Precursor de la creación del Departamento de Nariño, Don Tomas Hidalgo Calvache, es “El personaje 10 del día”

Por: Pablo Emilio Obando A.

¡UN VIEJO CUADERNO!

Un viejo cuaderno en cuya pasta puede leerse la fecha 2 de enero de 1905 (fecha casi ilegible) contiene los poemas de Eustacio Castro, José María Barreiro, Ricardo Nieto, H. R., José Antonio Rosero, A. Z., escritos en honor al sabio pastuso Tomás Hidalgo Calvache, asesinado en la ciudad de Popayán el 31 de octubre de 1895 a la temprana edad de 28 años. Fue un defensor de la creación del Décimo Departamento. Su obra desaparece y su nombre es borrado de la historia nacional y regional.

Con una letra de características delicadas y finas, doña Natalia Guerra, viuda del sabio Tomás Hidalgo Calvache, transcribe uno a uno los poemas que le fueron enviados desde Popayán y que ella mismo los ilustra.

Los dibujos son unos sencillos trazos que dejan entrever la sencillez de su alma y el imborrable recuerdo hacia la memoria de su esposo asesinado.

Al tenerlo en nuestras manos sentimos la desolación que transmite cada una de sus páginas; nuestra alegría de encontrar documento tan valioso y precioso se ve nublada por el contenido triste y abrumador de los poemas.

Imaginamos a doña Natalia escribiendo en la soledad de su cuarto y en los momentos en que su pobreza se lo permite. Se perciben sus lágrimas y su tristeza; es casi sentirla y oírla en sus lamentos al pasar la vista a su cuaderno de poesías y cuyo primer poema hace vibrar el alma y hervir la sangre:

“Viajador, terminaste el camino
y en la madre común descansas ya,
qué hermoso es dormirse;
al Sol naciente, y a la tarde
a otra vida despertar”.

Diez años después el recuerdo y la memoria de Tomás Hidalgo Calvache continúan vivos en la mente y en el corazón de Natalia Guerra; los restos de su esposo reposan ya en su patria chica (fueron traídos a Pasto el 15 de enero de 1901), pero muy seguramente aún estaba fresca la amargura de saberlo muerto en tierra ajena y la ausencia de sus seres queridos en el último adiós.

Así lo interpretó el poeta H. R. en uno de los versos dedicados al sabio muerto:

“!Ah! Los que mueren lejos, olvidados
sin que a nadie le arranquen honda queja
Ah! Pobres muertos! Sin afecto caro
que cambie en oración la amarga pena”.

Natalia Guerra, en testimonio de sus nietos, criados por ella, era una mujer en extremo sensible y culta. Grandes personalidades de la vida política y cultural de Pasto la frecuentaban y sostenían largas charlas que denotaban el profundo aprecio que hacia ella sentían y por sobre todo, el inmenso aprecio, casi veneración, que conservaban por el sabio pastuso Tomás Hidalgo.

En torno a las grandes personalidades de la historia se tejen leyendas y fantasías que de no desmentirlas terminan siendo verdades. Tal el caso que nos ocupa.

En conversación con un personaje nariñense, comentaba éste que doña Natalia Guerra, dada su extrema pobreza, vendía cucuruchos de café y que estos cucuruchos eran nada más ni nada menos que confeccionados con papel cuyo contenido era ¡la obra de Tomás Hidalgo!

Nada más falso ni más falto a la verdad. Natalia Guerra no era una mujer ignorante para proceder de esa forma y mucho menos para mancillar así la memoria de su esposo.

La dignidad y el orgullo de saberse viuda de personaje tan ilustre, no le permitieron arrodillarse ante los poderosos para implorar las migajas de una falsa conmiseración y cargó sobre sí y sus hijas la honra de una pobreza franciscana.

Al decir de la señora Vilma Hidalgo, nieta de don Tomás, doña Natalia lloraba mucho y hablaba con devoción de su esposo vilmente asesinado en Popayán. A doña Natalia no le cabe un señalamiento tan bajo e infundado como el que pretende darle la historia, y su nombre debe ser ejemplo para las presentes y futuras generaciones del Sur que tan fácil olvidan su procedencia y linaje.

Gracias a ese viejo cuaderno puede la historia conocer el sentimiento que causó el vil asesinato de Tomás Hidalgo en sus contemporáneos que lo conocieron de cerca y valoraron sus acciones.

En honor a TOMAS HIDALGO CALVACHE y su dignísima esposa doña NATALIA GUERRA, nos permitimos escribir estos renglones que pintan de una manera clara para la historia, el valor real y la estampa de uno de los más grandes hijos del Sur.

