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Respiracion artificial – Ricardo Piglia

Por: William Fernando Lucero

Respiración Artificial, es la primera novela de Ricardo Piglia, fue publicada en 1980, se basa en algunos hechos autobiográficos, una de esas historias familiares que él toma para darle forma de ficción, perfeccionándola y pensándola a lo largo de los años, tanto en los diarios que lleva desde la juventud, como en sus narraciones, desplazando la acción hacia su alter ego: el escritor y periodista Emilio Renzi.

La historia familiar que Piglia reconstruye es la de su tío materno, Marcelo Maggi, que se dedicó durante años a ordenar y descifrar las cartas y documentos de Enrique Ossorio, quien fuera secretario personal de Juan Manuel de Rosas (posiblemente entre 1835 y 1849), una especie de doble agente, que trabajaba para el Restaurador mientras lo espiaba y enviaba información a los unitarios, enemigos políticos y militares del régimen.

En la primera parte, la búsqueda de la verdad sobre los hechos que rodearon el fracaso personal y profesional de Marcelo Maggi, que circula en la familia como algo deshonroso y en distintas versiones, enfrenta a Emilio Renzi con la oscura vigilancia de las fuerzas de inteligencia, todo poderosas durante la dictadura militar argentina de los años setenta. La narración deja ver el grado de eficacia que alcanza el estado como complot para vigilar y manipular la realidad, ni siquiera la correspondencia se escapa de ser intervenida: desde la sombra operan los guardianes de la dictadura, su propósito institucional es descifrar en la investigación del profesor Maggi y en las cartas que intercambia con Renzi, cualquier clave de una conspiración contra la historia oficialmente aceptada o contra el gobierno militar que detenta el poder. Ese rol maquiavélico del estado es ejercido por Arocena, un funcionario paranoico que trata de sacar a la luz el significado oculto de los documentos que intercepta, concentrando en su actividad las labores de último lector y detective.

La segunda parte, que es la más profunda e interesante, se ocupa del viaje de Emilio Renzi al pueblo donde se refugia su tío: Concordia, Provincia de Entre Ríos. Allí, mientras espera a Maggi, tiene lugar una conversación en el Club Social con tres personajes muy singulares: el polaco Vladímir Tardewski, el conde Tokray, exiliado ruso, y el periodista Marconi. Con ellos Emilio Renzi habla de Tolstoi y la Rusia Zarista, del exilio y caída del polaco desde las aulas de Oxford hasta ese pueblo olvidado, de la obra de Jorge Luis Borges y las dos líneas que constituyen su ficción: por un lado, los textos de citas fraguadas, apócrifas o falsas, bromas refinadas que él hace remitiéndose al europeísmo dominante en la cultura argentina, y por el otro, la línea opuesta a ese europeísmo, que tiene como base la gauchesca y como modelo el Martín Fierro, los cuentos de orilleros y guapos, o lo que podría llamarse nacionalismo populista.

Esa charla nocturna es el espacio adecuado para revisar el Pierre Menard y el Quijote Apócrifo y para descubrir que Menard no es un personaje imaginario sino real, porque se trata de Paul Groussac, intelectual e inmigrante francés a cuya costa, Borges habría tramado la más sangrienta de sus parodias. También queda tiempo para hablar de Malcolm Lowry, James Joyce y Roberto Arlt, considerado por la tertulia como el único escritor verdaderamente moderno que produjo la literatura argentina del siglo XX.

Tardewski, el personaje detrás del cual se esconde Witold Gombrowicz, cuenta su teoría sobre el posible origen de las anécdotas y argumentos que utilizó Kafka para escribir relatos como En la Colonia Penitenciaria y El Proceso. El polaco descubre extrañas coincidencias en una lectura (tal vez equívoca) de Mein Kampf, y de los diarios y cartas de Kafka: ¿Se encontraron Hitler y Kafka en el café Arcos, en Praga durante 1910? ¿Fue en ese inverosímil cruce donde Hitler le habló a Kafka acerca de los campos de concentración y el genocidio antisemita? ¿Fueron las palabras atroces del futuro Führer lo que Kafka trasladó a la literatura en las narraciones citadas? Piglia responde estas preguntas aplicando la técnica de Borges que sus personajes dilucidan: es posible leer premeditadamente mal o de manera desviada cualquier texto, y después, con base en esa lectura, construir ficciones.

Respiración Artificial deja que se borren los límites entre literatura e historia, entre realidad y ficción, su trama desarrollada sobre cartas, relatos inconclusos, alusiones, homenajes sutiles a otras obras y autores, referencias intertextuales y lecturas conjeturales, viene a materializar el anhelo estético de Walter Benjamin: escribir una obra literaria exclusivamente compuesta por citas. Ahí radica la genialidad de este libro, porque trasciende las fronteras de su género, es un texto múltiple donde confluyen la autobiografía, la crónica, la escritura epistolar, el ensayo y la crítica literaria, tomando la estructura formal de una novela.

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