Paz, desarrollo y derechos humanos.

Por: María Alejandra Muñoz

La positivización y creación de órganos de derechos humanos da cuenta de los conflictos y preocupación – cualquiera que sea- que ha surgido dentro de los estados y entre estados, como menciona Izquierdo (2007) “el mundo actual se mueve entre dos paradojas: la búsqueda y anhelo de una cultura de paz basada en el fomento de la democracia, el desarrollo y los derechos humanos, o la proliferación de conflictos armados internos” (p. 157).

Los derechos humanos nacen del tránsito del constitucionalismo -de las constituciones internas-, y aunque por siglos no estuvieron positivizados, los ciudadanos(as) cuentan con derechos y obligaciones inherentes, que abarcan todos los aspectos del plan de vida de las personas, en escenarios de garantías y respeto por la dignidad humana, en libertad e igualdad, no obstante, su reconocimiento, depende de los estados, constituciones y la aprobación de tratados internacionales.

La Carta constitutiva de las Naciones Unidas (1945), creada después de la segunda guerra mundial, priorizó la solución de problemas económicos, sociales y culturales, y el respeto y desarrollo de los derechos humanos y libertades fundamentales sin ninguna distinción, no obstante, como indica Naciones Unidas, en la actualidad, los países han fomentado el desarrollo desde las oportunidades y prosperidad económica, el bienestar social y la protección del medio ambiente.

De este modo, el desarrollo tendrá su conjetura de acuerdo con la época, sin excepcionar el contexto de cada estado, pues, mientras algunos países lucharon y ganaron derechos y libertades y actúan enfatizados en el progreso económico, otros, aún enfrentan el desconocimiento de libertades fundamentales y contienden por su reivindicación, utilizando la guerra como mecanismo.

Pero, además, el desarrollo puede concebirse como:

Un proceso de expansión de las libertades reales de que disfrutan los individuos. El hecho de que centremos la atención en las libertades humanas contrasta con las visiones más estrictas del desarrollo, como su identificación con el crecimiento del producto nacional bruto, con el aumento de las rentas personales, con la industrialización, con los avances tecnológicos o con la modernización social (Sen,2000, p. 11).

La evolución histórica de paz y derechos humanos han corrido suerte de los conflictos y guerras internas o internacionales, inicialmente fueron tomadas como ausencia de violencia, luego, se ven estrechamente relacionadas con la economía y el desarrollo.

Aunque algunos países han transitado en la guerra, llegaron a periodos de paz pero con profundas crisis, frente a lo cual, buscaron mecanismos y alianzas para generar progreso, pues es claro que, la guerra trae recesión social, política y económica.

Empero, en el marco internacional, la traslación de guerra a la solución de conflictos en el Sistema Universal de Derechos Humanos advierte el interés de paz, que, sin duda, enmarca un provecho político y económico, consumado en el desarrollo de los estados y la colaboración, como expone Keynes, la paz debe ayudar a la reconstrucción económica, la recuperación de los países afectados en guerra, tranquilizar la tensión y crear esperanza.

Pues bien, las guerras, su gasto presupuestal y humano, generan pobreza, atraso y desigualdad, Vela (2019) indica que “en palabras de Samuelson, de Amartya Sen, de Paul Collier y las agencias especializadas de Naciones Unidas, el hambre solo se puede explicar si se consideran las relaciones entre la pobreza, el subdesarrollo, la violencia y los conflictos armados internos” (p. 45).

Al contrario, la paz genera progreso, ergo, invertir presupuesto en planes, proyectos y programas como educación, ciencia, salud, infraestructura, entre otros, genera productividad y garantía de derechos humanos, contrario al sistema y consecuencias de la guerra. De ahí que, el logro de la paz consigna la eliminación de las desigualdades económicas y la exclusión de la carencia de desarrollo.

En este sentido, es preciso indicar:

La lucha a favor de los derechos humanos y la paz, demuestran convincentemente que, desempeñan un papel fundamental en el logro de la dignidad humana y el desarrollo para todos. La pobreza extrema, la disparidad económica y la carencia del desarrollo básico son indiscutiblemente las fuentes del sufrimiento en el planeta. Son también, quizás, los obstáculos existentes más grandes para ultimar la realización de los derechos humanos fundamentales para todos (Lee, 2000, p. 748).

Y es que ser estado parte del Sistema de Derechos Humanos y ratificar un tratado internacional, no significa paz, desarrollo y respeto a los derechos humanos en los territorios, pero, como indica Izquierdo (2007) “la falta de desarrollo no puede invocarse para justificar la ausencia de derechos humanos universalmente reconocidos” (p. 157).