LA OBRA DE TOMAS HIDALGO

Encontramos en la revista Ilustración Nariñense del mes de diciembre de 1954 un testimonio sobre la obra de Tomás Hidalgo:

“Mi hermano Tomás, ciertamente llevó a Popayán la Historia del Sur de Colombia ya concluida en siete resmas de papel oficio”. Quien así se refiere es Ricardo Hidalgo Calvache, hermano de nuestro desafortunado sabio. Por parecernos un testimonio fiel y ajustado a la verdad hacemos eco de sus palabras y a la vez sirvan para reiterar la denuncia de la desaparición de las obras de Tomás Hidalgo que años más adelante formulara doña Natalia Guerra.

En la misma revista encontramos las siguientes palabras:
“… y ya sabemos que esa valiosa obra desapareció y que apenas quedaron algunos fragmentos…”.

Como se puede ver, ya desde aquellos años se ventilaba a la opinión pública hecho tan peculiar en las letras colombianas y nariñenses. La misma Natalia Guerra en reportaje concedido a Kar – A – Melo en el año de 1952 asevera que “Tomás salió de Pasto llevando varios cajones de libros y el rico tesoro de sus manuscritos y archivos”. El artículo en mención se reprodujo en el libro de mi autoría “Apuntes para una Nueva Historia” editado en la ciudad de Pasto y en el año de 1999 bajo los auspicios del Consejo Municipal.

Y en un acto de valentía e inteligencia doña Natalia reitera que “Varios, numerosos escritos que mi esposo estimaba tanto, quedaron en poder del Gobernador del Cauca, doctor Pedro Antonio Molina, y nunca me fueron devueltos…”. Nos preguntamos aquí, qué gestiones realizaron los gobernantes de entonces para recuperar obra tan valiosa que contribuiría a torcer los hilos de la historia nacional por su contenido de carácter reivindicativo como lo colegimos del índice de la obra publicada en la ciudad de Ipiales en el año de 1893.

La respuesta a este interrogante la encontramos en las palabras de Natalia Guerra: “/… Los baúles de libros con sus manuscritos y archivos fueron despachados a Pasto al Inspector de Educación de ese entonces, señor …”. Aquí es inexplicable el silencio de Kar – A – Melo al suprimir el nombre de dicho Inspector. Tal vez el nombre del destinatario del material enviado a Pasto aclare el destino de los escritos, manuscritos y archivos de don Tomás.

Causa igualmente sorpresa el comprobar, una vez más, cómo las denuncias de Natalia Guerra no dieron origen a una seria investigación de los hechos y, por el contrario, se elevaron más cortinas y se hachó más humo para acallar, inútilmente, las voces de la historia. Con dolor y rabia continúa doña Natalia: “Hay ciertos prestigios, señor periodista, que se han hecho a base de esfuerzos, talento y estudio de mi difunto esposo”. Estas palabras son un claro indicio del conocimiento que tenía doña Natalia del destino de las obras de su esposo, “Hay ciertos prestigios”, claras denuncias de un robo literario por aclarar y que, como lo dice Arístides Gutiérrez en testimonio de su valía, “Exhortamos igualmente al doctor Medina, actual Gobernador del Departamento y especialmente al Centro de Historia, para que procuren llenar el enorme vacío que se ha hecho sobre el olvidado nombre de Tomás Hidalgo C…”. desconocemos, tal vez por inexistentes, las gestiones adelantadas por el doctor Medina y mucho menos los pronunciamientos del Centro de Historia. El silencio de uno y otro ante llamado tan directo deja entrever temor por descubrir a los culpables de tan nefasto crimen.

Nótese que Arístides Gutiérrez es muy claro cuando dice que referente a la obra de Tomás Hidalgo C. “se ha hecho un enorme vacío”.

Nos preguntamos: ¿Quién instigó tal silencio? ¿Por qué aún hay interesados en mantener dicho silencio? ¿Por qué el silencio de las Academias? La historia lo dirá y pondrá al descubierto el oportunismo y la desidia de quienes orientan y dirigen los caminos de esta.

De una forma contundente doña Natalia asevera: “Antes de viajar a esa población me hice presente en la casa del respetable caballero… (Doña Natalia nos vuelve a dar otro nombre, que también lo callamos) y le encargué algunos cajones contentivos del resto de libros y de otros manuscritos y el archivo de mi marido. A mi regreso de Tangua fui por mi preciado encargo, más, el caballero, el señor… muy orondo me dijo: “Como lo lamento, Natalia, creí que Ud. no regresaría… y por eso ordené que les echaran candela a esos cajones, pues estaban estorbando mucho, eso era demasiada basura”.

