Pactos con el diablo en Cabo Manglares

Por: Oscar Seidel

Posición geográfica

En el extremo occidental de Colombia, a dos horas de Tumaco navegando en lancha hacia el sur por el Océano Pacífico, está Cabo Manglares. Este territorio, habitado por cerca de 10.000 afrodescendientes pertenecientes al Consejo Comunitario Bajo Mira y Frontera, es un punto de la biodiversidad del país: uno de esos lugares privilegiados en los que la riqueza de la naturaleza se manifiesta en toda su extensión. Cabo Manglares acaba de ser declarado como el nuevo Distrito Nacional de Manejo Integrado del país. Esta figura de conservación, que regirá en 190.000 hectáreas, se construyó luego de un proceso de dos años de concertación con las comunidades afrodescendientes que han habitado este lugar por siglos.

Leyenda del pacto

  Dice la oralidad que al diablo se le podían solicitar tres deseos: Riqueza, mujeres y poder sobre los demás, todo ello a costa de entregarle el alma. El primer encuentro siempre se daba de noche en el monte y sin la compañía de otra persona. El hombre gritaba que se sentía desgraciado por ser pobre, por no tener a su querida, o por la falta de  poder en el pueblo, e invocaba varias veces al diablo, hasta que apareciera. Entonces, éste salía de la penumbra y le exigía que cumpliera la promesa de entregarle el alma para darle un deseo.

Ante semejante disuasión, el hombre le aseguraba que cumpliría su promesa, siempre y cuando, él le ayudara a conseguir lo solicitado. En el segundo encuentro, el hombre debía llevar un gato negro que ambos lo pisarían y con su sangre cerrar el pacto, De igual manera, el hombre debía aprender una oración de invocación para que apareciera sin mover un dedo el deseo solicitado. Acto seguido, el demonio les hacía escribir y firmar una “cédula” al hombre con su propia sangre: “Yo, Fulano de Tal, hago donación de mi alma al Príncipe de las Tinieblas en su posesión de que me hace cumplir lo que le he pedido. Yo no reconozco a otro Dios sino a él (…) así prometo de hoy en adelante (…) no creer nada de lo que creen los cristianos”

Francisco Juan Márquez  el desbrozador de montes

Cuenta la oralidad que hubo un hombre quien fue el más poderoso de Pacifico sur; su nombre era  Francisco Márquez, amo y señor de las tierras desde Cabo Manglares en la frontera con el Ecuador, Bocagrande, La  Viciosa, Tumaco y la Isla del Gallo.                                                                              Nació en Tumaco en 1882 pero sus nexos familiares estaban en la frontera colombo-ecuatoriana. Siendo adulto se vino desde allá después de haber  jurado el pacto con el diablo a costa de ser el hombre más rico y poderoso de la región. No se sabe si prometió en contraprestación entregar su alma al diablo, o compartir su riqueza con la comunidad. Tenía finca en Cabo Manglares, desde donde se vino a radicar en Tumaco.

 A diferencia de los otros inmigrantes, don Francisco no llegó a comercializar con oro, sólo se sabe que vino por el rio Mira talando árboles, desbrozando montes, y transportando chorizos de trozas maderables. Cuando el rio se encontró con el mar Pacifico, arribó al puerto. Traía tanta madera que no tuvo espacio para almacenarla, y decidió comprar la isla de la Viciosa para arrumarla e instalar su aserrío. Había generado la primera parte de su gran riqueza. Fueron tantos los bienes acumulados por Francisco Márquez que le donó a la municipalidad los terrenos para el cementerio (1918), el palacio municipal, el parque Colón y otros más.

Pero, el compromiso con el diablo se reanudaba cada tres meses en la finca de Cabo Manglares. Cuenta la oralidad que cuando don Francisco iba el viernes por la noche, todos los trabajadores debían irse para el pueblo para no presenciar el rito satánico. Esa noche salían truenos y relámpagos de la casa. Al amanecer cuando llegaban los trabajadores a la finca, don Pacho tenía otro semblante.

  En 1907 viajó a Europa a extender sus conexiones comerciales, y encontrar un pedagogo que fortaleciera la educación secundaria en Tumaco. Desde allá envió un comunicado al Concejo Municipal informando que estaba próximo embarcarse en Alemania con destino al puerto, un educador de nacionalidad alemana quien se encargaría de la dirección de la escuela pedagógica, y que muy probable a comienzo del próximo año estaría llegando a la ciudad de Panamá con punto de llegada final a Colombia, Puerto de Tumaco.

