Preocupante informe entregado por Médicos Sin Fronteras sobre condiciones de salud y seguridad en municipios costeros

Como preocupante ha sido definida la situación de orden público y desplazamiento forzado en algunos municipios costeros del Departamento de Nariño,  para la Organización Médicos Sin Fronteras, que por años ha realizado una estrategia importante brindando los servicios de salud a las zonas geográficamente más dispersas de Nariño.

Según un comunicado oficial en su página institucional, desde finales de 2017, en varias regiones de Colombia comenzó un recrudecimiento de la violencia que en los últimos meses ha alcanzado niveles que recuerdan las peores épocas del conflicto armado en el país. Contrario a lo que se esperaba luego del Acuerdo de paz con las Farc, y aunque hubo un respiro temporal durante los primeros meses de la pandemia, hoy las poblaciones de varios departamentos del país están nuevamente asediadas por las amenazas, los asesinatos, las masacres, los desplazamientos y los confinamientos producto de las disputas entre diversos grupos armados.

 Para Médicos Sin Fronteras la situación es preocupante, en 2020, las comunidades de Magui Payán tuvieron que desplazarse siete veces por cuenta de los enfrentamientos entre grupos armados por el control de este territorio para aprovechar su ubicación estratégica en el Pacífico nariñense. A inicios de octubre, el equipo de Médicos Sin Fronteras visitaron algunas comunidades aledañas al río Patía y encontraron que todos los habitantes de la vereda San Luis se encontraban desplazados en otras veredas y otros municipios.

En todas sus intervenciones, el equipo de Médicos sin Fronteras detectaron que las principales afectaciones a la salud física de las poblaciones desplazadas y confinadas están relacionadas con las condiciones del entorno, principalmente por fallas en el suministro de agua y el saneamiento, lo que conlleva con frecuencia a la presencia de afecciones gastrointestinales y de piel. En la mayoría de los casos los pacientes atendidos reportaron no haber tenido acceso a servicios médicos por largos periodos, lo cual es especialmente grave en casos de personas con enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y trastornos mentales que no han recibido el tratamiento adecuado.

 En cuanto a la salud mental, el impacto por los enfrentamientos, la repetición de los mismos y la sensación de riesgo permanente impiden que las personas puedan sentirse seguras. Esta situación genera un alto nivel de estrés, preocupación y miedo en las personas, que derivan en diagnósticos de ansiedad y depresión. La permanencia del conflicto impide retomar el proyecto de vida, pues se mantiene incierto el panorama de seguridad en sus lugares de origen. En la medida en que la situación es inestable, la población se ve expuesta a un constante sufrimiento emocional.

En el comunicado se señala que los efectos directos de la violencia se ven agravados por el hecho de que muchas personas han permanecido excluidas de la atención en salud durante periodos prolongados. El conflicto es crónico. La ausencia de respuestas instituciones, también.

Finalmente se enfatiza en los municipios priorizados en sus estrategias, la ausencia de personal capacitado y estructuras adecuadas es el denominador común, por lo que ser atendido en una urgencia, o acceder a una consulta de salud primaria o salud mental se convierte para estas personas en un imposible. Y mientras el conflicto arrecia, las posibilidades de que este panorama cambie son cada vez más escasas.

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