Un circo que hace llorar

El ambiente electoral es asfixiante, en cada calle de la ciudad se ven vallas, afiches y pendones, que invitan a la fiesta de la democracia como le dicen a las elecciones parlamentarias, pese a que le digan fiesta, de alegría no tiene mucho y de democracia menos.

El problema con las elecciones es que están cargadas de mentiras y cinismo, la cultura política del país lo ha demostrado desde que tiene memoria. El mal hábito clientelista, la compra de votos y la fuerza coercitiva, hacen parte de esa denigrante costumbre de asistir a las urnas para elegir representantes.

  

Anteriormente, en los comicios electorales las votaciones eran manipuladas por las fuerzas armadas ilegales, que hacían influencia violenta o coercitiva. El inconveniente en algunas regiones del país se mantiene, pero ya no tiene la misma magnitud, pues se ha trasladado la coerción violenta al fraude electoral. Ahora es más relevante: la mermelada política y el clientelismo, aspectos sobresalientes de la cultura política nacional. Lo anterior demuestra que no hay ningún tipo de control para los procesos electorales, no existe una institución que garantice las buenas prácticas en las que se enmarca la democracia. Existen evidencias de clientelismo y corrupción que hacen parte de esa manipulación electoral, pues varias personas están obligadas a votar por quienes les ordenan sus empleadores, porque de esa manera llegaron a obtener el trabajo, o en su defecto, creen que de esta manera lo conseguirán. El fraude electoral está en el primer puesto, como factor de riesgo en las elecciones para el congreso, que se realizarán en marzo del presente año, según la Misión de Observación Electoral (MOE).

 

La cultura política colombiana, que de conocimiento del concepto democracia y responsabilidad social, tienen muy poco, demuestra cómo se manejan las estructuras políticas. En un país, donde el voto está garantizado por un: tamal, bulto de cemento y el puesto de trabajo, no puede ser nada alentador el futuro. El meollo del asunto es que muchos votantes no entienden cosas muy sencillas y pecan por ignorantes.

  

El fraude electoral se puede tipificar de varias maneras, no solo significa que se alteren las cifras y votos, o se reciban dineros ilegales y se alteren las finanzas al sobrepasar los límites permitidos, de hecho va mucho más allá. El hecho de prometer cosas que no se pueden cumplir, de tener en los avisos de campañas anuncios que falten a la verdad, ofrecer puestos o dinero a una comunidad por los votos, o sencillamente obligar a unos trabajadores de una institución específica a votar por algún candidato para renovar su contrato, ahí, en ese preciso momento, se está cometiendo fraude electoral.

 

En Nariño están en curso varias investigaciones por parte de una ONG, en la que se están recaudando pruebas para solicitar formalmente la investigación de las elecciones al congreso. Lo anterior, ha sido una obligación, pues los parlamentarios en el departamento de Nariño se dividen los cargos públicos para dominar cada uno alguna institución u órgano, para generar votos obligados o votos amarrados. De buenas fuentes se conocen algunos casos como el de Myriam Paredes; quien tiene dominio burocrático sobre CEDENAR y el SENA, que además lo comparte con Oscar Fernando Bravo. El caso de Manuel Enríquez Rosero que decide sobre los empleados de las distintas ESEs, CORPONARIÑO y parte de la alcaldía, que se la reparte con el Tato Álvarez, quien además tiene el dominio del Agustín Codazzi. En este anillo también está el representante a la cámara Berner Zambrano, a quien le suscriben dominio del INCODER, COMFAMILIAR y de la alcaldía, a quienes se les exige que tienen que llevar 10 números de cédula y nombres de quienes votarán. Eduardo Enríquez Maya en CONFAMILIAR y algunas vacantes en la rama judicial. Así mismo, Liliana Benavides que es ahijada de Myriam Paredes, cuenta con el apoyo en los juzgados y el ICBF. Guillermo García Realpe quien se le atribuye la secretaría de educación y el SENA seccional Tumaco. Y finalmente Mario Benavides a quien se le atribuye las personas que laboran en EMSANAR. Esa cuota burocrática tiene un altísimo precio electoral para algunos y económico para otros, pues los puestos no solo se cambian por votos sino también por financiación para la campaña, pues muchos puestos sencillamente se venden.

  

Nada más triste que ver a personas del sector rural y urbano, hace algunos meses indignadas durante el paro agrario, y hoy en día, apoyando de nuevo a los mismos candidatos. Luego de cada reforma y votación en las diferentes cámaras, luego de los escándalos que los han salpicado, el mayor cinismo es volver a lanzar una campaña electoral.

 

Pocas personas tienen el tiempo y paciencia para conocer de primera mano, cómo han votado y legislado los representantes y senadores, porque si lo conocieran por vergüenza no los volverían a elegir, pero es bastante tedioso observar los debates, para un público y una sociedad que carece del concepto de responsabilidad. En los próximos días haremos un recuento y ahondaremos en las acciones y sobretodo los resultados que han tenido cada uno de los parlamentarios en el congreso.

 

No obstante, hay una posibilidad: el voto en blanco, que es una alternativa para manifestar el descontento, pero la situación fuera distinta, si hubiera un poco de vergüenza en la clase política, pero no la hay. En ese sentido, se podría replantear que no es suficiente con manifestar, en el caso crítico de Colombia lo imperativo es elegir bien, pues de alguna manera el votar en blanco es desperdiciar el voto, pues quienes votan en blanco son personas con algún tipo de criterio, de opinión, y si lo que se pretende es cambiar la situación, lo que se debe hacer es votar por algún candidato diferente, para que al menos tenga la posibilidad de renovar el parlamento. Es imperativo por lo tanto, tratar de buscar una propuesta seria y verdaderamente representativa que compita con el voto amarrado y clientelista.

 

Por último, solo queda esperar que termine el suplicio de las elecciones, porque la contaminación auditiva y visual no da para más.  No se puede tolerar más la propaganda embustera, característica solo de unos payasos y embusteros, porque de políticos tienen muy poco.  Que se acabe el circo, que al pueblo en poco tiempo, solo lo hará llorar.

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