Sobre el libro Esclavitud en la costa pacífica del ecuatoriano Fernando Jurado Noboa

Nota: Iniciamos una serie de publicaciones que buscan dar nuestra apreciación sobre la lectura de algunos libros que hacemos; no sobra decir que éstas tienen la carga subjetiva del lector, por eso nos limitamos a dar nuestras humildes opiniones.

Jurado Noboa, Fernando. Esclavitud en la costa pacífica. Iscuandé, Tumaco, Barbacoas y Esmeraldas. Siglos XVI al XIX. Quito: Ediciones Abya Yala, 1990, primera edición, 464 p.

Debo confesar que el sugestivo título llamó mucho mi atención, era un libro que había visto referenciado en algunas revistas dedicadas al tema de los afroamericanos en el sur de Colombia y norte de Ecuador, sobre todo cuando se intenta rastrear tanto sus orígenes en este continente como su legado respecto a la búsqueda de la libertad, su cotidianidad y sus costumbres transidas de un continente a otro, forjando así un sincretismo que terminó por configurar a los negros americanos.

El libro está dividido en 6 partes cronológicas, así se pasea del siglo XVI en plena Colonia, hasta el siglo XIX en la época de la Independencia; sin embargo, en cada capítulo se describe más a los esclavistas que a los negros esclavizados, esto obedece al interés del autor, ya que es un genealogista que tiene en su haber varios libros dedicados a mostrar la hidalguía de familias ecuatorianas y colombianas, especialmente de Nariño y Cauca.

En cada capítulo se recurren a archivos y a otros textos para mostrar, por ejemplo, el número de esclavos que existían en cada mina o en cada pueblo, el análisis, sin embargo, se queda únicamente en lo cuantitativo y poco se analiza lo cualitativo, es decir el papel que jugó realmente el negro en la construcción de la sociedad colonial, particularmente en ciudades auríferas como Barbacoas o Iscuandé; se narra el maltrato a los negros como cuestiones anecdóticas, pero no hay un análisis social y psiquiátrico del mismo, ya que la mera cuenta de los latigazos, sacados de los expedientes, no permiten comprender las dinámicas sociales que concurren entre amos y esclavos.

Además, dentro de las fuentes primarias consultadas, asombra que únicamente se haya recurrido a descendientes de los supuestos nobles que llegaron a estos territorios, no hay un solo referente directo de consulta a descendientes de negros, claro, los genealogistas tradicionales van en el fondo tras de una limpieza de sangre, razón por la cual no interesa el trasfondo social que sucitan las relaciones entre nobles y plebeyos, libres y esclavos, ricos y pobres. Esto se demuestra fácilmente con las descripciones de apellidos que son comunes en la zona, como los Díaz del Castillo, en donde la supuesta nobleza está por encima de la pobreza, del maltrato o de los juicios que se hayan hecho, tanto por maltrato como por lo que ahora llamaríamos enriquecimientos ilícitos.

Cabe abonar al autor el rescate, supongo que intencional, de datos que sirven, con toda seguridad, para otras investigaciones, dar los nombres de los apellidos indígenas es sumamente importante para la biogeografía del territorio, esto permite identificar los desplazamientos y la permanencia de las familias; algo semejante hace con los negros, pero en menor escala, ya que se dice lo obvio, como que los apellidos de los amos fueron tomados por los esclavos.

Parece que el autor, acostumbrado a los estudios genealógicos, acumula nombres y fechas, de ahí la metodología del libro, que no es otra que fecha, dato y brevísimos análisis; es bueno el relacionamiento que hace para identificar cruces familiares entre blancos, habría sido genial si hubiese así abordado el relacionamiento social que se da entre negros, indígenas y blancos en la Colonia, hasta llegar a la República, ya que en el libro el mestizaje parece abordado como un delito más que como un fenómeno social, esto obedece a los cánones aristocráticos que perviven en investigadores de hasta las tres primeras décadas del siglo XX, de ahí los árboles genealógicos que acompañan al libro. Por otra parte, se recurre a algunas fuentes secundarias, pero a veces se abusa de ellas, tal es el caso de la obra del maestro Rafael Sañudo, la cual es permanente citada y seguida, claro, esto permite a los neófitos adentrarse en la historia del sur de Colombia, pero quizá debió hacerse un cruce de informaciones con los demás fuentes consultadas, para así sacar sus propios aportes.

El acervo cultural y bibliográfico que maneja el autor muestran, con toda seguridad, su compromiso con el estudio de la historia, algunos datos despiertan el interés para seguir ahondando en el tema de los afroamericanos, la cronología da un primer brochazo en algo que la historia oficial fue o es renuente en reconocer: el aporte del negro a la construcción de la sociedad americana actual.

Lastimosamente la edición en papel periódico, sin una revisión del texto previa, razón por la cual se acude a la ya desusada fe de erratas, quita méritos a este texto y desdice tanto de la editorial como del autor, ya que cada libro debe ser un objeto agradable al lector, sin caer desde luego en las cursilerías de detallar únicamente la forma para perder peso en el fondo, hay libros que son bellamente editados pero que en el fondo no dicen nada. Lo importante es lograr un equilibrio, la sofrosine que tanto preocupó a los griegos.

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