Es evidente que, algunos estados acatan tratados como protocolos de reglas en un falso bienestar, mientras otros, los violan sin ninguna discusión e importancia, orientados en el autoritarismo y centralismo, sin cuestionar la adicción de poder y los actos ensimismados que generan desigualdad, en este sentido, es pertinente mencionar lo que indica Vela (2019) “la dignidad humana, pese al desarrollo de la ciencia moderna, ha seguido sometida a las dinámicas del poder porque la perspectiva epistemológica del positivismo que impone la neutralidad axiológica ha prevalecido en la construcción del discurso científico” (p. 39).

El Gobierno Colombiano, por ejemplo, ha indicado que:

Los derechos humanos definen las relaciones entre los individuos y las estructuras de poder, especialmente en el Estado. Delimitan el poder del Estado y al mismo tiempo, exigen que adopte medidas positivas que garanticen condiciones en las que todas las personas puedan disfrutar de sus derechos humanos (Gobierno de Colombia, 2014, p. 11).

Sin embargo, a pesar de esta, otras declaraciones y la ratificación de tratados internacionales en el bloque de constitucionalidad, Colombia ha profundizado en la seguridad nacional, la guerra, la soberanía nacional y el efecto de violencia, y hoy solo queda el temor y la desconfianza entre la población.

El autoritarismo político y la jerarquización social que caracterizan los países latinoamericanos, y como lo señala Vela:

Son prácticas político-económicas propias de la sociedad señorial similares al soberanismo y el capitalismo del orden global, es pertinente que exista un debate de la herencia colonial y la explicación de su promulgación, pues está fundado en la tenencia de la tierra y la explotación de materias primas y el derecho internacional clásico; y es que hay muchos condenados que han creído en una verdad de una mentira bien hecha.

En efecto, el proceso de globalización que promovió un agotamiento de la democracia y que propició el desmonte de los logros alcanzados por los movimientos sociales, tuvo un impacto mayor en las países de la periferia porque, como ocurrió en América Latina, los Estados entraron en una dinámica social promovida por el desmonte de las políticas sociales y por las desigualdades que se derivan de la internacionalización de la economía de mercado que resultó opuesta a los compromisos que habían adquirido para garantizar los derechos humanos y para construir un modelo de desarrollo más incluyente y equitativo (Vela, 2019, p.p. 66-67-76).

De esta manera, la guerra, la política y economía, sistemas organizados, influyen desde el presupuesto particular, a lo que comemos y consumimos, al bus que montamos y el trabajo que tenemos, inequívocamente son inseparables pero independientes, con propósitos según de quien los gobierna, que pueden ser utilizados para la destrucción o la producción, reflejados en el desarrollo de cada país, y es ahí donde se distingue los estados desarrollados y subdesarrollados.

En ese aspecto, “la internacionalización de la economía de mercado, dice MacEwan, agudiza la crítica situación de los países en vías de desarrollo que tienen economías más inestables y, en consecuencia, acentúa las herencias del colonialismo” (Vela, 2019, p. 76).

Aunado a ello, la paz, causa y consecuencia de la política y la economía, o viceversa, y la combinación de las tres que resulta en el desarrollo, apremia la construcción de instituciones con ámbitos de actuación para la construcción y ejecución de políticas públicas, con el objeto de acceder a los derechos y libertades fundamentales sin distinción alguna, así como lo señala la Declaración de Derechos Humanos Emergentes que reconoce “la indivisibilidad e interdependencia y la indispensable articulación entre derechos humanos, paz, desarrollo y democracia” (Gobierno de Colombia, 2014, p. 66).

Kant (1979), el padre del idealismo, manifiesta que, para alcanzar la paz, es preciso establecer “una federación de pueblos que, mantenida y extendida sin cesar, evite las guerras y ponga freno a las tendencias perversas e injustas” (p. 227).

“Se trata, en consecuencia, de un análisis del deber ser, esto es, se trata de un análisis que no excluye los valores como la cooperación y la solidaridad porque solo de esa manera puede superarse la interdependencia y pasar a la multilateralidad” (Vela, 2019, p. 136).

Este idealismo es concluyente con el origen del Sistema de Derechos Humanos, la unión de naciones con objetivos comunes y logros hacia la paz, mantenidos en el apoyo y colaboración humana, técnica, administrativa y económica, pero, truncada y frustrada en el interior de países en conflicto, quienes no evitan la guerra, invierten en ella, pues el soberanismo y capitalismo clásico los absorta en intereses individualistas, a tal punto de actuar de forma perversa y egoísta, con tendencias injustas como el asesinato de los enemigos internos, que hacen parte del pueblo y bregan por la paz.

La estrategia de crear normas de soberanía de la nación, la militarización y los objetivos nacionales de destruir a los enemigos internos, una guerra permanente, que han optado los países pobres y subdesarrollados, sin pensar y sentir en el atraso interdisciplinario de un territorio, no impulsa ninguna política que beneficie el desarrollo, “se puede colegir que la construcción de la paz en el mundo no puede considerarse, como dice Weber, como un asunto de los políticos y de los militares”  (Vela, 2019, p. 137).

