¿Qué va de la izquierda a la derecha?

Los términos derecha e izquierda para referirse a una posición política se vienen mal utilizando, y hasta el abuso. Pocos quieren reconocer que son de un lado o del otro pero por ignorancia; algunos para evadir una postura dicen ser apolíticos. Pero también nos encontramos con casos de políticos que pasan de la izquierda a la derecha y de la derecha a la izquierda sin sonrojarse. En las redes sociales se ha convertido en un acto chovinista.

Si nos remitimos a los orígenes de estas expresiones, nos encontraremos con pensadores como Voltaire, Rousseau y Montesquieu, quienes impulsaron un movimiento muy importante como la Ilustración que arrojó como resultado uno de los más grandes episodios que encamina a nuestras naciones a la vida republicana y acabando con la autoridad de las monarquías, como lo fue la Revolución Francesa.

La apuesta de estos ilustres pensadores propendía por acabar con la ignorancia de la gente para evitar el engaño del rey, que dictaba normas en perjuicio de la población. Es por ello que se promovió el enciclopedismo que consistía en la publicación de gran cantidad de libros y periódicos para que la gente leyera y se ilustrara, como la única manera de provocar un levantamiento frente a las cargas impositivas que condenaban al hambre a las grandes mayorías conformadas por campesinos y artesanos.

El movimiento de los franceses que se impulsó bajo las consignas de Libertad, Igualdad y Fraternidad tuvo un crecimiento inusitado que no estaba dispuesto a echar paso a atrás. El rey Luis XVI se vio obligado a convocar una Asamblea de Diputados. En esta las fuerzas estaban conformadas por tres Estados: el primer Estado era el clero, el segundo Estado era la nobleza; entre los dos sumaban el 3 por ciento de la población, y pedían voto por estamento. Y el tercer Estado conformado por la burguesía, médicos, abogados, comerciantes, artesanos y campesinos, hacían el 97 por ciento, y pedían el voto por cabeza.

A la derecha se ubicaban los que defendían una monarquía parlamentaria. A la izquierda se sentaban los representantes de las clases medias y populares, partidarios de una República, pero ante una falta de acuerdo en la votación el monarca expulsó del salón de sesiones a los republicanos; por eso se produjo la Toma de la Bastilla, una prisión que era el símbolo del absolutismo monárquico y símbolo de represión. Decapitan a Lunary, gobernador de la prisión, con lo cual se empieza la costumbre de mandar a la guillotina a los traidores del pueblo. El rey Luis XVI y su esposa María Antonieta de Austria fueron obligados a trasladarse del Palacio de Versalles al Palacio de las Tullerías situado en París.

Y con esto se conforma la Asamblea Constituyente en el salón del juego de pelota de Versalles, donde los revolucionarios declaran no abandonar el recinto hasta no tener una Constitución. De ahí se desprende una célebre frase del diputado Mirabeu: “Estamos por la voluntad del pueblo y solo saldremos por la fuerza de las bayonetas.”

Entre las pretensiones del movimiento revolucionario francés del siglo XVIII están: la aprobación de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la supresión del feudalismo, apropiación de los bienes de la Iglesia, Constitución civil para el Clero, libertad de prensa y una Constitución. Estos elementos se constituyen en un factor decisivo para para que gran parte de las naciones del mundo dieran un gran paso en su transformación social y política.

También es importante resaltar que dentro del movimiento que buscaba dar al traste con el sistema monárquico, no todos pertenecían a las mismas corrientes de pensamiento, unos eran seguidores de Jaques Pierre Brissot, con tendencia moderada, y encabezaba el movimiento de los Girondinos. Y por otra parte estaba el Robespierre con una tendencia radical, como dirigente de los Jacobinos.

Las ideas de la Ilustración tuvieron tanta importancia que se dispersaron por el centro de Europa y llegaron a América con lo cual se gestó la Independencia de las 13 colonias británicas.

Con el tiempo las ideas de izquierda son reconocidas por intelectuales, como Pablo Neruda, Gabriel García Márquez o José Saramago, Premios Nobel de Literatura, y por personas que apoyan los criterios científicos, los que quieren que las naciones se desarrollen. Personajes como Mafalda se inscriben dentro de la ideología de izquierda por su rebeldía, por exigir un mundo más humano y el cumplimiento de los Derechos Humanos, de hecho Quino, su autor, tuvo que exiliarse porque lo perseguía un gobierno de derecha, por haber publicado una caricatura de la pequeña niña que le decía a un policía que si con ese palito se aplacaba ideologías, indicándole el bolillo. Y los de derecha se los reconoce por ser conservadores, como lo predicaba el obispo de Pasto fray Ezequiel Moreno Díaz que decía que ser liberal era pecado.

Lastimosamente, el vulgo ha desvalorizado el término izquierda asociándolo con expresiones como comunismo, socialismo, guerrilla. Se puede ser de izquierda sin ser comunista, socialista, ateo o simpatizante de las guerrillas. Y estos términos no necesariamente se asimilan de manera directa por pertenecer a otros tiempos y contextos. Las ideologías de izquierda propenden por la sociedad y las de derecha por el individuo.

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