Pelea de generales

La controversia

 Gabriel García Márquez representó para la nueva generación de escritores el modelo preciso a seguir que los sacó del bucólico paraíso de “María”, y encasilló a todos en el mundo fantástico de Macondo. El novelista de Aracataca tuvo la pluma de Midas que convirtió en pesos lo que dejó plasmado en el papel, y fue un fuera de serie que a todos puso a polemizar sobre lo que él escribió. Pero, todo ello no implica que  estuviese exento del sadismo de buscadores de gazapos, a las contradicciones con miembros de la Academia de Historia, o a la cacheteada “vargasllosiana” por piropear a la mujer ajena.

Los periodistas colombianos han destilado tinta brava por intermedio de columnistas trascendentales, heridos en su razón “cachaca” de ser, porque Gabo en su novela “El general en su laberinto” les dijo hipócritas a través del pensamiento de general Simón Bolívar y, no soportaron que en el libro el autor ignoró al general Francisco de Paula Santander por no tener el espíritu desabrochado de los generales venezolanos José Antonio Páez Páez y Juan José Flores, y además porque el escritor juró vengarse creando una nueva Academia Nacional de Historia y les dijo: “Voy a organizar un grupo de historiadores jóvenes, no contaminados, para tratar de escribir la verdadera historia de Colombia (no la historia oficial), para que nos cuenten en un solo tomo cómo es este país y para que el resultado se lea como una novela”

El mensaje de Gabo

De igual manera, hay lectores apasionados que creyeron a “pies juntillas” todo el endiosamiento que hizo del general Bolívar, en un libro que pareciera que los sucesos de ese entonces cobraran actualidad comparados con algunos personajes nacionales de hoy, si no veamos la similitud:

Dijo Gabo que cuando el Libertador supo que no había sido reelegido para la presidencia de La Nueva Granada, preguntó: ¿“Ni un solo voto por mí? ¿Ni uno solo? Luego la historia se repitió con Alfonso López Michelsen, quien de forma paradójica fue uno de los primeros en leer los originales de este libro, y que de igual manera el día que no fue reelecto a la presidencia de Colombia, preguntó: “¿Qué se hicieron los votos de la Costa?”.

    En las primeras páginas de “El general en su laberinto”, el asalto de un grupo de santanderistas se describe igual a como fue difundida por los medios de comunicación la noticia de la toma del Palacio de Justicia, que buscaba un juicio público contra el presidente Belisario Betancur. Dice la novela: “Los estudiantes del colegio de San Bartolomé se habían tomado por asalto las oficinas de la Corte Suprema de Justicia para forzar un juicio público contra el general, y habían destrozado a bayoneta y tirado por el balcón un retrato suyo de tamaño natural, pintado al óleo por un antiguo abanderado del ejército conservador”. La analogía de esta acción contra Bolívar con la toma del M-19, una guerrilla bolivariana, es una de las claves del mensaje de la novela. Este mensaje nos muestra que la violencia política que nos fundó y caracteriza es contradictoria por esencia. Esto además comprueba que el diálogo que proponía “El general en su laberinto” tenía que ver con la realidad del presente, acción que se vio cristalizada en parte con la firma del acuerdo de paz entre el presidente Juan Manuel Santos y el grupo guerrillero de las Farc.

En otros pasajes de la novela, narró el escritor en tercera persona valiéndose de las expresiones de los soldados de la fuerzas patriotas: “Era Bolívar un ser invulnerable porque se paseaba por la línea de fuego y no le cruzaba bala alguna”. Vemos como García Márquez utilizó la ficción para fantasear con un ser de carne y hueso, que se salvó de morir por estar en la retaguardia de la batalla, en la línea de los pensantes y, no en la de los actuantes como Santander quien ganó con méritos la batalla de Boyacá.

 Algún militar de esa época decía que un buen estratega nunca se debía colocar más allá del quinto frente, términos logísticos que llevados a la práctica fueron y siguen siendo ciertos, sino esculquemos la historia bélica para contar cuántos generales murieron en batallas. De allí mi apreciación sobre Bolívar, y que posiblemente no estoy errado, al decir que nunca estuvo peleando “tu a tu” en la contienda. Además, tenía el ejercito patriota una legión de “frenteros” como el general Juan José Rondón, el general José María Córdova, el general irlandés Daniel Florencio O’Leary, el general prusiano Federico D`Croz, y el poco apreciado “General Casandro” como llamaba de forma peyorativa a Santander; aguerridos militares quienes guiaron a los soldados para que con lanzas, caballos y escopetas, ganaran las batallas planificadas por el Libertador. Ya bien dijo el general Bolívar: “No había victoria mayor que la de estar vivo”.

