Sólo ponen las gallinas: disquisición de lenguaje

A un maestro de derecho, quien había desempeñado varios cargos en su vida, entre ellos de magistrado, litigante, docente de varias universidades, impartiendo cátedra a muchas generaciones de abogados que lo conocimos como una eminencia, al hacerle una pregunta sobre la temática que se estaba discutiendo le dije: “le pongo como ejemplo…”. Y él, al dar respuesta a mi interrogante dijo: “Sólo ponen las gallinas”, haciendo alusión a que se debe emplear el verbo colocar.

Cosa tan ridícula, mi estimado maestro. Con ese cuentico que para mostrarse muy refinado, pretendiendo hacer uso de un lenguaje más elegante, muchas personas, de manera deliberada, reemplazan el verbo poner por colocar, y, por supuesto, entre uno y otro hay una diferencia sustancial, no es lo mismo.

Según la Real Academia Española (RAE) el verbo poner tiene 46 acepciones, mientras que colocar sólo tiene 4. Es inapropiado decir “me coloqué colorado”, “me coloqué alegre”, “me coloqué bravo”, “me colocaron la inyección”, “me colocaron una multa”, “me coloque nervioso”, “colocó la gallina un huevo”, “coloqué un ejemplo”. Sin embargo, profesores, periodistas, locutores, magistrados, jueces, médicos y profesionales de cuanta profesión existe, y personas de toda condición (con estudios y sin estudios) cometen esta barbaridad de “colocar” donde hay que poner.

En este caso también existe la posibilidad de combinarla con prefijos como: anteponer, contraponer, deponer, exponer, reponer, disponer, y no admite que sea reemplazada. Solo basta imaginar cómo sería de otra manera, y con ello aprender a expresarse adecuadamente, comunicar de manera pertinente, hablar con seguridad y demostrar una personalidad consistente.

Y si no es lo mismo, ¿cuál es la diferencia? En el caso de colocar, en su acepción más amplia, es poner en el sitio que corresponde, hay un espacio previamente destinado para tal efecto, no es simplemente poner. Un ejemplo característico es: aquella lámpara hay que colocarla en la mesita de noche. En este caso es colocar porque hay un lugar específico para tal fin; la lámpara se ajusta a las necesidades de un espacio adecuado.

En cuanto a las cuatro acepciones aceptadas tenemos: “poner a alguien o algo en su debido lugar”, “invertir dinero”, “acomodar a alguien poniéndolo en un empleo” y “encontrar mercado para algún producto”. Algunos ejemplos serían: Cuando abro un CDT (Certificado de Depósito a Término) estoy invirtiendo dinero que me va a reportar rentabilidad, es la colocación del dinero, o cuando se invierte en la bolsa de valores, hay colocación de capital.

Pero también en el caso de dar empleo o situar algo en su lugar: “coloqué a mi amigo de asistente en la oficina”, por algo le llaman ‘coloca’. Pero también, un producto del supermercado, que es nuevo o que necesita impulsarse, se dice que hay que colocarlo, que no es más que posicionarlo mediante la promoción publicitaria en los medios o mediante estrategias de mercadeo.

Todo lo que no sea colocar es poner, que es la mayoría. Las 46 acepciones del verbo poner le permiten hacer fiesta con el lenguaje, embriagarse con las expresiones relacionadas con el verbo colocar, pero bailar un sinfín poniendo música variada: poniendo atención a las melodías, sin ponerse nostálgico, poniéndole emoción, pero colocando el florero en la mesita de centro, que decora muy bien.

La próxima vez escuche que están abusando del verbo colocar, dígales que pongan atención a lo que dicen y que mantengan la casa en orden, colocando los enseres en su respectivo lugar. Que colocar no es de gallinas, sino de gente sencilla que sabe poner la mirada en los pocos usos del “colocar”. De lo contrario, estamos supeditados a ser en materia de lenguaje limitados y pasar una gran pena ante tamaña ridiculez.

Comentarios

Comentarios