Se decreta luto y se suspende el Carnaval

En la historia reciente del Carnaval de Pasto se conocen algunos hechos que han motivado la suspensión de su celebración. Sin embargo, el Carnaval está tan enraizado en los sentimientos de las gentes del sur, que no ha sido posible que eso se cumpla. Entre otras cosas porque la esencia de nuestro carnaval es el juego y con gran arraigo popular. Se juega en todos los espacios posibles: la familia, el barrio, la plaza o en los mismos lugares de trabajo, pero el Carnaval no se detiene por más que se quiera argumentar.

La primera ocasión en que se quiso parar los festejos populares se dio en 1950, por solicitud del obispo de Pasto, Emilio Botero González, teniendo en cuenta que el papa Pío XII pide que se suspendan todas las celebraciones paganas, ante los anuncios de una nueva teología que identificaba lo natural y sobrenatural, contraria a la doctrina vaticana. Ante la desobediencia de la gente, el obispo tomó represalias cerrando los templos por tres días.

Un segundo intento se dio a raíz del accidente aéreo del avión HK 161 de Avianca en el cerro Tajumbina. En este siniestro, ocurrido el 24 de diciembre de 1966, fallecieron los 28 ocupantes de la aeronave. Por intercesión del obispo de Pasto de aquella época, Jorge Giraldo Restrepo, le pide al gobernador de Nariño, José María Salazar Bucheli, que declare el duelo regional, se suspendan los festejos de enero y manifiesta la intención de declarar campo santo, ante la dificultad de rescatar los cuerpos.

Se debe tener en cuenta que el Gobernador tenía un alto poder decisorio, puesto que era nombrado por el Presidente de la República. A su vez el Gobernador nombraba a los alcaldes de los municipios del departamento. Además que los municipios no contaban con un presupuesto muy amplio. Esto hacía que para tomar una decisión de estas se acudiera a la autoridad del Gobernador.

El 12 de diciembre de 1979, a las 2:59 a. m., se presentó un terremoto con magnitud de 7.9 en la escala de Ritcher, uno de los más grandes del siglo XX,  que fue sentido en gran parte del país. Su epicentro fue ubicado a 75 kilómetros de Tumaco, en el Océano Pacífico, lo que dio origen a un tsunami con tres olas de hasta 6 metros de altura. La zona más afectada fue la costa pacífica caucana y nariñense; literalmente fueron arrasados El Charco, San Juan de la Costa, Mosquera y algunos caseríos. El saldo fue de 454 personas fallecidas, mil heridos, 3.000 casas destruidas y 2.000 afectadas.

El Municipio de Pasto, que se preparaba para los festejos de principio de año, en cabeza de su alcaldesa, Leonor Ortiz Portilla, decretó luto y suspendió el Carnaval de Negros y Blancos y el dinero que se destinaría para su organización, se da la orden de donarlo a las víctimas del maremoto de la costa pacífica nariñense. De lo que se conoce, sería la única vez que se tome tal decisión.

Efectivamente, los actos que eran organizados por la Junta de Carnavales, que por lo general se conformaba faltando poco tiempo para la llegada de las fiestas, se suspendieron, por lo tanto no habría presentación de orquestas, desfiles ni premios. El dolor que vivía la sociedad la nariñense por la suerte que corrió la costa pacífica así lo ameritaba.

En el año 80 no hubo premios ni orquestas patrocinadas por la Alcaldía, pero como los artesanos ya habían adelantado sus trabajos, los sacaron a exhibir en un desfile espontáneo; la gente no dejó de untarse de cosmético el 5 de enero y el 6 lanzar polvo. No faltó la música: hubo empresas privadas como Transipiales que decidieron patrocinar las orquestas, montaron las tarimas y se prendió la fiesta. Y… “¡Qué viva Pasto, Carajo!”.

La celebración del Carnaval con tarimas para el público solo se inicia a partir de 1973, antes las fiestas solo eran privadas en salones como el Club del Comercio, el Club Bancario o el Hotel Pacífico. El pueblo bailaba con la música que salía de los balcones o recorrían las calles de un lado para otro pintando con cosmético o lanzando talco.

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