¿Somos corruptos por naturaleza?

Por: Aníbal Arévalo Rosero

Lo usual es que a diario nos quejemos de la corrupción en las esferas gubernamentales; les achacamos todos los males a los presidentes que han gobernado nuestro país y al actual. Preguntémonos hasta dónde tenemos responsabilidad cada uno de nosotros, ‘la materia prima del país’. Qué fácil es cuestionar a otros sin reparar en nuestra propia responsabilidad.

Los presidentes son elegidos por los ciudadanos, y, en mayor o en menor grado, ellos representan a ‘la materia prima’ del país que somos todos los colombianos. Somos expertos en robarnos la señal de televisión del vecino, nos colamos en las filas, llegamos tarde, sobornamos, nos pasamos los semáforos en rojo, adulteramos documentos, buscamos la manera de evadir los impuestos, nos valemos de amigos en la administración pública para que nos pasen por alto los trámites.

Si los congresistas, los presidentes, los gerentes, los alcaldes y gobernadores son corruptos, es porque nosotros lo cohonestamos cuando votamos sin conocer un programa de gobierno, cuando callamos si conocemos un hecho irregular. Es decir, estamos alimentando una conducta corrupta en nuestro país. Cuando nos limitamos a murmurar pero no denunciamos, nos volvemos cómplices.

Si somos servidores públicos, sustraemos los materiales de trabajo de la oficina o dependencia: lapiceros, papel, lápices. Pero también llegamos tarde y queremos salir antes de tiempo. No nos dolemos de lo público. Justificamos que si otros roban, por qué no lo podemos hacer nosotros.

Es el colmo: hasta los alimentos que se suministran a los niños en los establecimientos educativos se los roban. Con un mismo plato hacen posar a más de treinta niños para la foto, y luego la ración que reciben en realidad es una miseria. Esto es una muestra de los casos que se conocen, pero ¿cuantas veces será que se repite en otras regiones para beneficiar a contratistas corruptos?

El asunto no puede ser menor en los espacios públicos. Tiramos papelitos a la calle, y cuando se producen inundaciones echamos la culpa a la empresa de acueducto que no hace mantenimiento a los sumideros. Nos colamos en el transporte público. No hacemos como en otros países que los periódicos quedan exhibidos en una cajita donde deberíamos tomar uno y dejar su valor.

Le damos prioridad a las narco-telenovelas antes que dedicarle media hora diaria a la lectura. Preferimos el chisme y hablar mal del prójimo, que cuando lo tenemos cerca somos lisonjeros. Nos hacemos los dormidos en el transporte público para no cederle el asiento a un anciano, una mujer embarazada o una señora con paquetes.

Hacemos trampa para presentar un examen; nos inventamos excusas cuando llegamos tarde al trabajo en lugar de reconocer los errores. Si estamos en grupo y alguien ocasiona un daño o comete una travesura, nadie se hace responsable, pero si, por el contrario, se pregunta quien se merece un premio o reconocimiento, todos somos merecedores.

Así somos los colombianos, consideramos que todo lo bueno ocurre por nuestra acción, y lo malo es causa de los demás.  Utilizamos atajos, celebramos estruendosamente los triunfos deportivos, pero nos olvidamos de los hechos históricos. Nos cuesta pedir perdón por un hecho irregular, antes que nada lo justificamos.

La corrupción en nuestro país se da en todos los niveles, y no es suficiente con acusar de corruptos solamente a los políticos cuando también lo somos en una escala menor, pero que sumada puede ser mayor que la de los grandes corruptos. El país pierde grandes sumas de dinero por actos irregulares. Seguimos firmemente convencidos que los corruptos son otros mientras que escondemos la mano después de tirar la piedra.

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