal informados o de pronto mal intencionados, estaban absurdamente adjudicando como quien suscribe la mencionada Cédula Real, como veremos a continuación.

El por qué el nombre de San Juan para Pasto, se deduce de un planteamiento muy bien fundamentado cual es hacer un homenaje a quien suscribe la Real Cédula, Juana de Austria, quien curiosa y coincidencialmente había nacido el día en que el santoral católico festeja el día de San Juan Bautista, es decir el 24 de junio, en este caso de 1535; de igual manera hacia reconocimiento al nombre de su abuela: Juana I de Castilla mejor conocida en la historia española como “La Loca…” quien recibió este remoquete por pretender en gran parte pasear el cadáver de su difunto esposo, Felipe el hermoso, presuntamente envenenado o por la peste negra, por varias provincias de España desde Burgos hasta Granada, para dar cumplimiento al deseo de su amantísimo esposo que quería que su cuerpo descanse en Granada en tanto su corazón debía llevarse a Bruselas, como en efecto se hizo. En cuanto a su cuerpo se trasladaba en las noches por territorios de Castilla sin haber logrado llegar a Bruselas, siendo enterrado en la Capilla Real de Granada, era época de invierno, imperaba el frío, siendo acompañada en las noches de la mencionada travesía por una multitud de seguidores que incluía a sacerdotes y alta jerarquía eclesiástica, hasta que por determinación tanto de su padre Fernando el Católico como de su hijo Carlos I, fue recluida en el castillo de Tordesillas donde murió en 1555, cuatro años antes de otorgar a la villa de Pasto el título de ciudad y Escudo de Armas, razón más que suficiente para descartarla como suscriptora de la cédula real que otorgara a Pasto el Escudo de Armas y la titularidad de ciudad, que algunos despistados de la historia pretenden adjudicarle.

Juana de Austria, hermana de Felipe II, era hija de Carlos Primero e Isabel de Portugal, fallecido su esposo el Infante Juan Manuel, sale de Portugal por desavenencias con sus parientes políticos dejando su único hijo Sebastián al cuidado de sus familiares, quien tiempo después asume el reino de Portugal con el nombre de Sebastián I.

Felipe II, regresa a España a mediados de 1559, luego del fallecimiento de su esposa María Tudor, retomando nuevamente su cargo de monarca español, en tanto su hermana la Princesa Juana de Austria ingresa al Convento de los jesuitas, convirtiéndose en la única mujer que ha ingresado a esa comunidad religiosa gracias a su gran influencia y respaldo que diera a los jesuitas en su lucha contra el protestantismo y demás sectores contrarios al catolicismo, lo hace bajo el nombre de “Mateo Sánchez”, y suscribe algunos documentos con el seudónimo de “Montoya”. Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, comúnmente denominados Jesuitas, fue quien más intervino para el ingreso y el secreto bien guardado de Juana de Austria como integrante de su comunidad que como bien se sabe en un principio la Compañía reproducía la estructura militar en que se había formado Ignacio de Loyola.

En vida de Juana de Austria, su ingreso y desenvolvimiento dentro de la Compañía de Jesús fue un secreto muy bien guardado, ni siquiera la Santa Sede conoció el suceso. El fallecimiento de Juana de Austria tiene lugar el 7 de septiembre de 1573 en el castillo del Escorial dejando en su testamento que su deseo era que la entierren en el Monasterio de la Visitación que ella había creado y que hoy se conoce como las Descalzas Reales.

La princesa Juana de Austria es entonces: nieta de Rey, Felipe el hermoso, casado con Juana de Castilla llamada “La Loca…”; hija de Emperador, Carlos V; hermana de Rey, Felipe II; Esposa de Príncipe, Juan Manuel de Portugal; y madre de Rey, Sebastián de Portugal. Tenía a su amparo toda una dinastía monárquica, y como se dijo antes: ser la única mujer que ingresó a la compañía de Jesús.

La primera vez que la ciudad San Juan de Pasto y su gente celebra la titularidad de ciudad y el otorgamiento de Escudo de Armas seguramente fue en el año de 1560, pero únicamente existe registro histórico del acontecimiento a partir del 24 de junio de 1562, teniéndose en cuenta que de acuerdo con investigación realizada por Emiliano Díaz del Castillo dice que “la perdida de algunos libros del Cabildo de Pasto no es reciente, ya el 12 de junio de 1776, en el acta de recibo del Archivo del Cabildo, suscrito por el escribano Juan Antonio Arturo, se dejó constancia de los que entonces faltaban. En ese importante documento se afirma que el Libro de Cabildo más antiguo, entonces existente en el archivo, era el que comenzaba en el año de 1561, de manera que faltaban los anteriores a ese año, es tanto como decir que esa fuente de los primeros 25 años de existencia de San Juan de Pasto desapareció antes de 1776.”

