Un encuentro feliz

El Liceo No. 16-editorial

Por: Eduardo Enríquez Maya

Senador de la República.

El Gobierno Nacional, con buen criterio, decretó el aislamiento de prevención obligatoria por 19 días y, para esto, recalca en 3 reglas de urgente cumplimiento: quedarse en casa; no darle chance al virus para que se propague y así, estaremos salvando vidas, empezando por la nuestra.

Es cierto que no podemos ocultar el miedo, más cuando se escuchan admoniciones como estas: el universo está paralizado; el mundo cambiará para siempre; este problema apenas empieza, se avecina una tragedia.

A pocas horas de entrar en vigencia la cuarentena nacional, me acordé de la enseñanza de Dalái lama: «dejad ir a la gente que solo comparte quejas, chismes, prejuicios, problemas y noticias desatrosas», pues el pánico creado puede causar más daños que la propia pandemia. Todos nosotros tenemos que rechazar esos comportamientos y evitar a fondo su viralización.

Amigas y amigos: estamos dispuestos para tener un encuentro feliz en nuestros hogares y con la grandeza de alma derrotar a ese enemigo silencioso, con la fe puesta en Dios; en la fuerza de la naturaleza; escuchando a los científicos; aplaudiendo con júbilo patriótico a nuestras médicas, médicos, enfermeras, enfermeros y auxiliares, que en cumplimiento del juramento hipocrático se juegan la vida por todos aquellos seres que sufren de esta terrible enfermedad.

Los neurocirujanos aconsejan que en estos momentos difíciles, hay que enviar al cerebro mensajes de humor para evitar el estrés. Quiero contarles mis experiencias en estos días, entre otras, leer, cantar, barrer, lavar y aprender a cocinar con las estrictas lecciones de Ruth, de mis gemelas Sarita y Manuelita y claro, conversando frecuentemente con mis hijos mayores, Lina María y Eduardo, y mis nietas Lucía, Rebeca y Belén, disfrutar de sus pasitos, sus gracias y su ternura.

Una recomendación final: leer la obra «La Peste» de Albert Camus, este filósofo francés, en su novela, coincide con el momento actual. Veamos: cuando se le preguntó cómo combatir la epidemia? Contestó: «puede ser una idea ridícula, pero la única manera de combatir la plaga, es la desencia». Es decir, observando a plenitud los principios y reglas de comportamiento.

Me despido deseándoles un encuentro feliz en familia. Estamos en las manos de Dios.

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