Poeta romántico del sur, Luis Felipe de la Rosa, es el Personaje 10 del día.

Por: Enrique Herrera Enríquez

El poeta pastuso Luis Felipe de la Rosa, había salido exiliado hacia el sur del continente por la persecución de los conservadores y la alta jerarquía eclesiástica. Estando en el puerto de Valparaiso en Chile, recuerda a Pasto y su gente, y escribe este bello poema que hace parte del libro de mi autoria: «Luis Felipe de la Rosa, el poeta romántico del sur»

Zarza Roja

Luis Felipe de La Rosa.

¡Caravana del dolor!… Taciturnas golondrinas

que arribáis a los peñones de las márgenes marinas

con el ala desgarrada por el ábrego polar,

si pasasteis por la villa que trazó Lorenzo Aldana

bajo el cielo más hermoso de la tierra americana

¿qué vocablo percibisteis en el muro de mi hogar?

Una noche, ya borrosa, de callado novilunio,

por recóndito anatema que pesara en mi infortunio,

me perdí en las soledades de la cruda proscripción…

¡Desde entonces, aves trémulas, en el alma, desde entonces

vengo oyendo los plañidos incesantes de unos bronces,

duros, sordos, largos, lentos… ¡Son plegarias de panteón!

Yo también, como vosotras, fatigado aventurero

que pasea por el mundo la clorosis de Ahsevero,

he temblado. ..y he sufrido lo que lengua no dirá.

¡En las bárbaras arenas de la ruta de mi vida

no hay abrojo que no sepa de mi planta dolorida!

Compañeras emigrantes nuestra suerte ¿dónde está?

Si llegasteis a mi valle, una tarde de verano,

si dormisteis en la torre de su templo franciscano,

si en mi calle suspirasteis, al gemir de un rondador;

si sentisteis la dulzura del jilguero en la alcaparra,

si una cantiga escuchasteis, al compás de una guitarra,

¿qué trajeron vuestras alas para el mustio rimador?

Y ¿qué visteis en el patio de mi vieja casa umbrosa ?

¿Reverdece todavía, con la grata malvarrosa,

el naranjo, que mi padre cultivaba con afán?

¿Canta aún en sus ramajes olorosos el carillo

que en la calma de otro tiempo me enseñaba el caramilo?…

¡Frondas, tintes, aves, frutos, que mis ojos no verán!

¡Oh, mis años de bohemia…! ¡Turbia época insensata!

¡Adorada que embrujaste mis crisálidas de plata!

¡Cantinero que me diste agrio zumo en tu alcohol!…

¡Claro valle del Galeras extendido en mi amargura,

¡Tierra, tierra que miraste mi noctámbula figura,

desdeñada y abatida, bajo el rayo de un farol!…

¡Quién pudiera en este día de abrasado sentimiento

recorrer los horizontes como el águila y el viento!

¡Quién pudiera en un instante a la patria regresar!

Golondrinas, la distancia, la penumbra de la ausencia,

los azares, la injusticia, el rigor de la existencia,

si a sufrir me han amoldado, no me inducen a olvidar!

Frescas yacen en las cajas de la bóveda que escondo

aquí dentro… muy oscuro, muy horrible, muy al fondo,

las reliquias que me quedan de una huella de pavor…

yo las beso con ternura, las abrigo con mis rosas

y mis lilas, enguirnaldo con mi musgo sus baldosas

y sus sombras ilumino con mi lámpara de amor.

Cuando el tedio de las horas en mi cuarto me encarcela,

cuando el rostro de mi madre en la sien se me revela,

cuando aúlla en el silencio la espantosa adversidad… ;

cuando tiendo la mirada hacia el límite lejano

y me quedo enmudecido en la playa del océano,

con el tul de los recuerdos amortajo mi orfandad…

¡Caravana del dolor!… ¡Taciturnas golondrinas

que partís de los peñones a las márgenes marinas

con el ala desplegada al embate del ciclón,

si pasarais por el cielo de la tierra colombiana,

visitad mi viejo muro y dejad en su ventana

estos versos… Estos versos, que escogí en mi corazón!

Valparaíso (Chile), 1926

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