Un nuevo amanecer.

Por: Edwin Rosero Casanova

En estos tiempos todo es confusión, Facebook saturado de información del virus, Instagram es más apacible, la cloaca de Twiter un sumidero de odios y extremismos patológicos, los precios de alimentos aumentan como espuma, empieza a escasear algunos alimentos, los curas desesperados por no tener feligreses, la policía queriendo poner orden, los pastores protestantes se esfumaron, los adinerados están en sus fincas, los provincianos han vuelto a sus pueblos por protección, la clase media rogando que acabe esto, las prostitutas estresadas por falta de clientes, senadores escondidos por vulnerables y viejos, alcaldes esperando pacientemente ayudas del gobierno central, contratistas frotándose las manos ante la avalancha de suministrar mercados con sobrecostos, médicos y personal de salud exponiendo sus vidas, el gremio camionero activo y pujante, campesinos siguen produciendo alimentos, y los pobres tuvieron que poner un trapo rojo en sus casas para advertir que están pasando hambre.

Los más optimistas predicen un cambio total en el planeta; los más pesimistas auguran que nada cambiará y todo seguirá igual, que en seis meses la pandemia será olvidada y nuestro cerebro lo asimilará como un recuerdo. El miedo a contagiarse con ese tal virus y caer en el viacrucis del sector salud aumenta el pánico y la zozobra; un virus nos alteró el 2020 y posiblemente nos altere nuestros hábitos de ahora en adelante. Asumo que ningún de ustedes ha proyectado qué va hacer el primer día cuando levanten el confinamiento, ni como lo van a asumir o sí todo será normal; habrá siempre excepciones que saldrán a luz pública y las conoceremos como experiencias de vida en confinamiento. Probablemente en diciembre del 2020 y principios de enero del 2021 haya un numero de compatriotas nuevos que nos vienen a acompañar en este valle de lagrima único y real.

La pandemia ha vislumbrado de qué estamos hechos como Estado, como sociedad y las verdaderas necesidades que afrontamos los colombianos; el efecto del confinamiento no ha escatimado a ningún mortal y el reclamo generalizado a los gobernantes. El único salvamento a nuestra salud mental es el sentido del humor que cada día le fijamos como un ingrediente más a este sancocho nacional, empezando por Duque en su afán de tomar el control y enviar un mensaje de tranquilidad en medio de esta crisis que él jamás pensó gobernar. Los gobernantes locales demostraron que desconocen la palabra descentralización, y en el afán de entenderla la mayoría han dado palos de ciegos.

Pertenezco al grupo de los optimista y convencido de un nuevo amanecer para el mundo y Colombia. Convencido que seremos más racionales y menos emocionales; mas amorosos que antisociales; más carismáticos que agrios; más solidarios que indiferentes; más exigentes que pacientes; prevalecerá el núcleo familiar, la amistad, la empatía, la clase media será menos arribista y los pobres menos ingenuos.

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