Y concluye doña Natalia: “Pero eso no fue así, señor; por ahí anda mi marido, don Tomás Hidalgo Calvache, dictando sus lecciones y publicando sus escritos…”.

Queda una vez más comprobado que las obras de Tomás Hidalgo no fueron destruidas y que las enviadas por el señor Molina llegaron a un destinatario que posteriormente las publicó en beneficio propio y sin dar crédito al talento y esfuerzo de Don Tomás.

Por demás, conociendo la valía de Don Tomás, ¿cómo es posible que un “respetable” caballero afirme que eso “era demasiada basura? La desprotección en la cual quedó Doña Natalia tras el asesinato de su esposo permitió que unos pelafustanes aprovecharan la ocasión.

EL POLEMISTA

Indudablemente Tomás Hidalgo Calvache fue un gran polemista. Su obra “Pasto Antiguo y Moderno ante Colombia” iba dirigida, en primera instancia, a combatir la historia misma. Es sabido que sobre los hombros de los pastusos recae un gran peso histórico que nos ha hecho víctimas de toda clase de improperios y maquinaciones.

Pues bien, Tomás Hidalgo pretendía dar a conocer la vida y obra de eminentes personajes del Sur condenados al olvido y la indiferencia de la nación. El mismo Hidalgo expresa sus pretensiones: “deseo que el nombre de mi Patria sea conocido, que los hechos de sus preclaros hijos no permanezcan ignorados, que no se sepulten en la tumba del olvido las figuras de los hombres notables que ha producido, que su belleza no sea desdeñada, que su virtud no se llame superstición, que su valor no se impute a fanatismo, que se tengan en cuenta la feracidad y la riqueza de su suelo…”.

En el libro “Este día en San Juan de Pasto y en Nariño”, encontramos que, en fecha de 1890, es decir cuando Tomás Hidalgo contaba con tan solo 23 años, “apareció en Pasto la preciosa obra del historiador Tomás Hidalgo: “Pasto antiguo y moderno – Reseña histórica y filológica”. Obra que a pesar de nuestros esfuerzos y pesquisas no hemos encontrado. Esperamos que esta reseña esté en manos de alguien consciente de su valía y nos permita conocerla y conocer en más detalle la obra de Tomás Hidalgo. En el año de 1894 “En Ipiales fue suscrito por el malogrado historiador pastuso Tomás Hidalgo, su ensayo sobre la magnífica obra del arzobispo de Quito Federico González Suárez: “Historia General de la República del Ecuador”.

“Este juicio Crítico de Hidalgo, causó admiración dada la juventud de su autor (27 años) que en él manifiesta: “Total dominio en las materias objeto de su estudio, copiosa ilustración, acierto en sus juicios, ponderado en sus expresiones, rico en el lenguaje y correcto en el estilo”.

En Ipiales en fecha 20 de febrero de 1894 y en la Tipografía de A. Santander, a cargo de Elías A. Villarreal, Tomás Hidalgo da a luz pública un pequeño folleto de once páginas y en el cual “Se refiere al autor para combatirla, a una publicación hecha por el señor Rosendo Mora y R. con el título de: La protesta del 18 de enero”.

Confesamos desconocer dicho folleto y que esa razón nos impide comentar con mayor precisión la polémica suscitada en Ipiales en el Colegio de San Luis Gonzaga dirigido por el criticado señor Rosendo Mora y R.

Lo cierto del asunto es que a raíz de un pronunciamiento del señor Rosendo Mora y R. se desata una persecución en su contra y lo condena a refugiarse en la vecina república del Ecuador hasta donde llega la furia clerical. En este asunto toma partido el mismo Federico González Suárez y condena las persecuciones y acusaciones que él encuentra sin fundamento.

Ignacio Rodríguez Guerrero, en sus estudios históricos, nos da luces sobre el asunto en cuestión:

“Ese benemérito ciudadano, apóstol de la educación popular, había fundado en Ipiales, hacia 1891, un colegio de fama, en cuyas aulas encontraron discreto hogar espiritual no pocos alumnos de la juventud colombo-ecuatoriana de entonces. Un discurso del Rector del Plantel, acerca de la nebulosa de La Place y del experimento de Platteau, fue suficiente para que la autoridad eclesiástica de Colombia fulminase excomunión contra aquél. Perseguido en su propia patria, el doctor Mora buscó refugio en Tulcán, en donde, sin renegar de sus ideas políticas ni de su nacionalidad colombiana, recibió el encargo de dirigir el colegio de Bolívar de esa ciudad, por determinación de Alfaro. Saberlo el señor Moreno Díaz y lanzar excomunión contra el educador colombiano y contra los padres de familia que enviasen sus hijos al colegio de aquél, todo fue uno, sin parar mientes en la intromisión indebida que así realizaban en diócesis de ajena jurisdicción.

