‘Resistencia civil’

Después de llevar a la mesa de negociación en La Habana, las más de quinientas observaciones que hiciera la ciudadanía que voto NO al plebiscito del pasado 2 de octubre, y teniendo como peor enemigo el tiempo, el gobierno conjuntamente con las Farc realizaron los ajustes a que hubiera lugar, con el fin de llevar nuevamente a una refrendación los nuevos acuerdos. Se sabía que el expresidente Álvaro Uribe Vélez y sus amigos no estarían de acuerdo, por más reajustes que se hicieran.

 

El tiempo apremia y no le queda otra salida al ejecutivo que llevar al Congreso la aprobación de esta propuesta de paz. Tal como se predecía y teniendo en cuenta la actitud egoísta de muchos votantes, el presidente no podía volver a cometer el mismo error. Cosa contraria hubiera sido si su gobierno fuera de gran aceptación popular, cosa lejos de alcanzar. Sin embargo, el objetivo y sueño común es lograr la terminación de una absurda guerra con la agrupación armada más vieja del continente. Ese siempre ha sido el deseo de la mayoría del pueblo colombiano.

 

Al inicio era entendible la postura especialmente del Centro Democrático, quienes antes de la firma del primer acuerdo, expresaban su inconformidad por ciertos temas nocivos al país; hecho que llevó a revisión inmediata por todos los implicados, concluyendo hacer un nuevo pacto que recogiera los aportes de los promotores del NO. El trabajo se hizo, dejando en firme que Uribe Vélez y su combo, jamás pensaron seriamente en hacer parte de la iniciativa pacifista que propone el gobierno.

 

Hoy cuando se ha definido que la refrendación del nuevo acuerdo de paz será en el Congreso de la República, salen los radicales uribistas a decir que se debe revocar este ente legislativo, que no son dignos representantes del pueblo y proponen que antes de dar este paso primero debe elegirse un cuerpo legislativo honesto, que recoja la verdadera representación de la sociedad. Definitivamente queda demostrado, si para los demás es blanco, para los del Centro Democrático será negro. Es una contradicción absurda que nunca llevará a una concertación racional.

 

Y como si esto fuese poco, al jefe natural de este partido de oposición se le ha ocurrido la brillante idea de una ‘resistencia civil’, frase que en su momento llevaron a la realidad grandes líderes del mundo como Gandhi y Martin Luther King, con la inmensa diferencia que esta oportunidad es para ahondar un conflicto armado que a torturado a la patria desde hace 54 años; en otras palabras, complacer un capricho de político resentido, por encima de la necesidad popular. La tal ‘resistencia civil’ del patrón del Ubérrimo es otra de las estrategias engañosas para continuar embaucando a desprevenidos que duermen el sueño de los inermes.

 

A medida que avanzan los días, los uribistas camuflan más estrategias para seguir intentando sabotear lo que la mayoría de nacionales han solicitado desde distintas ópticas, la paz. Con la posición que han tomado en estos días, queda despejada la duda si alguien pensaba que estos personajes del Centro Democrático estaban dando un debate en beneficio de los oprimidos. Con la firma del segundo acuerdo entre gobierno y las Farc, es responsabilidad de los colombianos aunar esfuerzos para fortalecer esta iniciativa pacificadora que abre las puertas a una nueva patria.

 

‘La resistencia civil’ propuesta por el expresidente Uribe es la esencia de una venganza putrefacta que carcome la sensibilidad de la gente que aún cree que este servidor público se preocupa por el bienestar popular. Es ridículo e irrespetuoso ante los que piden cambio, que para llegar a la terminación de una degradante cacería humana, se tenga que firmar dos veces unos acuerdos cuya finalidad es evitar miles de muertes. No se entiende como una persona para satisfacer su ego, tenga que aprovecharse de la inocencia e ignorancia de millones de compatriotas.

 

Colombia si necesita de una resistencia civil, pero para acabar definitivamente con la violencia política; esa que le permita a los menos favorecidos y vulnerables gozar de sus derechos y disfrutar de las bondades del Estado. No tiene sentido la existencia de un partido o movimiento político que vaya en contravía de los intereses colectivos. Es deber de cada ciudadano desprenderse de cualquier indicio de fanatismo electoral y abrirse hacia nuevos espacios de participación, siempre con el objeto de engrandecerse como persona y comunidad.

 

La ‘resistencia civil’ propuesta por Álvaro Uribe Vélez, es otra andanada más que permite demostrar su esquizofrenia y grado de manipulación. El país no puede caer en provocaciones en este paso histórico, que indudablemente transformará positivamente la existencia de millones de personas.

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