Solo los tontos son importantes. La última obra del profesor Pablo Emilio Obando

“En esta vida, en este universo, en este plano de la existencia

nuestra única preocupación debe consistir en buscar la forma

de hacer únicamente lo que en verdad nos guste”.

Pablo Emilio Obando Acosta

 

El profesor Pablo Emilio Obando Acosta ha sido un prolífico escritor y literato caracterizado por su versatilidad, agudeza y profundidad en las diferentes temáticas que aborda. Con su pluma se han escrito más de mil publicaciones de carácter periodístico, investigativo, histórico, educativo y literario. Entre sus obras encontramos: La filosofía de la gallina, Testimonio de una insurrección ciudadana, Tomás Hidalgo Calvache, Apuntes para una nueva historia, La loca del muelle de San Blas, La controversia de Dodo, Historias tras la historia, Diario de un maestro de escuela, Belba o el país del rey Cáscara de Huevo, Luis Delfín Insuasty Rodríguez, El pueblo ante la historia, Apuntes para una nueva historia, El abuelo sobre la vejez, entre muchas otras que dan fe de su fuerza literaria.

En esta oportunidad se aparta de la narrativa histórica, de la novela, de lo técnico (eso sí conservando la crítica social que caracteriza todos escritos), para adentrarse en los laberintos de lo existencial. Algo que solo los hombres que han vivido la vida con la intensidad con la que aquellos intelectuales a veces incomprendidos enfrentan cada una de sus faenas lo pueden hacer y entender, porque sus emprendimientos los realizan siempre pensando en los demás, a través de esa entrega propia de quien entiende que nacimos para servir y no para ser servidos y en ese propósito encuentran su esencia.

De entrada nos muestra toda la potencia de su pensamiento en la expresión “este no es un libro para consolar a los mediocres, a los fracasados o resignados”. Tras estas duras palabras inicia una profunda reflexión sobre la importancia de lo realmente importante de vivir la vida en ¡plenitud!

A través de su propia experiencia Pablo Emilio nos comparte las habilidades que le han permitido disfrutar cada instante de su vida, de apropiarse de la existencia al punto de sentir que en las cosas sencillas está la verdadera y única razón de la existencia.

No todo lo que brilla es oro es el mensaje inicial que nos trámite el maestro. “Aquellos personajes que en nuestra sociedad han alcanzado el éxito son, por regla general, seres pusilánimes, mediocres, sin carácter y la mayoría de ellos frustrados y amargados. Destilan tristeza y amargura por donde quiera que vayan”.

Los cambios que experimentan las personas como los políticos y los poderosos los hacen olvidarse de lo esencial, de lo fundamental, de las enseñanzas esbozadas por escritores que han desechado el materialismo como Tendal, Kafka, García Márquez, Sócrates, Platón, Aristóteles y toda una pléyade de filósofos, escritores, historiadores, economistas y pensadores. Esto para sucumbir en lo fatuo y discurrir su vida en los círculos viciosos de la burocracia pública y privada y todos sus vericuetos; mientras en ese propósito de amasar poder y riqueza fracasan en sus hogares, son odiados por sus parejas y por sus hijos.

Pareciera que el autor nos quiere hacer un llamado de advertencia para que no caigamos en el error de alcanzar la gloria a costa de nuestra propia vida y la de nuestros seres queridos.

En su escrito Obando Acosta identifica de manera diáfana la gran diferencia que existe entre creer ser importante y ser realmente útil, para concluir que lo primero nos convierte en seres que agobiados por la rutina nos inhibimos de ver con nuevos ojos las maravillas de estar vivo, la simpleza de la vida, el amor de la familia; mientras que las personas sencillas han entendido que la vida es eso: “un extasiarse continuo ante lo esencial”.

La ausencia de ideales nos hace presa de nuestras propias indecisiones, “ciegos que guían a otros ciegos hacia su propia destrucción existencial” y sucumbimos ante las reglas de juego del mercantilismo; trabajar para un solo objetivo ganar dinero y olvidamos “soñar, elevarnos en los pensamientos hacia insondables sueños que den forma y color a nuestra existencia”.

A menudo esa su “importancia” los aleja de sus seres queridos conduciéndolos al hospital, al manicomio o al ascetismo obligado de una vida rodeada de soledades y vacíos profundos como abismos sin final.

Sus amigos se ven obligados a padecerlos pues nada aportan “al espíritu, al universo, al sentido único y veraz de que somos algo más que dinero”.

