Samaniego: múltiples y lentas agonías

Por: Harold Montufar Andrade

Ese lunes 20 de mayo a las 6.30 pm, transité en camioneta por la glorieta de los músicos, en el casco urbano de Samaniego. Tres cuadras más adelante, bajamos de la Van con las cooperantes de universidades europeas a comer empanadas en la cafetería de Salome y Haiver. La primera llamada telefónica que recibí fue la de mi mamá, que asustada había sentido una balacera cerca a la casa. Siempre un tiroteo es mal presagio, de que mataron a alguien. Luego varias personas confirmaron la noticia: asesinaron a la Personera.

Ese mismo día habían asesinado otras personas. La semana anterior a dos. Quince días antes ultimaron a un reconocido agricultor del resguardo del Sande. Un mes atrás sucedían dos homicidios más. Y así desde comienzo de año, más de treinta almas han caído en Samaniego por atentado con arma de fuego. Pero el año 2018 también fue catastrófico, algunos llegamos a contabilizar cerca de 90 homicidios, aunque las autoridades creo reconocen aproximadamente 50. En esta segunda semana de junio los homicidios continúan, silenciaron también la voz de un locutor de la emisora Samaniego estéreo y en el mismo día segaron la vida de otro mototaxista. Cualquiera que sea la fría cifra de homicidios por arma de fuego, la comarca waycosa se desangra por la muerte violenta.

En el periodo de conflicto armado de Samaniego, que inicia desde 1984, han muerto por arma de fuego, minas antipersonal y explosivos cerca de 1.000 conciudadanos. La gran mayoría civiles. Entre ellos el alcalde Alejandro Bastidas, los concejales Arturo López y Vicente Ortega, una directora del CTI, un fiscal, algunos profesores, varias mujeres, innumerables líderes sociales – campesinos. También varios integrantes de las fuerzas armadas (policía y ejército), guerrillas, disidencias y paramilitares, la gran mayoría oriundos de nuestro municipio.

La guerra duele. Por eso, desde este espacio brindo mi solidaridad a la familia de Paola la personera, a la familia de la emisora Samaniego Estéreo, como también acompaño a todas las familias que han perdido sus seres queridos. Hace varios años atravesamos por múltiples y lentas agonías del territorio, somos 17.145 víctimas. Duele profundamente que nuestro pueblo y veredas sean escenarios de guerra y confrontación, teniendo en cambio inmensas y significativas cosas buenas que mostrar. Convoco a que todos hagamos una oración (cualquier religión o creencia) para que la venganza, la muerte y la tribulación cesen.

De igual manera convoco a que todas las fuerzas políticas, económicas, étnicas y sociales vuelvan a hablar de gestión territorial de paz, a pesar de los egos y la diferencias a que encontremos un objetivo común: la paz estructural. A candidatos y candidatas a que aprovechen el espacio de las elecciones municipales para que incorporen en sus programas de gobierno los acuerdos o convenios locales paz, reconciliación y vida. A que volvamos a hacer un pacto para gestionar los asuntos buenos y bonitos del Wayco que nos lleven al buen vivir. De igual manera a que hagamos un esfuerzo de juntar todas las expresiones de construcción territorial de paz y conformemos una sola expresión por la convivencia territorial (Pacto local de paz, Consejo municipal de paz, Mujeres sembradoras de paz, Paz para Samaniego, Redepaz y muchas más).

Que las múltiples y lentas agonías de la fratricida guerra se conviertan en diversas y presurosas acciones de vida. Que la música, el paisaje y la cultura sean el bálsamo o la cura para encadenar a la muerte violenta. Que la conversación tolerante sin construcción de enemigos, sea lo que nos una en lo que somos: la waycosidad. Que el valor del dinero o las cosas materiales, no sean superiores al valor de la existencia, la fraternidad y la tolerancia entre paisanos. Que la vida, la paz y la alegría vivan por siempre en Samaniego, Nariño y Colombia.

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