“En las actas del 23 y 24 de junio de 1562 del libro de Cabildos de Pasto, encontramos como era la ceremonia en referencia a la celebración del Onomástico de la ciudad. La del 23 de junio registra la elección del Alférez Real: “En la sesión de este día dijeron los señores cabildantes que es costumbre nombrar cada año el Alférez Real para que lo sea “de San Juan a San Juan”, que tal Alférez deberá llevar el Estandarte de la ciudad. Agregaron que el nombramiento se hace para la fiesta de San Juan por esa la advocación de la ciudad conforme a las armas y título que le dio Su Majestad y que en ese día se hace fiesta solemne y presentación del Estandarte y Armas de la ciudad por las calles de ella, con la gente de a caballo que se pueda juntar.”

“Para este presente año y hasta la víspera de San Juan del año primero venidero de mil quinientos sesenta y tres se nombró al Capitán Luis Pérez de Leiva por ser persona muy honrada y antiguo vecino de la ciudad y conquistador en estas partes. Mandaron llamar al Capitán Pérez de Leiva, le informaron de su nombramiento y le dieron el poder de tal Alférez Real con todos los derechos al cargo correspondientes y le recibieron el juramento de rigor.”

Es decir, en síntesis, tenía que ser persona digna y de respeto para desempeñar el citado cargo de Alférez Real, como representante del Rey o Monarca español, máxima autoridad para aquel entonces.

En cuanto al 24 de junio de 1562, la citada acta dice: “Hoy día de San Juan, el Alcalde Hernando Núñez de Trejo y los Regidores Capitán Sánchez Día de Narváez y Toribio Nieto, estando delante de las puertas del Cabildo y cárcel de esta ciudad con mucha gente de a caballo sacaron de las dichas casas el Estandarte de esta dicha ciudad con las armas de ella en él y los entregaron al Capitán Luis Pérez de Leiva, Alférez nombrado por el dicho Cabildo este presente año conforme de nombramiento que de ello está fecho y recibieron juramento. Agrega el acta que recibió el Estandarte y armas de la ciudad estando con mucha gente de a caballo, entre ellos Alonso del Valle, Juan Rosero, Juan Velásquez Samaniego, Pero Pérez y otros muchos”.

El 24 de junio de 1781, tiene ocurrencia en Pasto un acontecimiento donde una vez más se demuestra el valor de la gente de esta importante ciudad, cuando se levanta insurgentemente contra el proceder autoritario del doctor Ignacio Peredo, Teniente General de la Gobernación de Popayán, quien había llegado a Pasto el día anterior comisionado por don Pedro Becaria y Espinosa, Gobernador de Popayán, para que imponga el estanco de aguardiente, decretado por el Regente Visitador doctor Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, como medida de emergencia para acrecentar el real erario, entonces más que nunca necesitado de fondos por causa de la guerra entre la metrópoli e Inglaterra, según nos dice el historiador Sergio Elías Ortiz.

Tercamente el comisionado no quiso atender las sugerencias que le hicieron los Cabildantes de la ciudad y sus autoridades respecto a que no era conveniente dar a conocer los nuevos tributos sabiendo que se estaba preparando la solemnidad de las festividades con motivo de celebrar el onomástico de San Juan Bautista, patrono de la ciudad. “En vista de la frialdad del ayuntamiento, y en vista, también, de que el tiempo apremiaba, se apresuró a hacer conocer el Decreto por su propia cuenta, mediante bando, a son de tambor, y por boca de Sebastián, indio, rodeado de algunos hombres de tropa que al efecto había traído consigo y que comandaba el Sargento Gabriel Valdés, a quien más tarde se siguió juicio por cobardía.

Desgraciadamente para el comisionado Peredo, la publicación del bando se hizo en el día menos oportuno, es decir la víspera de la sonada fiesta de San Juan, patrono de la ciudad, que entonces se festejaba rumbosamente con misa solemne, paseo del Estandarte Real, corrida de gallos, alarde de toros y otros regocijos públicos, con bebidas embriagantes y sus consecuencias. La ciudad estaba por ello rebosante de gente de todos los pelajes y de diversas regiones. Los indígenas de los alrededores habían acudido con sus Mandones a hacer el aseo de las calles y el ornamento de arcos y festones, como solían hacerlo desde tiempo inmemorial, en virtud de sus cargos que pesaban sobre ellos y que soportaban de buen grado, como si se tratara de un derecho de conquista, o de coyunda, que tuviesen que pagar, pero que pagaban con gusto, como hemos dicho antes, porque eso les daba lugar de participar oficialmente en las fiestas y emborracharse de lo lindo, que era lo que más les importaba”, dice el historiador Sergio Elías Ortiz.

