Poeta de la Guayacana-Tumaco, Carlos Palma Urbano, es El Personaje 10 del día

Carlos Palma Urbano, un poeta Campesino

En los múltiples recorridos que hice por la vía que de Tumaco conduce a la sierra, pasando por la Guayacana, pensé siempre en ese hermoso rincón de nuestro Pacifico donde vive el poeta Carlos Palma Urbano. No podía ser otro su apellido, ahí crece bajo el calor de ese sol abrazador, vivificado por las aguas del rio Mira que va marcando el curso y el derrotero de pueblos míticos que se han asentado milenariamente en sus fértiles orillas, como fértil es su pluma y su palabra.

“A mí nadie me conoce en mi pueblo”, me repetía insistentemente mientras caminábamos por las calles de Tumaco. Pero no era una voz de reclamo, sino la claridad de auto ponerse la máscara del anonimato, pero aún más, el querer mostrar la ignorancia de quienes lo rodean, cuando ésta pareciera ser, más que una política de Estado, una sumisión que recuerda las épocas de vasallaje. Esa expresión recoge una fuerte crítica social, pero asimilada desde su quehacer de creador, superando las banalidades promeseras de quienes cada dos años aparecen por estos territorios, y por otros, prometiendo el cielo y la tierra, siendo amancebados por sus propias víctimas cuando reciben y agasajan a estos politicastros, siempre foráneos, sin lugar fijo y con la promesera a flor de labios.

Carlos Palma Urbano vive una vida sencilla. Sale a la ciudad cuando sus deberes lo obligan. Prefiere la calma de la vereda, donde el tiempo parece ir frenado y donde no hay que marcar más derrotero que el de vivir para escribir.

Carlos Palma Urbano tiene las cualidades de los campesinos de antes. Es serio en el hablar y parco en sus costumbres. La sinceridad es su más fiel característica, por eso muchos le rehúyen cuando lo ven venir, no soportan que alguien les diga unas cuantas verdades. Huye a las vanidades, detesta los embelesos de las adulaciones, mucho más de aquellos quienes se auto proclaman y auto elogian, esos, esos no los soporta.

Sus poemas aparecen en revistas y libros de varios lugares, La Revista Awasca de la Universidad de Nariño, la Antología de poesía Nubes Verdes, el afamado periódico virtual Con-Fabulación, por solo mencionar algunos. Es poseedor de una palabra singlar, su poesía es profunda, arranca desde sus entrañas para verter su grito por entre los espacios que dejan los planetas, como ese viento que corre por entre las palmeras que abundan en su territorio.

Los festivales y encuentros de poetas lo tienen relegado, se hace con él lo que tradicionalmente hacemos con nuestros campesinos, los utilizamos, nos alimentamos de su trabajo, y luego corremos a los supermercados para abastecernos de lo que nos venden los medios de des-información; hacemos a un lado la palabra límpida y entitiva que sale de sus entrañas, para buscar en los escaparates de las librerías los best seller de la literatura bien llamada chatarra, ¿acaso no están éstos al lado de la comida así llamada, los paquetones llenos de aire y de plástico?

Como quisiéramos tener en nuestra biblioteca un libro con la obra de Carlos Palma Urbano. Él, generosamente, me ha confiado la misión de buscar un editor, pero no hay, no encuentro una persona o un grupo de personas que le apuesten a la buena poesía. Metidos en el abismo del capital, todos buscan su ganancia o su tajada. Y ni que decir de los entes encargados de la cultura y de la difusión del libro, ahí no tienen cabida los poetas campesinos, los poetas desconocidos; para ser publicado ahí, hay que ir al coctel, buscarse una medallita, aunque sea la de la primera comunión, y condecorar a alguien; ahí hay que hablar posmodernamente y posar como intelectual, desempolvar la boina y la pipa, y posar como un maniquí; ahí hay que entablar amistad, así sea hipócritamente, con quienes regentan el papel de la cultura, dedicarles por lo menos un poema, cuando no un libro, y alabarlos, alabarlos hasta formar otra babel.

Mientras tanto, Carlos Palma Urbano sigue en la Guayacana, esperando, como el Coronel de Gabo, que le llegue la invitación para un recital, para un encuentro de poetas, con la dignidad que se merece quien ha tomado a la poesía como un verdadero oficio. Está escribiendo, desaforada pero limpiamente, corrigiéndose y reinventándose sin renunciar a la esencia encontrada. Ahí está, embriagado por sus pasiones y sus soledades. Esperemos que pronto, muy pronto, tengamos en nuestra biblioteca un libro con la obra del poeta campesino, Carlos Palma Urbano.

Primera confesión

No sé cuándo no como

La poesía llego a buscarme

Más,

Tras un largo sueño

Y en la intuición

Lejana de una estrella

Y entonces,

Como un lucero asustado,

Caí sin saber,

Como,

Ni cuándo,

Ni por qué,

Ni donde,

Y de pronto

Sentí profetizar los sentimientos

Y aún más:

Mirar en donde solo pocos miran!

Pacto

No voy a alterar en la memoria

El inventario de los sueños,

Ni en el cuerpo,

La frágil caricia que trajo el viento

Alguna noche de verano.

No escogeré

Ni la lluvia ni el sol,

Entraré como vine

Por una inmensa puerta

Sin aldabas ni bisagras.

Me expondré a la intemperie que dejan las palabras

Cuando no dicen nada

Porqué aún hay gorriones en las ramas.

Tornaré finito lo invisible

Y caminaré sobre las piedras

Para probar los cimientos

Que calcinó el olvido.

Te entregaré mis manos silenciosas

Para que aun así, disperses,

Horaden tu piel

Y te estremezcan en otro amanecer

Y no haya prisa ni vacíos

Y el tiempo no tenga tiempo

Y el deseo, sea más deseo

Porque esta nueva pesadilla

¡Solo a mí,

A mí,

Me pertenece!

Cada tarde

Mi alma como un libro

Se abre cada tarde,

Y cada tarde grita

Mi alma como un libro.

La angustia temblorosa,

Agita mi letargo

Y mis inviernos llueven

Como un libro en las tardes

Te nombro y me estremezco

Por estar siempre triste,

Ah, mi honda tristeza,

Ah, mi tristeza de mar!

Tengo un dolor inmenso

Cuando muere la tarde,

Y cuando se cierra un libro,

Parezco fallecer.

Voy sembrando palabras,

Borrando cicatrices

De un tiempo desmedido.

Voy diluyendo espacios

Con temblorosas manos.

Mi alma como un libro.

Se abre cada tarde

Y cada tarde grita

Mi alma como un libro.

Los personajes 10 del día son ciudadanas y ciudadanos que trabajan por un mejor Nariño, desde diferentes sectores de la sociedad. Con esto se quiere reconocer su esfuerzo, compromiso, dedicación y sentido de pertenencia con la región.

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