Pero la viril protesta de González Suárez no se hizo esperar. ¿Hubiera callado en ocasión semejante quien tuvo de su parte la justicia y quien en su vida a nadie temió? Cuál fuese la sinceridad de su conducta nos lo dice el propio prelado, cuando en carta a don Abelardo Moncayo, escrita en Ibarra el 30 de abril de 1899, expresó: “Por nuevos datos muy seguros que me han venido de Quito me confirmo en la convicción de que el Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. Arzobispo y los eclesiásticos de Quito están en comunicación con los de Pasto, para apoyar y favorecer al Ilustrísimo Moreno en la campaña que este señor tiene abierta contra el Colegio de Tulcán…”, y para entender el valor y sentido de justicia de Federico González Suárez, nos permitimos transcribir sus palabras: “Si hubiera justicia en la guerra que se hace al señor Moreno, yo lo habría perseguido también…”.

Este historiador y Obispo Ecuatoriano tenía muy en alto su valer, razón que nos hace admirar aún más la figura de Tomás Hidalgo cuando a sus 27 años se atreve a polemizar la obra de tan ilustre hijo de América.

A Federico González Suárez quiso obligárselo a tomar partido favorable a Moreno Díaz, pero muy arrogante y justo, responde:

“De Roma -dice- se me mandaba una cosa indecorosa: ¿Cómo podía yo obedecerla, sin representar primero al Papa los motivos que tenía para no poder ejecutar lo que se me mandaba?….. Contesté, pues, que no podía hacer la publicación que se me exigía, expuse las razones de mi negativa y que si tal publicación era requisito para mi obispado, que renunciaba la mitra, y que me comprometía a hacer que el Presidente de la República retirara mi representación. Primero me habrían quemado vivo, antes de cometer una acción indigna: y ¿para qué?…… ¡Para ceñirme una mitra!.”.

Ejemplo de hidalguía, valor y honor. Ejemplo para seguir en estos tiempos utilitaristas donde se venden los más caros honores por unas simples lisonjas humanas. Federico González Suárez fue combatido duramente por sus hermanos ecuatorianos y americanos al punto que “La aparición de los primeros tres tomos de la Historia General del Ecuador fue recibida con estudiada indiferencia haciéndose en torno de ella la conspiración del silencio y la guerra del vacío…”.

Pero para un hombre de inteligencia superior y de coraje al de sus contemporáneos ese silencio y esa indiferencia no podían ser motivo de vencimiento o fracaso. El sabía que el hombre de valía tiene que morir en esta vida varias veces. Como nos alegra saber que, pese a la juventud y pobreza de Tomás Hidalgo, el sabio americanista González Suárez tuviera en alto sus conceptos y recibiera con humildad los juicios críticos a su obra.

Es indudable que la pluma y la presencia de Tomás Hidalgo jugaron un papel de primerísimo orden en la historia regional de fines del siglo pasado. Aquí recogemos las palabras de Arístides Gutiérrez en su “Historia de la Congregación de S. Felipe Neri”: “Queda para el biógrafo de Tomás la tarea de señalar los diversos rumbos que aquél tomó en su carrera civil, científica y literaria; los grandes triunfos que obtuvo en las lides históricas y científicas, y a la vez admirar la fortaleza y resignación suyas en soportar los rigores de una pobreza franciscana, sin tener el menor auxilio ni apoyo en sus largas y penosas tareas literarias…”.

Lo poco que hemos contribuido para dar a conocer la trayectoria de Tomás Hidalgo es apenas un punto de partida para el futuro investigador. La lucha por la vida diaria nos roba la posibilidad de visitar y escarbar en los sitios donde Tomás Hidalgo desarrolló su existencia. Cómo quisiéramos disponer del tiempo y de los recursos que nos permitieran escribir una historia extensa y detallada. Nuestro pequeño aporte significa tan solo el ascenso de un pequeño peldaño en la vida y obra de este ilustre hijo del Sur.

Los personajes 10 del día son ciudadanas y ciudadanos que trabajan (ron) por un mejor Nariño, desde diferentes sectores de la sociedad. Con esto se quiere reconocer su esfuerzo, compromiso, dedicación y sentido de pertenencia con la región.

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