Pero, una noticia imprevista entregada el 15 de mayo de 1907, echó por tierra tantas ilusiones y preparativos: el profesor de nacionalidad alemana había encontrado mejores propuestas y finalmente rechazó los ofrecimientos del representante de Tumaco en el viejo Continente. La comunidad tumaqueña siguió insistiendo y se dieron los contactos en los primeros meses del año 1911, volviendo a reinar la expectativa por un nuevo modelo de educación. Al final, los resultados se dieron. La noticia rodó por todos los rincones de la isla, ya se conocía el nombre del nuevo profesor y esperaban con ansiedad al docente Max Seidel.                                                                                                                                                        El tiempo avanzó a un ritmo impresionante y era un 5 de diciembre de 1911, el día del más grande acontecimiento para la educación de Tumaco y para quienes regían los destinos de la comunidad a todos los niveles. Se nombró una comitiva especial para recibir en las playas del Pacífico al hombre, al insigne educador. En calidad de representante del Consejo Municipal estaba don Eladio Polo Arias, acompañado de los señores Alejandro Najar, Francisco Juan Márquez, Moisés Escruceria Salinas y hermanos, Daniel Mallarino, Alcides Doat, el sacerdote Gerardo Larrahondo, don Gabriel Manzi Gallo, sus distinguidas esposas, medio centenar de estudiantes de la escuela pedagógica, igualmente hacían presencia distinguidos profesionales como Juan Evangelista Cruz, el señor Salomón Salazar, Pablo Bernardo Winnant y el profesor Carlos E. Silva, quienes serían sus inmediatos colaboradores en la escuela superior pedagógica que se llamaría luego Liceo Tumaco. Unos años después, el pedagogo alemán contraería nupcias con la hija mayor de don Francisco.

Francisco Márquez murió en 1926. En el cementerio de Tumaco se encontraba como vestigio de su poder y riqueza la gigantesca tumba de este hombre que lo tuvo todo. Había un monumento esculpido en mármol de Carrara, con la imagen de la virgen María y el niño Dios, acompañados de ángeles, como un mensaje subliminal para que el demonio lo dejara libre. Hace pocos años unos tataranietos acabaron con el mausoleo y construyeron paredes de ladrillos que venden como tumbas al por mayor y al detal. Al fallecer, la riqueza acumulada quedó en manos de sus herederos, y con el tiempo los bienes fueron vendidos a otras personas. ¿Realidad o ficción? ¿Faltó renovar el pacto con el diablo?

Cuando el soñador de navíos estuvo en Cabo Manglares

El escritor Álvaro Mutis narra en su novela “Abdul Bashur soñador de navíos” sobre la presencia de este personaje en el punto fronterizo:

“Para colmo, al buque Princess Boukhara en Guayaquil le sorprendió una huelga de operadores del puerto. Era la temporada que el rio Guayas se sale de su cauce, ocasionando esa siniestra plaga de gruesos insectos, parecidos a los grillos, pero más rollizos y lentos, que, huyendo de las aguas, invaden la ciudad, entran por la menor rendija a casas y hoteles y llegan a paralizar el tráfico. Las tripulaciones se ven obligadas a permanecer en los barcos y esto aumenta su irritación y su inconformidad.

El Princess Boukhara estuvo listo para partir después de tres días de faena para descargarlo. Su amigo Vincas comentó a Bashur que era aconsejable explicar a la tripulación que se dirigían a la desembocadura del rio Mira y que allí  permanecerían por algunos días. Le dijo que él ya había ido allá en un yate procedente de Panamá, que hacía un calor de todos los demonios, los zancudos te devoran día y noche, en medio de una desolación y una miseria inconcebibles. Cuando llegaron a Cabo Manglares en la desembocadura del rio Mira, en una mañana de sol que era el primero que veían después de tantas semanas de cielos grises y lluvias constantes, el Thorn estaba allí luciendo la esbeltez de sus líneas y el aire de aristocrática dignidad que le daban sus muchos años. El Princess Boukhara ancló al lado del airoso carguero que parecía abandonado. No se veía un alma a bordo. Abdul resolvió acercarse en la lancha para ver el buque más de cerca .Así lo hizo y cuando estaba a pocos metros del costado del Thorn, un negro obeso, a medio despertar, se asomó por la barandilla de la cubierta y en tono bastante áspero preguntó qué querían. Bashur le explicó que tenía noticias de que el barco estaba en venta y deseaba ponerse en comunicación con el dueño. El negro no respondió y de inmediato entró a su camarote donde debía estar la radio. Salió poco después y, con el mismo acento desabrido, explicó que el buque no se vendía. Bashur se le ocurrió preguntar si el dueño seguía siendo el señor Jaime Tirado, conocido como “El rompe espejos” porque destruía su imagen y la de los demás sin razón alguna. El vigilante cambió al instante. El hombre tornó a desaparecer y mucho después volvió para informarle que don Jaime vendría esa tarde para entrevistarse con él.

Su amigo Vincas que desde el barco siguió el dialogo con el vigilante del Thorn, le comentó: “Estos negros de la costa del Pacífico son así: huraños y taimados, pero temibles cuando se irritan”. Abdul Bashur que había ido hasta Cabo Manglares en búsqueda del carguero el Thorn, por sugerencia de su amigo Maqroll el Gaviero, tuvo que salir en estampida cuando conoció a Jaime Tirado, un personaje de alta peligrosidad que era capaz de todo, hasta de haber vendido su alma al propio diablo, pues decían los lugareños que no había hecho su fortuna exportando banano que era lo que más se cultivaba en dicha zona, y que ese dinero venía de algo que vale más y es difícil de conseguir. Además, se percató que dicho buque varado lo podía adquirir sòlo si lograba llevarlo remolcado con un cargamento raro en sus bodegas hasta Panamá, y que luego de repararlo en un astillero local, tendría que hacer tres viajes más, para poder quedarse con el Thor”.

Hoy por hoy, en el Pacifico sur hay otro tipo de diablos que proporcionan dinero y poder en grandes cantidades. Pero, mejor dejémoslos quietos.

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