Seguramente algún, agitador anónimo de la época prendió la chispa en el pueblo con la noticia del estanco, de suerte que en el momento de darse lectura al decreto estalló la protesta colectiva con gritos, brazos levantados y amenazas de muerte. El doctor Peredo que presenciaba la lectura del bando para dar más autoridad al acto, apenas tuvo el tiempo justo para huir del tumulto por la calle del antiguo colegio de la Compañía de Jesús (hoy la Universidad de Nariño sede centro), herido de una pedrada en la cabeza. Es lo cierto que el doctor Peredo apenas pudo sostenerse en su refugio del citado colegio, la noche del 23, pues al día siguiente, por la mañana, la multitud que había estado vigilando la cuadra de La Compañía para que el refugiado no se les escape para Popayán, lo sacó a la fuerza y como intentase la fuga con los de a caballo por el camino de Catambuco, fue alcanzado en ese pueblo, al pasar una quebrada, por los indígenas indignados de rabia y el indio Naspiran, que era un gigantón que hacía de cabecilla, le dio muerte violenta con una púa y luego a garrotazos la chusma sacio sus instintos feroces sobre el cadáver. Tal fue el fin d e la tragedia.

Años después de manera irónica, el caudillo popular de San Juan de Pasto, el Teniente Coronel Agustín Agualongo, es tomado prisionero el 24 de junio de 1824, en el sector del Castigo por predios del rio Patía, por su antiguo compañero de lucha el General José María Obando, quien relata así el acontecimiento: “Agualongo emprendió su retirada por la misma ruta que había llevado; lo dejé llegar al pueblo del Castigo en donde lo sorprendí el 24 de junio de 1824 y al día siguiente cayó en mis manos. Con el hice prisioneros al Coronel Enríquez, a un comandante, un abanderado, otros oficiales y más de ciento en tropas. Indulté y puse en libertad a los subalternos y a las tropas; conservé solamente a los cuatro primeros por su categoría, y yo mismo los conduje hasta ponerlos en Popayán a disposición del comandante general José María Ortega, que haciéndolos juzgar por el decreto de conspiradores, los fusilo en la plaza de Popayán.

Hice los mayores esfuerzos porque fueran también indultados, por el respeto e interés que me inspiraba un guerrero valiente y generoso, cuyas hazañas y moderación había presenciado yo en aquella larga y obstinada guerra. Todo es relativo en este mundo, y Agualongo había sido demasiado grande por la humanidad que había desplegado en competencia de tantas atrocidades ejercidas contra ellos. Yo pude haber manchado mis manos con la sangre de aquellos desgraciados en un tiempo en que era mayor el lucimiento cuanto era mayor la matanza; pero no quise igualarme a los barbaros que hasta hoy se jactan de haber bebido el hombre rendido.

Capturado Agualongo, Flores entró a disputar la gloria de matarlo. Cuando ya le había entregado en Popayán, y se estaba juzgando, llego una comisión suya reclamando el derecho incuestionable que él decía tener para matar esos hombres en la plaza de Pasto. Él quería gozar el placer de devorar aquella carne que se le escapaba, para dar luego, según costumbre, partes ruidosos y proclamas rimbombantes.

El Coronel Ortega se negó a tan necia pretensión, y Flores no se disgustó menos con este que conmigo, porque en lugar de obsequiarle aquella presa, lleve mis prisioneros a consignarlos a la autoridad de quien entonces dependía”, concluye tajantemente el General José María Obando en su obra “Apuntamientos para la Historia.”

Juan José Flores pretendía desquitarse de la humillante derrota que sufrió en Pasto ante las milicias dirigidas por el Coronel Agustín Agualongo aquel 12 de junio de 1823 cuando éstas armadas solamente de palos y demás herramientas de trabajo, dieron buena cuenta de este criminal venezolano y sus tropas, acatando la orden terminante de Agualongo cuando les dijo de manera categórica antes de iniciar el combate: “Un palo – o palazo para ser más claros- al jinete y otro al caballo”. “El chuzo al estómago”. Este acto de sublime cobardía siempre fue censurado en contra de General venezolano, que teniendo todo un ejército provisto con buen armamento, salió huyendo a Popayán, siendo entonces, permanentemente escarnio y vergüenza en su vida militar.

Aquí puede ver el programa de Página 10 en vivo sobre el onomástico de Pasto.

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