Tumaco

El Liceo No. 21. Editorial.

Por: Eduardo Enríquez Maya
Senador de la República

Aprender y recordar las cosas buenas es como volver a vivir. Esto nos permite abandonar la amargura y el pesimismo para disponernos a transitar los senderos de la alegría.

Repasemos la historia. Tumaco fue fundado en 1640 por el padre jesuita Francisco Rugi. Erigido como departamento en 1908; fue municipio desde 1910 a 2018. Es Distrito Especial, creado por el Acto Legislativo 02 de 2018, de mi autoría; y su primera alcaldesa elegida por voto popular es Emilsen Angulo, mujer capaz y sensata para encarar las dificultades del presente.

Pasemos a otras páginas gloriosas de La Perla del Pacífico que hicieron latir el corazón de la patria: cuando es declarada como reina soberana de Colombia Stela Márquez Zawadsky, en 1959; y un año después, como Reina Internacional; y qué decir de Léider Preciado, tumaqueño de pura cepa (sin desconocer a las demás estrellas del fútbol como Willington Ortiz), hizo reventar las gargantas de emoción de todos los colombianos, cuando con su inteligencia y su coraje venció el arco de Túnez en el campeonato mundial de fútbol celebrado en Francia en 1998.

Y jamás olvidar la presencia del Santo Padre, Juan Pablo II, en 1986, llevando el mensaje de esperanza para curar las heridas con ocasión del terremoto de 1979 que tuvo como epicentro la costa pacífica.

Tampoco se puede dejar en esta cita con la historia, a los poetas nacidos en ese girón de la patria, como Guillermo Payán Archer, Faustino Arias (compositor de Noches de Bocagrande), o Francisco Benítez (compositor de Alma Tumaqueña) y a Nelson Ibarra, compositor del pasillo Esperanza.

En Tumaco por fortuna, hay un faro de luz, es la Universidad de Nariño que hace 35 años, aproximadamente, abrió las puertas del saber para esa juventud ávida de conocimiento. Su Rector, Carlos Solarte, es un insigne académico, comprometido luchador para que ese centro educativo amplíe cobertura y calidad para los hijos del Pacífico.

Llegó la hora de unir fuerzas. Tumaco nos necesita a todos para enfrentar a esa enfermedad cruel y devastadora, y dejar que su cólera ante la calma, muera como las olas bravas en la playa.

Traigo a mi mente al escritor romano, Lucio Apuleyo, quién expresara: «uno a uno todos somos mortales, juntos somos eternos».

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