San Caralampio primer abogado contra la peste y el aire contagioso

Queridos amigos y lectores:

Consecuentes con esto de la pandemia que ahora padecemos, aquí va de cuento, con otro que, aunque parece de fábula, viene como anillo al dedo, muy apropiado al tiempo adverso que vivimos. Resulta que, en mi biblioteca merodea un duendecillo que, a veces, me traspapela y esconde lo que más busco o requiero para mis labores. En estas andaba, cuando, el rato menos pensado ni esperado, me topé con una vieja curiosidad de curiosidades, sin recordar, cuando ni porqué vino a mis manos.  Vamos, entonces, a lo que más nos inquieta.

Se trata, nada menos que, de una Novena dedicada al culto del ínclito presbítero San Caralampio, primer abogado contra la peste y aire contagioso, adoptado por el mismo Jesucristo, dispuesta por el Dr. D.J.M.R.H. Una novena publicada, con las licencias necesarias en México, en la imprenta de Don Alejandro Valdés, en el año de 1822. Como quien dice, hace la nonada de ya casi dos siglos.

No obstante, el tiempo transcurrido, como “no hay nada oculto bajo el sol”, según su contenido y forma, a nuestro parecer, con el cambio de una sola letra, que San Caralampio me perdone, más que una simple novena se trata, lisa y llanamente, de una brevísima novela del más trágico acontecer histórico, que se remonta a los tiempos del Séptimo Emperador Severo.

Así podemos leerlo en la reproducción de semejante documento, hecha hace más de un siglo, en el año de 1908, en la Tipografía Caldas de Manizales, con el título de San Caralampio primer abogado contra la peste y el aire contagioso. Aquí nos enteramos de los espeluznantes episodios vividos y padecidos por el “esforzado predicador de la fe de Jesucristo, San Caralampio, que despreciando los edictos del impío Severo que le mandaba sacrificar los ídolos, les enseñaba a los hombres el camino de la salvación”. Éste, el humildísimo y esclarecido sacerdote que “siendo herido con agudos clavos todo el cuerpo y atado de su barba le condujeron de Magnesia a Antioquía los crueles soldados del Emperador Severo, sin que abriese sus labios para quejarse y defenderse de tan inicuo proceder”.   Éste, “el poderoso, ínclito atleta de la religión cristiana, que convirtiendo a los habitantes de Antioquía con la multitud de prodigios que, ante la indignación del Cesar, quien mandó que le apedreasen sus carrillos y pasaran cerca de su rostro teas encendidas, esas llamas se apartaron de su dirección y dirigiéndose a los circunstantes quemaron a setenta soldados”.

Luego del relato de estos y otros episodios, en cada uno de los días de la novena; en el último, se implora venerar la memoria de este siervo bienaventurado, héroe y mártir de unos hechos que parecen inverosímiles; y se implora, así mismo, que se conserve su memoria, para que nos libre del hambre, de la peste y de todo aire contagioso. Así mismo, se ruega que nos libre “del tedio de la vida y de todo mortífero contagio”.

Definitivamente, San Caralampio, primer abogado contra la peste y el aire contaminado, “nada nuevo hay bajo el sol”, límpianos, lo más pronto, de esta infausta epidemia que, en mala hora padecemos. ¡Que así sea!

VICENTE PÉREZ SILVA

Angasnoy (Refugio del Condor), La Calera, sábado 27 de junio de 2020

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