Tres propuestas al oído de la sra Gisella Checa y sr Milton Portilla.

Columna DESDE NOD pakahuay@gmail.com

Por Alejandro García Gómez.

A raíz de la Feria Internacional del Libro de Pasto, celebrada entre el 24 y el 29 de septiembre de 2018, en el mes de octubre de ese mismo año yo hacía unas propuestas o sugerencias en mi columna DESDE NOD, con relación a ese magno evento –para mí, una de las expresiones intelectuales más importantes de nuestra cultura sureña, así no tenga el mismo ruido que el del carnaval ni el del los eventos musicales- y ahora, como comenzamos nuevas administraciones municipal y departamental, y con el único fin de que lo que ya tenemos mejore, para beneficio de nuestra amada región, me atrevo a proponerlas de nuevo a la señora Gisella Checa –nuevo Secretaria Municipal de Cultura- y al señor Milton Portilla –nuevo Director Administrativo de Cultura, quien repite-.

Continúo obstinado pensando que la aceptación de que la lectura -como costumbre vital del espíritu- es un proceso prolongado en el tiempo, que sólo algunas ciudades colombianas la han comenzado. Que ese “vicio”, a la larga, además de que fortalece indeleblemente nuestro ser ciudadano en su más amplio y profundo sentido de libertad y democracia, en lo económico también incrementará el negocio de los libros, claro. En nuestros municipios nariñenses no es si no comparar el copioso dinero que sus alcaldes queman en días y noches de fiestas de licor y tablados a sus muchedumbres, con el avaro que destinan a la lectura.

Con el debido respeto, reitero mis tres sugerencias en relación con esta feria -y con el acto de la lectura- a los dos nuevos secretarios de cultura, que caminan por una senda iniciada ya y que quizá cuentan con un mejor presupuesto. Mis propuestas:

1.- Convertir el evento de la Feria del Libro en un punto de encuentro familiar y de amistad. Para ello se debe transformar los espacios gratuitos de su programación en los ansiados lugares y fechas que cada año nos invitan al palique y la reunión informal de amigos y familia, alrededor de los libros. Innegablemente las autoridades deberán ampliar la efectividad y eficacia de los presupuestos para una variada programación dentro de las instalaciones.

2.- Erigir un stand –en la misma feria- donde se puedan intercambiar “libros leídos” (o “usados”). Éstos abarcarían todos los géneros de la literatura, de la historia, las biografías, etc. Nada libros técnicos ni escolares para el intercambio. Que el trueque sea un libro por otro, no importando su tamaño ni costo, etc. Todos los libros deberán ser legales, es decir publicados bajo los pasos de la ley. Con el tiempo se podría pensar en una institución o fundación (p ej la Universidad de Nariño o la Casa de la Cultura u otra) que, con apoyo institucional, tome para sí el trabajo de hacer una sede (o biblioteca) de estos libros donde cada lector vaya e intercambie lo que necesita, señalando un número de cambios hasta cierto límite –por día o semana, etc-, durante todo el año. Sé que algunas instituciones como la Biblioteca de la Universidad Eafit, de Medellín, tiene una larga y brillante experiencia en esto, al igual que la de Comfenalco, en la misma ciudad, que podría solicitarse para ser “aprovechada” (en el mejor de los sentidos). También se podría pensar, para inicio de año y una vez finalizado el carnaval, en un similar evento o centro para el intercambio de libros escolares.

Este trueque incrementaría –quizá lentamente- los niveles de lectura del universo de la población, cosa que a la larga aumentaría –también de manera paulatina- las ventas de los libros. Es decir, sería un “Gana-Gana” para todos, con una característica: no tendría reversa.

3.- Quizá la más difícil por los posibles egos políticos: que entre la Alcaldía de Pasto, su Concejo, la Gobernación de Nariño y su Asamblea, juntaran esfuerzos, voluntades y pre$upue$to para crear -en un acto jurídico- un Fondo Editorial (Nariñense) para una colección anual de autores nariñenses, nativos y “adoptivos” con arraigo reconocido. Que ese fondo posea herramientas jurídicas para comercializar una parte de las obras, aquellas que no se destinen al beneficio de los colegios, universidades y bibliotecas públicas del Departamento de Nariño y del Estado, para distribuirlas por medio de editoriales u otras ferias. Muy, muy importante es que quienes estén a cargo de estas publicaciones tengan reputadas y claras experiencia y solvencia en los saberes que la edición, la publicación, la difusión y la distribución requieren. Que este tipo de publicaciones no estén sujetas a la bonhomía del mandatario de turno (conozco la de la alcaldía del profe Pedro Vicente Obando, y en el pasado con la del profe Raúl Delgado). Que se convierta en norma institucional a cumplir. Que los jurados para la escogencia a la anual convocatoria sean -a toda prueba- confiables: éticos y competentes. Que además se contemple que, si el jurado en su sabio saber y entender, llegara a declarar desierta la convocatoria (por falta de calidad, a su juicio), se respete la decisión.

La única beneficiaria de estas propuestas sería la sociedad nariñense.

Nota.- Aunque no tengo noticia si mi “Carta abierta” (Informativo del Guaico 26.XI.2019 y Página 10, 27.XI.2019) a la señora alcaldesa de Sandoná –en ese entonces recién electa-, fue recibida por ella, voy a atreverme a sugerir a las autoridades de mi pueblo, que esta Feria del Libro de Pasto sea “aprovechada” –también en el mejor de los sentidos- y replicada en mi amado Sandoná. Tengo entendido que Ipiales ya la hace y no sé hace cuánto (¡qué envidia!). Sé que para esto se deberían recoger las experiencias, enseñanzas y consejos de quienes ya la han hecho (es decir, Pasto e Ipiales, hasta donde sé) y, obvio, apropiar, un presupuesto. Ojalá las autoridades de Sandoná acojan esta propuesta. 22.I.2020

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