Política exterior, geopolítica y gobernanza global: una lectura de Colombia

Por: Jonnathan Pérez Santamaría

Geógrafo y Magíster en Estudios Interdisciplinarios sobre Desarrollo

Colombia ha dejado de ser el país confinado en sus complejos y aún no resueltos problemas internos, para dar cierta oportunidad a un comportamiento de carácter más internacional. Quizás las razones se ubican en un espectro que va desde acciones consientes como un proceso de paz hasta afortunados hechos culturales y deportivos. Pero independiente de esto, sus efectos se ven en un nuevo posicionamiento en contextos que obligan a tener una mirada y conocimiento hacia afuera. A continuación, se ofrece una definición de política exterior, con lo cual se hace una lectura de Colombia en lo que se podría considerar su espacio regional más próximo.

Para comenzar, la política exterior es la expresión estratégica y operativa de un Estado ante las condiciones, demandas y determinantes externas e internas, que plantea el contexto internacional. El gobierno -de forma ideal- considera y representa los valores, principios, intereses y objetivos del Estado. Y luego, decide el conjunto de acciones que reflejarán su carácter, guiarán su comportamiento y encausarán su conducta, todo lo cual se incorpora en una agenda exterior. Además, esta política establece cruces multiescalares, es decir, vínculos en diferentes niveles espaciales, temporales, políticos y de interacción con otros sujetos y actores internacionales, pero siempre teniendo como punto de referencia al Estado.

De modo que, algunas de los niveles mencionados pueden ser definidos por variables espaciales. Por ejemplo, en 1969, el geógrafo Waldo Tobler planteó el principio de autocorrelación de los espacios o primera ley de la geografía. Propuso que la relación entre todas las cosas está determinada por una variable esencial que es la distancia o la proximidad. Podemos inferir que las cosas más cercanas están más relacionadas que las lejanas. A pesar del corte cuantitativo de la afirmación, hay una lógica que permite entender el comportamiento, por ejemplo, de los Estados. Y en ese sentido, Colombia puede jugar un buen papel en la región más próxima en términos geopolíticos.

Colombia es un referente regional gracias a la forma en que ha establecido relaciones en Centroamérica y el Caribe. Su participación en materia de cooperación horizontal, seguridad, comercio, procesos de paz, inversión extranjera, gestión del riesgo y cultura han posicionado al país. Basta con revisar lo que hacen las más de 120 empresas colombianas en la región. Aunque la opinión pública nos acostumbró a pensar que no tenemos las capacidades y recursos para participar en escenarios internacionales, la realidad admite levantar la cara y sentir orgullo institucional y nacional.

Sin embargo, fortalecer el papel de Colombia requiere de un proyecto geopolítico basado en la gobernanza regional. Para esto se requiere la coordinación estratégica entre el Estado, sus órganos, entidades y agencias, con el sector privado y aprovechar la presencia de los más de 100 mil colombianos que viven en los países de la región. Se debe garantizar un espacio de difusión de nuestros valores, normas y principios, asociados a una nueva forma de ejercer soberanía, más flexible y liberal. En otras palabras, crear regímenes regionales propuestos por Colombia y diseñados con miras a los intereses comunes de la región.

El objetivo es consolidar un área geográfica en la que Colombia encuentre estabilidad en varios frentes, dando prioridad a lo económico y ambiental. Se deben tener en cuenta los mecanismos multilaterales como el Proyecto Mesoamérica, pero no desatender los diálogos bilaterales dadas las características propias de cada país. La región merece un proceso de integración que nos ayude a enfrentar los desafíos del cambio climático y sus consecuentes derivaciones en riesgos naturales. No se propone aquí perder de vista las nuevas escalas de proyección, como el Asia Pacífico, pero Colombia debe primero promover y abrir la puerta a condiciones regionales de desarrollo.

La trayectoria institucional demuestra que estamos en una etapa de la política exterior de Colombia que tiene la misión de concretar la proximidad con el Caribe y Centroamérica. La poca distancia física que tenemos con estas regiones debe reflejarse en valores cercanos. En últimas, todo esto es un marco de protección para Colombia, Centroamérica y el Caribe ante los saltos ideológicos que conllevan a una insuficiente gobernanza regional. La proyección, formulación y ejecución de un régimen regional basado en una propuesta de soberanía fluida significará un puerto seguro, próximo y estratégico de apoyo multilateral a nuestras iniciativas.

Comentarios

Comentarios