A través de la metáfora nos habla de la importancia de cuidar la naturaleza: “Las mariposas ya no encuentran espacio para su aroma y su volar”. Cada vez más la importancia social o económica nos arrastra a la destrucción de especies, hábitats y ecosistemas, cada vez más sentimos como el planeta se vuelve una cloaca en la cual depositamos los residuos de nuestra importancia.

El autor no tarda en revelarnos la identidad de la musa que lo inspirada se trata de Julia, una joven que conoció en los humedales de la vida. “Ningún ser tan feliz como ella que renunciando a la importancia social había encontrado la no despreciable posibilidad de una vida plena y realizada”.

Fue ella quien le expresó de la mejor manera posible la máxima que encabeza esta obra: “Solo los tontos son importantes”. Fue en ese momento que entendió que esa verdad la debíamos conocer todos los hombres y con la contundencia que lo caracteriza obtuvo la licencia para usar esa su frase, su concepto de la vida, su manera de comunicarse y entenderse con esos seres simples y únicos que con su trabajo y sencillez le aportan al universo. Desde entonces fue que el escritor entendió la necesidad de transmitir esa sutil pero trascendental diferencia en su misiva: el de ser útil y no ser importante.

El profesor nos trae como referencia a hombres de la talla de Gandhi, Mandela, Whitman, Fernando González y Gonzalo Arango (quienes a través de una vida sencilla nos dejaron grandes enseñanzas) o como Julia que “hacía estremecer a los vientos cuando sonreía, cuando renunciando a todo encontró la salvación para su alma de niña buena”. Y así a través de la prosa convertida en poesía nos describe todo su ser.

Luego nos desciende por lo trágico de lo cotidiano: “Una lágrima furtiva acaricia nuestro rostro como un mar hecho de ácido que nos carcome las entrañas”. Luego aborda ese inevitable examen de conciencia que determina cuál es la razón que mueve a las personas a luchar tanto para ser importantes, elucubrando en que quizás la respuesta se encuentre en las imposiciones de las cargas que nos demanda tanto la familia como la sociedad y que marcan una impronta para nuestro destino, el cual sucumbe en ese derrotero del conductismo de la educación formal que no nos enseña a vivir sino a sobrevivir en el perverso mundo de las relaciones sociales de producción, donde ser importante es lo que cuenta.

Pero así como encontró a su musa también ha encontrado en su camino seres de luz, que iluminan el alma humana, llevándola hacia senderos de paz y tranquilidad y ello considera, debería ser el destino de los hombres.

Su intención es aportar un granito de arena, llevar un sorbo de agua para los seres cansados y fatigados a través de su narrativa donde conjuga pensamientos y reflexiones, muchos de ellos producto de su propia experiencia e incluso soportado en la leyes de la física, de las matemáticas y hasta en la teoría de la evolución de Darwin; para a través de un exquisito lenguaje, verter en ese recipiente que a veces vacío, necesita que alguien lo alimente con la más deliciosa ambrosía que solo la experiencia combinada con la sindéresis propia de un intelectual de la talla del profesor Pablo Emilio Obando Acosta nos puede brindar.

Pero cuán difícil es la tarea de demostrar que solo los tontos son importantes; para ello nos trae a colación ejemplos de vida de viajeros, de banqueros y de personajes anónimos que nos demuestran que “en esta vida, en este universo, en este plano de la existencia nuestra única preocupación debe consistir en buscar la forma de hacer únicamente lo que en verdad nos guste”.

Atreverse a buscar espacios nuevos, a alcanzar nuestros sueños, dar ese paso adelante, al costado o hacia atrás es lo que marca la diferencia para salir de esa zona de confort que nos vuelve estáticos e infelices.

A través de este interrogante (¿por qué amargarnos la vida por ser importantes?) lanza su tesis central: “La felicidad no requiere de tanto esfuerzo ni tantos compromisos, está ahí, a la vuelta de la esquina, en esas manos frágiles de nuestros hijos, en esas miradas…”.

Esta reflexión me recuerda su discurso fundacional en el Centro de Pensamiento Libre, cuando esbozó de manera magistral al Dios de Spinoza enfatizando en cada detalle de su relato; en especial se me viene a la mente este aparte: “Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito… ¡No me encontrarás en ningún libro!”.

Dura crítica le merece el modelo educativo en Latinoamérica basado en la memoria, en la repetición, en la fe ciega del confesionalismo heredado de la conquista; lo que nos hace presos del letargo al que nos tiene sometidos la falta de innovación, de creación e investigación crítica, muy contrario a lo que sucede en Asia y en Europa, este modelo nos ha condenado a ser infelices, tanto como lo puede permitir la ignorancia que nos condena a ser países dependientes y subdesarrollados.

