Polarización o el miedo al disenso.

Por: Alejandro Reyes[1]

 

¡Imaginaciones! ¡Imaginaciones!

Esta tierra es muy dulce, muy tibia, nada estéril,

Y la fecundan largos ríos de dolor.

************************************************

Porfirio Barba Jacob

Hace décadas (por no decir siglos) contagiaron en el inconsciente colectivo de los colombianos el virus del odio al otro, donde el que piensa diferente es el enemigo a muerte; hoy lo alimentan cotidianamente como una estrategia de control popular que como dice el poeta fecundan largos ríos de dolor.  Documentados procesos históricos con el nacimiento del paramilitarismo en Colombia alrededor de los “pájaros”, “chulavitas” y “contrachusmas” dejan por sentado que la estrategia ha sido la división de los pueblos a través de la creación de un enemigo que solo se encuentra en el otro, estrategia de décadas que fue el preámbulo del magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán y  el indignante mecanismo para el genocidio del movimiento gaitanista como fuerza política unificadora de los pueblos.

Actualmente, dentro del vértigo informático, es costumbre que frente a concepciones distintas, en lugar de discutir un razonamiento se le reduce a un juicio de pertenencia al otro – y el otro es, en este sistema “democrático” nuestro, sinónimo de enemigo-, o se procede a un juicio de intenciones. Y este sistema se ha desarrollado peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no está conmigo está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo.

Es preciso señalar que a diferencia de lo que los medios y la mayoría de la opinión pública piensa, los antagonismos políticos son valiosos para la democracia, son necesarios para la construcción de sociedad.   Los conflictos son necesarios para avanzar y son parte constitutiva de las relaciones sociales, la clave esta en buscar rutas para transformar el conflicto, no suprimirlo, ni evadirlo.  La construcción de paz será pues un continuo que se está creando en forma permanente en tanto se vayan resolviendo los conflictos de una manera más inteligente que la de odiarnos a muerte.

Coincido con Estanislao Zuleta cuando señalaba en su luminoso ensayo “Elogio de la Dificultad” que los colombianos (…) “Deseamos mal. En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo.”

Deseamos mal, no es sano para la profundización de la democracia y la construcción de la paz en Nariño y Colombia alimentar la posición social, política y mediática que vende simulacros de unidad, satanizando a aquell@s que plantean un disenso respetuoso y consciente, bautizándol@s de “polarizadores”.  Seamos claros, la democracia necesita disenso  y el disenso conlleva en si la construcción de posiciones filosóficas, políticas y morales opuestas, y esto no es problema, esto es la democracia manifiesta.

Hay que plantear entonces la posibilidad de los antagonismos políticos como camino a la impuesta enemistad obligada de las ideas.  John Rawls se preguntaba al respecto de la democracia representativa o liberal ¿cómo es posible que pueda existir a lo largo del tiempo una sociedad estable y justa de ciudadanos libres e iguales pero profundamente divididos por razonables doctrinas religiosas, filosóficas y morales?. Esa supuesta dicotomía debería manejarse dentro los fueros constitucionales de la democracia, pero hoy le sigue costando la vida a centenares de colombianos que desde su pensamiento y acción enfrentan la persecución, la censura, el desplazamiento y la muerte por sostener posiciones políticas que van en contra de los deseos del Establecimiento[2] y este horrendo y peligroso “orden” sociopolítico, ya sea nacional o territorial.

El titánico Gaitán, faro y norte hoy y siempre, señaló el 27 de septiembre de 1947 en Barranquilla  “respetemos personalmente a los que tienen ideas opuestas pero exijamos que todos tengan concepciones y no trapacerías y ambiciones de oligarcas y caciques. Que cada uno construya su plan, su concepción del Estado y ardientemente luche por esa transformación”.

Construir paz es entonces construir mecanismos más eficaces de resolución de conflictos en una nación donde existen históricas diferencias políticas, filosóficas y morales.  Paz no es lo mismo que pacificar y debemos procurar mecanismos, mejor si son institucionales, donde en democracia avancemos sacando el mejor provecho de los conflictos, y no padeciendo por ellos, esto es realmente la construcción de paz en democracia, con un renovado flujo histórico de la fuerza de las ideas y no de las armas.

[1] Ingeniero forestal, gerente de Raiz Fuerza Natural S.A.S, consejero departamental de paz y presidente de la Mesa Departamental de Cambio Climático de Nariño.

[2] Establecimiento: conjunto de personas, instituciones y entidades influyentes en la sociedad o en un campo determinado, que procuran mantener y controlar el orden establecido.

Comentarios

Comentarios