Requerimos reformas radicales.

 (Al oído de los “honorables padres de la Patria”; y, a gritos, al oído del pueblo colombiano).

Ante todo, se impone tener muy presente el sentido de estas palabras: radical, “partidario de reformas extremas, especialmente, en sentido democrático”. Radicalismo, “conjunto de ideas y doctrinas de quienes en ciertos momentos de la vida social pretenden reformar total o parcialmente en el orden político, científico, moral y aún religioso”.

Con estos predicamentos, y, ante las graves consecuencias de orden social y económico que van a sobrevenir, luego de que transcurra la adversidad que ahora afecta la salud pública, nos atrevemos a transmitir dos inquietudes de suma importancia y trascendencia que alteran nuestra tranquilidad y enardecen la sangre de simples ciudadanos.

Una, relacionada con la tributación de ciertas instituciones que gozan de un tratamiento especial, llámense corporaciones, fundaciones o entidades bancarias. Sin ser un experto en el derecho tributario, no escapa a nuestro conocimiento, se trata de una materia compleja que, desde luego, requiere la atención y el tiempo, el estudio y reflexión necesarios.

De esta suerte, un caso que, nos ha llamado poderosamente la atención, es la que tiene que ver con las Universidades particulares o privadas. Entre otras tantas, las más vistosas y de mayor prestigio, en Bogotá, llámense Universidad Central, de Los Andes, Externado de Colombia, Javeriana y El Rosario.

Al respecto, nadie ignora los ingresos multimillonarios por concepto de inscripciones, matriculas, pre y pos-grados y etc., etc. Sin dejar de reparar en las edificaciones y ampliaciones de suntuosidad arquitectónica que, sin duda, requieren sumas billonarias de inversión. Así lo vemos y comprobamos con las Universidades privadas ubicadas en el centro y alrededor de la ciudad, de una extensión y edificaciones de gran consideración.

Ante situaciones de semejante proyección, la pregunta es obvia. ¿Será que, hasta cierto punto, en la aplicación tributaria de ciertas instituciones, no disfrutan de un régimen de excepción y privilegio? Doctores tiene la Santa Iglesia, para que nos desaten tamaño intríngulis.

La otra inquietud, de mayor envergadura y cuidado, tan discutido como discutible, es la relaciona con el Congreso de la República. A simple vista, conocidos el número considerable de parlamentarios, su remuneración y privilegios; el tren burocrático y los cuantiosos y fastuosos gastos que demanda su mantenimiento y funcionamiento, que sería largo mencionar; es preciso preguntarnos: ¿En la actualidad, se justifica plenamente la existencia de un sistema bicameral? O, cuando menos la reducción del número de congresistas, tema que ya se ha tocado, sin resultado alguno. En una palabra, en su tramitación, pasa sobre ascuas. No cabe duda alguna, se trata de una reforma de suma importancia, pero no imposible. Nos resistimos a creer que hayamos entrado en terrenos prohibidos o intocables.

Menos mal que, en día reciente acerca de un tema tan espinoso, un senador, por más señas de la oposición al gobierno actual, sin el menor reato ya puso la pica en Flandes. Un Congreso, convertido en una fronda retórica, inútil y perjudicial a las aspiraciones e intereses del pueblo que los eligió. Simplemente, parece que “la loca y furiosa deidad de la política, se ha salido de su cauce”. Aquí, un oportuno paréntesis, como si fuera hoy, recordamos que hace algunos años, el director de un radioperíodico, de una importante emisora capitalina, comentando los costos del Congreso, manifestó que mediante respectivos derechos de petición había solicitado la información de su presupuesto anual, sin haber obtenido respuesta alguna. Ante el somero planteamiento de estas inquietudes, sería conveniente auscultar el parecer del partido político llamado Cambio Radical que, siendo consecuente con su nombre, sería el llamado para acometer las reformas radicales.

¿Qué ha pasado con las tan llevadas y traídas reformas de la justicia, el servicio público por excelencia; la educación, y la salud pública? Y ni qué decir de la preocupante situación del campo. El incontenible desplazamiento rural hacia los centros urbanos; el desarraigo de las gentes del campo, sus causas e inmediatas soluciones.

Tanta tela por cortar que nos atormenta el juicio a más no poder. Definitivamente, se requieren reformas radicales, de inaplazable atención. Lo demás, como lo dijo uno de nuestros grandes escritores; lo demás “es pura paja, humo y música celestial” VICENTE PÉREZ SILVA ANGASNOY (Refugio del Cóndor), La Calera, 9 de mayo del 2020.

N.B. Estas inquietudes fueron concebidas y plasmadas mucho antes de la nefasta pandemia; y, en cuanto respecta a las Universidades privadas ya comenzaban a descender las matriculas por causa de sus costos millonarios. Ahora, por esta circunstancia, también se unen al coro de cuantos imploran al gobierno, es decir al patrimonio del pueblo, les tire un salvavidas. Entre tanto, a guisa de ejemplo, ¿cuál es la realidad o la suerte de los proyectos billonarios de las suntuosas construcciones de las Universidades Eafit de Medellín y Javeriana de Bogotá; y cuál la de las millonarias remuneraciones rectorales?

Tamaño pandemónium por desatar. Y no solamente para las plañideras universidades privadas, sino para todo el concierto económico institucional y empresarial de nuestro país. No alcanzamos a avizorar con que padecimiento. V.P.S.

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