Recordando a doña Lina.

Editorial. El Liceo No. 20.

Por: Eduardo Enríquez Maya
Senador

A propósito del día de la madre, quiero compartir con ustedes, esta bella enseñanza: «la vida de los muertos consiste en hallarse presentes en el espíritu de los vivos», con esta hermosa cita, recuerdo entrañablemente a quién me diera el ser, a doña Lina Maya Ríos.

¿Quién era? Era una bella campesina que en sus labios siempre florecieron las frescas rosas de amor, de ternura y de fe; todo lo entregó a su hogar hasta el momento de su muerte. Sé que su espíritu seguirá iluminando como las gloriosas claridades que alimentan sueños, recuerdos y esperanzas.

Además, era una mujer excepcional; analfabeta en el sentido escolar de la palabra; sin embargo, todo indica que fue una autodidacta, el sentido común fue su guía y su áncora para aprender y enseñar.

He aquí tres lecciones de mi madre que conservo como herencia y que me han sido tan útiles en la vida:

«Haga gala del carácter, el carácter se manifiesta en el hombre para saber quién es y cómo piensa y esto indudablemente le señala su destino»

«Nunca se amargue, porque la amargura es contagiosa y perjudica más a sus seres queridos»

«No envenene el alma ya que el odio, el rencor, la envidia y la calumnia son pasiones que enceguecen a los incapaces»

Mi madre hace un cuarto de siglo descansa en el paraíso, y hace poco debió encontrarse con Aidé, madre de Ruth, juntas bendecirán a sus hogares con la luz de su ejemplo lleno de valores y de virtudes que nunca mueren.

A mi esposa Ruth, con infinito amor y gratitud, junto con mis hijos y nietas, le decimos feliz día mamita; gracias por ser la mejor esposa, mamita, abuelita y hermana del mundo; su autoridad llena de nobleza nos convoca; su sonrisa a diario nos alienta; y su dedicación sin límites nos ilumina y nos fortalece como insuperable compañera de viaje para aceptar retos y desafíos.

De nuestro hogar sale con emoción una canción, una flor y un beso en homenaje a todas las madres de Nariño y de Colombia, y una oración para que Dios las guarde por siempre.

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