¿Pirámides o inmobiliarias?

Con profunda preocupación muchos sectores de la economía local y regional observan la aparición de una especie de “Pirámides Inmobiliarias” que ofrecen paquetes financieros, administrativos, prestamos hipotecarios y soluciones “integrales” a las necesidades de vivienda y locales comerciales.  Operan en el Suroccidente colombiano abarcando regiones de Nariño y del Valle captando la atención de numerosos propietarios de bienes inmuebles que son seducidos por las aparentes ventajas de entregar en administración sus propiedades a estos grupos inmobiliarios y financieros que prometen jugosas  y seguras ganancias como socios o participes del rentable negocio.

El asunto es sencillo y novedoso, usted firma un contrato con una de estas empresas para que en su nombre y representación administren en forma exclusiva su propiedad, algunas firmas lo expresan abiertamente en el documento que se suscribe por ambas partes, el propietario “confiere un poder especial a la “gestora inmobiliaria”, para que de forma exclusiva administre de la manera que considere oportuno con el ánimo de entregar una rentabilidad mensual que supera el promedio del mercado.  Es decir que el propietario recibirá una especie de ganancia adicional o bono económico como parte de las negociaciones realizadas o efectuadas con su bien inmueble que  generaron una ganancia o rentabilidad. En consecuencia si usted como propietario recibía como producto del canon de arrendamiento un millón de pesos, con la renta obtenida y las negociaciones realizadas, más esa especie de bono que por lo general se pacta en un 2% obtendrá un valor mayor y aproximado al millón y medio.  Jugoso negocio dirán los incautos “socios”  que entregaron su propiedad sin saber  o conocer el verdadero origen de los recursos obtenidos.

A muchos les ha pasado que en la misma inmobiliaria les ofrecen un “paquetazo” inversionista difícil de rechazar. Va usted en busca de un inmueble para arrendar, pero el gestor inmobiliario le ofrece un préstamo de fácil diligenciamiento, a bajos recursos y con mínimas condiciones.  Con ese dinero usted puede anticresar una casa o un apartamento y al mismo tiempo obtener una ganancia que le permite pensar que el préstamo se “pagará solito”, se convierte usted, de la noche a la mañana en un socio inversionista que sin un mover un dedo  y gracias a la diligencia y conocimientos del gestor inmobiliario  obtendrá una utilidad mensual del 2% del valor del contrato”, y como si eso no fuera poco o suficiente la amable gestora “aporta” sus servicios financieros y todos los conocimientos y capacidades, conexiones comerciales y crédito personal para la consecución de utilidades y de los respectivos rendimientos empresariales…” .

Ante tanta generosidad financiera el mandante o propietario no cae en cuenta que su bien inmueble puede caer en manos inescrupulosas y oscuras por cuanto el mandatario se otorga el derecho de “Celebrar el contrato de conveniencia bajo las garantías y manejo que a su juicio sean oportunas, efectuando las cesiones que se ameriten…”. Fácilmente su propiedad puede terminar siendo administrada por un grupo empresarial que usted ni conoce, ni mucho menos  ha facultado para manejarlo y obtener de él renta alguna.

A muchos ha pasado que el bien inmueble de su propiedad que creía arrendada se encuentra anticresada o enajenada  sin que nadie ofrezca las explicaciones del caso debidamente.  Se cae entonces en largos y sinuosos pleitos judiciales por demostrar la propiedad de ese bien o acreedores antricreticos que puedan perder su dinero.

Es valida la pregunta que nos formulan algunos expertos y conocedores del tema, ¿Quién o quienes se ocultan tras estas fachadas inmobiliarias? ¿Qué negocios se financian con estos recursos? ¿En caso de “malas inversiones” financieras, cómo se recuperarán las propiedades anticresadas? Acaso estamos ad-portas de un nuevo descalabro económico que nos deje tan mal parados como ocurrió en nuestra región con comercializadoras y financieras como D.R.F.E.

Las autoridades competentes tienen la obligación de iniciar una investigación exhaustiva al respecto, ofrecer las explicaciones pertinentes y, sobre todo, prevenir este tipo de actuaciones que ponen en graves y delicados aprietos a los incautos inversores y presuntos beneficiarios de préstamos y otras bagatelas financieras. No está por demás formular un llamado de atención a propietarios de bienes inmuebles para que se asesoren antes de firmar cualquier tipo de contrato y que acudan a las oficinas de inmobiliarias reconocidas y de trayectoria en nuestra región. Las ganancias fáciles terminan siendo cuentas grandes por pagar.

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