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Posacuerdo plantea nuevos retos de integración regional

Los cultivos de coca en zonas limítrofes del país, y la difícil situación política y social que atraviesa Venezuela, constituyen un serio tropiezo para la paz de las regiones.

En el marco del simposio “La paz en Colombia y sus implicaciones regionales”, académicos de Ecuador, Venezuela y Colombia ofrecieron un panorama sobre las expectativas que tiene la comunidad internacional frente a la etapa de posacuerdo.

El evento es realizado por el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri), de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), en alianza con el Fundación Friedrich Ebert en Colombia (Fescol).

La profesora Socorro Ramírez, quien se desempeñó como docente de la U.N. y lideró la Comisión Binacional de Estudios Colombia-Venezuela, entre otros, llamó la atención sobre “la necesidad de articular esfuerzos de largo aliento entre los distintos países que limitan con Colombia. Estos representan la mitad de los espacios territoriales de capacitación y reinserción donde se concentran los exguerrilleros de las Farc”.

En tal sentido, la experta considera que, pese a las nuevas circunstancias que plantea el posacuerdo, la problemática que se vive en estas regiones se ha agudizado por la lentitud con que avanza la implementación de los acuerdos alcanzados en La Habana, además de un contexto internacional que poco contribuye a que se produzcan avances de manera más expedita.

De acuerdo con la docente, la mayor problemática gira en torno a la erradicación de cultivos ilícitos, como los de Tumaco y el Alto Mira, en la frontera ecuatoriana.

Con un 64 % de los cultivos concentrados en las fronteras con Ecuador y Venezuela, se trata de un problema que ha amentado por los problemas sociales que se registran a ambos lados de las zonas limítrofes, pues muchos de los “raspachines” (personas que la cultivan) e insumos provienen de los países vecinos.

Precio de la coca vs. alimentos

Esta situación tiene su explicación en el hecho de que mientras el kilo de coca se compra en 2.300.000 pesos, uno de papa o frijol difícilmente se puede vender en 8.000 pesos, sumado al hecho de que mientras la coca se recoge en la propia finca, sacar otro tipo de productos constituye un esfuerzo descomunal.

“La ausencia o escasa presencia del Estado –policial o militar en el mejor de los casos– no muestra que estemos en camino de superar la fragilidad de estas zonas, y eso hace que las personas deban recurrir a actores irregulares para resolver problemas de linderos y de la vida cotidiana”, subraya la experta.

Desde su mirada analítica, el hecho de que Colombia carezca de un catastro también plantea un gran inconveniente para que los exguerrilleros puedan comenzar a desarrollar proyectos productivos.

Atención a los refugiados

Para Michel Levi, coordinador del Centro Andino de Estudios Internacionales de la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, uno de los problemas más evidente es la situación que afrontan miles de refugiados colombianos, quienes en buena medida se vieron obligados a trasladarse al vecino país por cuenta del conflicto armado.

“El nivel de acogida de refugiados en Ecuador es tan grande, que, sin llegar a afirmar con ello que se trata de una carga para esa Nación, el Estado colombiano debería tener una responsabilidad mayor para garantizarles mejores condiciones, además de la posibilidad de que retornen a su país”, destaca el analista.

En su intervención, el profesor Levi cuestionó el exacerbado centralismo que existe por parte del Estado colombiano respecto a la situación de la frontera: “organizaciones como la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) o la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) van a dejar de actuar porque ya no hay conflicto, de manera que Ecuador deberá asumir el gasto de cerca de 60 millones de dólares que implica esta logística”, precisa el experto.

Después de casi 10 años de la incursión armada colombiana en territorio ecuatoriano, que terminó con la muerte de Raúl Reyes, la principal amenaza a ambos lados de la frontera la constituye la presencia de fuerzas ilegales irregulares vinculadas a actividades como narcotráfico y trata de personas, contra quienes deberá haber mayor presión por parte de las autoridades colombianas y ecuatorianas.

Ola migratoria

De acuerdo con José Briceño Ruiz, experto en Integración Regional, Relaciones Internacionales y Economía Política de la Universidad de los Andes de Venezuela, la fuerte dependencia de las importaciones, sumada al desplome de los precios del petróleo, hace que se registre la escasez de alimentos básicos y medicamentos en su país.

Esta situación ha generado dos situaciones: una ola migratoria que en buena medida ha terminado buscando refugio en Colombia y Ecuador, y la actual crisis institucional que vive el vecino país, en la que el proceso de paz con las Farc se ha vuelto un caballo de batalla por parte de la oposición.

“El proceso de paz en Colombia se ha vuelto un componente del debate político y la polarización que hay en Venezuela, de tal manera que las relaciones entre los dos países se han visto afectadas por el fantasma del castro-chavismo”, precisa el profesor Briceño, quien llama la atención sobre el hecho de que dicha postura ha logrado influenciar a un sector importante de la opinión pública de Venezuela.

(Por: Fin/JCMG/MLA/LOF)

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