Tenían mucho odio

 Ha servido entre otras cosas la novela “El general en su laberinto” para mandar a un rincón olvidado al general Francisco de Paula Santander. Ya veo a muchos gozar en su interior bolivariano por la indiferencia con que Gabo “sin querer queriendo” lo ubicó en la gesta de la independencia. La rivalidad entre estos dos hombres de ese talante tenía que darse; el destino no podía interceder para que ellos dos forjaran las bases ideológicas de lo que hasta hace poco tiempo fueron los gloriosos partidos Liberal y Conservador. Son muy raros los historiadores que se han atrevido a revelar las zancadillas y cortinas de humo que ponían los militares venezolanos Sucre, Páez y Flores para evitar que Santander gozara de los afectos de Bolívar.                                                       Fue tanta el odio entre ellos, que Bolívar se soñaba con Santander viéndolo en las peores condiciones: “Lo vi con un libro abierto sobre la panza redonda, pero en vez de leerlo le arrancaba las páginas y se las comía una por una”. Otra noche tuvo esta pesadilla:”Mientras almorzábamos juntos, Santander se había sacado las bolas de los ojos que le estorbaban para comer, y las había puesto sobre la mesa”. Y en otra horrible noche de las muchas que tuvo Bolívar: “Estaba cubierto por completo de cucarachas”.

Lo que ganó el Pacifico con esta rivalidad

En medio de este conflicto de poderes, tenía que haber un ganador, y éste fue el Pacifico sur. Podemos resaltar las actividades que hizo el general Santander aprovechando “la paloma presidencial” que le dio Bolívar cuando se fue a “batallar” al Perú: Convino los linderos con Esmeraldas. Ecuador segregando al puerto de Tumaco, cuyos límites quedarían más tarde en el rio Mataje, hasta donde se extendió prácticamente la Provincia de Buenaventura, creada por el propio Santander en 1823,con los cantones de Raposo, Micay, Iscuandè, Barbacoas y Tumaco, estableciendo la capital de la provincia en la Villa de Iscuandè.

En 1827, por Decreto 389 del 26  de Julio, declaró el general Santander a Buenaventura como Puerto Libre y Franco por espacio de 30 años, y concedió el derecho de propiedad de la tierra a las personas que edificaran en la Isla de Cascajal. Pero la rivalidad manifiesta entre el presidente y el vicepresidente de la Gran Colombia, hizo que Bolívar el 24 de Diciembre de 1829 declarase subsistente el decreto 389, pero, dio a Buenaventura el titulo de Villa, exigiéndola como residencia de Cantón cuyo primer gobernador fue el general Tomás Cipriano de Mosquera.

Investido de tal cargo, Mosquera en desacuerdo con Santander y por convenio con Flores, en ese entonces presidente del Ecuador, entregó a Tumaco al país vecino en 1836. Más tarde, el puerto de Tumaco pasó otra vez a Colombia, y la parroquia que dependía de Quito formarìa parte de la diócesis de Popayán.

Vemos pues, con estas anécdotas sucedidas en el Pacifico, la marcada disputa sostenida entre esos dos colosos, y que con el libro “El general en su laberinto” volvió a revivirse. Debemos reconocer la visión que tuvo Santander de unirnos a los pueblos del Pacifico sur en un solo entorno político y geográfico, aspecto que hoy se pretende volver realidad en un solo departamento ante la indiferencia de la clase política y gubernamental de Pasto y Bogotá.

Si en lugar de pelear…

 Lo que hizo Gabo con su novela fue un llamado continental al diálogo a partir de una reflexión sobre la vanidad del poder. Sin embargo, ese llamado no fue del todo advertido, pues “El general en su laberinto” ha sido objeto de polémicas sesgadas. Para muchos, esa postura es bolivarista con la tendencia de muchos académicos a ver en la novela histórica de Gabo una idealización del Libertador y un ataque a sus enemigos y al centralismo bogotano. Otros, en cambio, vieron en “El general en su laberinto” una desmitificación y una parodia de Bolívar que levantó las protestas de los bolivaristas de toda América.

Así que esta novela es un enigma que nadie ha podido descifrar. El hallazgo de la novela es la complejidad del liderazgo político. Ese liderazgo que solo busca el poder y la gloria. Pero ese hallazgo enorme de “El general en su laberinto” se debe a una estrategia narrativa: el autoexamen de un hombre que agoniza.

Al final de una vida turbulenta, Bolívar va y viene entre la decadencia física y la lucidez mental. Está en el límite de sus capacidades y puede verlo todo con una claridad que no tiene ninguna de las personas que lo rodean. Ahora bien, esa claridad es deprimente. Así que la novela toma partido por un Bolívar deshecho que es el producto de una existencia a la vez brillante y frustrada.

Pero, por otro lado, Gabriel García Márquez hace su llamado a la unidad continental desde una derrota humana que logra advertir los errores del héroe en su pasado. Lo más admirable es que este llamado al diálogo está expresado por la voz del Bolívar cuando dice: “El no habernos compuesto con Santander nos ha perdido a todos”…

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