Todo esto lo hace para desatar que llegó el momento de rescatar y exaltar a los seres útiles a los hombres de convicciones profundas que permitan una transformación de la sociedad ante las grandes problemáticas del país, de Latinoamérica y del mundo entero; para ello se requiere de mentes frescas, que no se agoten en los buenos deseos sino que sus actos se trasformen en realizaciones que permitan una verdadera justicia social.

No tarda en mostrar su verdadera esencia, esa que heredó de Nelson Ovidio Obando, su padre. Es su talante político y democrático lo que le permite con toda autoridad explicar que un voto es un acto político y de los más serios, para concluir que únicamente cuando las masas entiendan esto será el inicio de la edificación de una nueva sociedad, una más justa, más tolerante, más equitativa y más compasiva.

Entonces lanza su segunda tesis: ¿para qué quieren el poder los tontos? Para alimentar sus egos y vanidades, para posar de seres importantes e imprescindibles; carentes de ideales optan por la avaricia y la arrogancia de sus propias estulticias.

Por el contrario, hay seres que en apariencia irrelevantes son poseedores de una voluntad férrea y poderosa, transformando sus entornos y su mundo para a través del ejemplo, inspirar a los demás a encontrar esos caminos que los lleven hacia la felicidad existencial.

En lo personal ha elaborado una lista taxativa de sueños y propósitos que piensa cumplir:

  • Sembrar un árbol
  • Sembrar muchas plantas
  • Escribir un libro
  • Viajar cerca y lejos
  • Vivir en una isla
  • Leer mucho
  • Salvar animales
  • Amar a mi compañera
  • No aceptar pensamientos ajenos
  • Vivir siendo útil
  • Impartir sonrisas a mis seres queridos
  • Hacer favores a los desconocidos
  • Existir con pasión
  • Disfrutar de toda experiencia
  • Aborrecer la injusticia promoviendo la equidad
  • Caminar unas cuantas cuadras diariamente
  • Soportar mis dolores y enfermedades con alegría
  • Admirar la belleza y promoverla
  • Llorar leyendo el libro que me gusta
  • Abrazar a los seres buenos y nobles
  • Querer a mi gata hasta el delirio
  • Escuchar música estirado en mi sofá
  • Ser loco en el buen sentido de la palabra
  • Prestar dinero a quien lo necesite aunque sé que no me pagará
  • No ahorrar para el futuro sino invertir en mi presente
  • Escuchar hasta el delirio a The Beatles y añorar a mis viejos amigos
  • Visitar a mis compañeros caídos en desgracia emocional o económica
  • Adquirir cada vez que pueda un acetato
  • Regalar un obsequio por el no cumpleaños o por nada
  • Comprarle un producto a alguien aunque no lo necesite
  • Gozar con Vivaldi una y otra vez… Una y otra vez…
  • No pretender ser importante renunciando a mis locuras existenciales
  • Estar siempre presente para los abrazos de mi hijo
  • No aceptar cargos burocráticos o que exijan horarios
  • Votar siempre a conciencia
  • Disfrutar plenamente del sexo
  • No pretender cambiar de actitud o de pensamientos para ser aceptado
  • Reír como loco, bailar y celebrar con los míos en el juego de sapo
  • Disfrutar de la naturaleza
  • Elevar siempre mi voz de protesta ante lo injusto e indecoroso

Como podemos observar, el maestro nos enseña que no se requieren grandes cosas para vivir, únicamente es necesario un cambio de pensamiento y una actitud dispuesta al aprendizaje.

La armonía con el universo es uno de los secretos imprescindibles para poder trascender, por ello considera que es más importante la bondad que la riqueza, la generosidad que la avaricia, el desprendimiento más que la posesión.

Finalmente nos regala su más bella conclusión: “Lo real y verdaderamente importante se lleva en el alma hacia regiones ignotas en las cuales ya no habrá días ni noches, simplemente existencia y plenitud”.

Confieso que fue un verdadero honor y un verdadero placer descorrer el camino plateado por mi amigo de la juventud, mi vecino de barrio y mi compañero de las aulas en estas letras que expresan las contradicciones de la naturaleza humana, que en gran medida son producto de nuestro modelo educativo y las presiones sociales. Felicitaciones al autor y un feliz recorrido para sus lectores.

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