Gastar la mayoría de presupuesto en material de guerra para defender y mantener el orden y la unidad de la nación, a costa del dinero, la vida, la libertad y el bienestar de los ciudadanos, es, sin pensarlo, una violación a los derechos humanos, que, como ya se ha mencionado, podrían ser invertidos en la academia y la ciencia, u otra política para el desarrollo, ha pesado más la voluntad política, sin buen gobierno y los propósitos de unos pocos.

De esta manera, es menester mencionar:

Parece igualmente claro que las condiciones materiales dentro de las sociedades sirven frecuentemente como el catalizador del ejercicio abusivo del poder autoritario y de las prioridades gubernamentales equivocadas que comprometen los recursos de naciones pobres en la medida en que sigue aumentando la militarización. El conflicto armado y la distensión civil interna, arraigados en las luchas sociales y el poder político sobre los aspectos materiales de la vida, son catalizadores poderosos e innegables de las violaciones de los derechos humanos (Lee, 2000, p. 748).

La federación de pueblos y líderes sociales no pueden ser destruidos y oprimidos por las expresiones de violencia directa gracias a la existencia de mecanismos institucionalizados, “no puede haber paz sin seguridad, no hay seguridad sin paz, no hay derechos humanos sin paz y no hay paz sin derechos humanos” (Lee, 2000, p. 746).

Y es que, por otro lado, según Lee:

Una preocupación que se repite y que surgió durante el symposio es que la comunidad internacional no ha podido identificar y responder adecuadamente a las causas de las sistemáticas violaciones de los derechos humanos. Es profundamente irónico que el incremento dramático de la conciencia sobre los derechos humanos entre los gobiernos no ha sido acompañado por mejoras semejantemente dramáticas en las vidas de la mayoría de la gente (Lee, 2000, p. 747).

En consecuencia, las acciones internacionales realizadas son insuficientes.

Mas que un enfoque teórico del derecho internacional y el de derechos humanos, primero, se debe apoyar y actuar dentro de los estados internos, pues “una realidad, por supuesto, es que el conflicto armado es quizás la única y la más grande fuente de violaciones de derechos humanos” Lee, 2000, p. 747).

Inicialmente, dar un giro del pensamiento colonial y autoritarista de las actuales y nuevas generaciones, conociendo el poder de la democracia y las instituciones, a sabiendas que, se debe ir en contra del sistema jerárquico que ha tomado el poder por años, en especie de bipartidismo.

Se debe aleccionar un proceso de progreso, de justicia y respeto mutuo, desde la estructuración e inversión en instituciones que ejecuten políticas públicas, donde los ciudadanos encuentren la paz como requisito del ejercicio de los derechos humanos y la democracia.

A este respecto, cabe destacar:

Puede afirmarse que un gobierno democrático será aquel que ayude a garantizar los derechos políticos, a proteger las libertades económicas, a crear un clima en el que puedan florecer la paz y el desarrollo y, por ende, en donde puedan existir y se protejan los derechos humanos (Izquierdo, 2007, p. 157).

Contribuir a la paz es ayudar al desarrollo equilibrado y la protección y garantía de los derechos humanos, y en consecuencia, al bienestar interno de los estados y el internacional, deben estar motivados por la realidad y gravedad de los conflictos internos y las violaciones sistemáticas de los derechos que han estado activos durante décadas.

A pesar de la falta de buenos gobiernos en estados en conflicto, las políticas absolutistas e individualistas y el escaso análisis del verdadero progreso, existen avances en la garantía y el reconocimiento de los derechos humanos, aunque no palpables e insuficientes, y en ocasiones concurrentes en el retroceso, siendo transversal la creación e inversión en instituciones, políticas y planes interdisciplinares que generen paz y desarrollo y en consecuencia la garantía de derechos humanos.

Bibliografía

Gobierno de Colombia. (2014). Derechos Humanos Para una Cultura de Paz y Reconciliación. http://www.derechoshumanos.gov.co/observatorio/publicaciones/Documents/2017/170213-Modulos-SENA-web.pdf

Izquierdo, M. (2007). Por una Cultura de Paz. México.

Kant, I. (1979). La paz perpetua, 2ª. ed., Madrid, Espasa Calpe.

Lee, D. (2000). Derechos Humanos y Desarrollo en el Siglo Veintiuno: el Camino Complejo Hacia la Paz y la Democracia: Temas de dos Seminarios Goodwin.

Naciones Unidas. Desarrollo. https://www.un.org/es/sections/what-we-do/promote-sustainable-development/

Sen, A. (2000). Desarrollo y Libertad.

Vela, B. (2019). Poder, Hegemonía y Periferia. Una Aproximación Crítica al Derecho Internacional. Universidad Externado de Colombia. 2019.

Wiki OEI Nebrija. Las consecuencias económicas de la paz, de J.M. Keynes. https://sites.google.com/site/wikioeinebrija/las-consecuencias-economicas-de-la-paz-de-j-m-keynes

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