¿Qué nos está pasando?

Por: Aníbal Arévalo Rosero

Los resultados de las elecciones legislativas y consultas interpartidistas de candidatos presidenciales nos dejan pasmados. Seguimos con los mismos con las mismas. Los colombianos tenemos la oportunidad de renovar, pero no lo hacemos preferimos malo conocido que bueno por conocer. La composición del Senado y la Cámara, mayoritariamente se compone con los repitentes y, en algunos casos llegan nuevos, pero también son ‘delfines’ de los que han dejado su cargo.

Es evidente la influencia que ejerce el expresidente Uribe en las decisiones de los colombianos, tanto en consultas de candidatos presidenciales como en corporaciones públicas. De los tres candidatos que se sometieron a la consulta, resultó elegido el más joven y con menos experiencia, y prácticamente un desconocido.

Se esperaba que tuviera una mejor votación Martha Lucía Ramírez por tener mayor experiencia y por su desempeño como ministra de Defensa, un cargo que requiere de mucha autoridad, pero no sucedió así por dos razones: no fue respaldada por Uribe y, también, porque nuestro país es muy machista, ni siquiera las mismas mujeres respaldan a otra mujer.

A Alejandro Ordoñez no le fue bien porque tiene una forma de pensar retardataria, al estilo de la era medieval, y eso no pega en la sociedad actual. También le hizo daño el exceso de autoritarismo con la destitución de servidores públicos de elección popular que luego fueron restituidos, teniendo que pagar el Estado colombiano grandes sumas de dinero por conceptos de salarios e indemnizaciones.

Pero también el Centro Democrático sacó el mayor número de senadores con 19 curules, de la lista encabezada por el actual senador Álvaro Uribe. Lo que nos indica que el país está más inclinado a la derecha por la creencia infundada que los partidos de izquierda están relacionados con los grupos guerrilleros y el rótulo publicitario uribista del ‘castrochavismo’.

Debemos tener en cuenta que los medios de comunicación están aliados con el señor Uribe, y todo lo que les huela a sectores populares lo estigmatizan de comunista, un sistema de gobierno que está extinguido en el mundo y que solo cabe en la cabeza del señor Uribe. Con esto se demuestra una vez más la incidencia de los medios de comunicación sobre la población, ocultándose otras formas de pensamiento que son más acordes con las mayorías.

Y lo que viene en adelante es la intensificación de las campañas a la presidencia, pero estas no se están haciendo con propuestas si no con ataques, acusaciones e insultos. Es de esperarse que esté por venir lo peor; seguramente el señor Uribe no ha sacado todo su arsenal para oponerse a una opción popular, progresista y verdaderamente democrática.

En nuestro país se juzga más por el hecho de haber pertenecido a un grupo armado, que haber gestado la paz, olvidando que liberales y conservadores se enfrentaron en una guerra fratricida. Y en el conflicto armado, del que estamos viviendo su epílogo, ha habido diferentes actores, entre los que se cuentan las fuerzas del Estado, las guerrillas y los paramilitares, todos sometieron al país a una guerra cruenta que arrojó 8 millones de víctimas.

Siendo así, al expresidente Uribe se le viene investigado por el Tribunal Administrativo de Medellín por su relación con varias masacres y sus nexos con el paramilitarismo. Por esto y por los casos de los falsos positivos se le ha dado apertura a más de 300 procesos sin que ninguno arroje resultados en su contra.

Por su parte, Gustavo Petro realizó una maratónica campaña con todas las condiciones adversas: sin senadores y representantes que lo apoyaran, sin dinero, publicidad muy reducida; los periodistas de los grandes medios de comunicación toman partido atacándolo de manera descarada, le negaron permisos de hacer manifestaciones públicas en Medellín, Cartagena y Cúcuta. En esta última lo atacaron con proyectiles de los que no se ha hecho claridad de qué tipo eran. Sin embargo, la campaña apenas comienza.

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