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Una fiesta original

Por: Édgar Bastidas Urresty

La vida dominical en las ciudades cambia de aspecto, se transforma, no sólo por el cese de los días laborables de la semana sino por el día que la precede. El sábado prepara el camino e introduce rupturas: los judíos por ejemplo lo consagran al culto divino, al Sabbat y los cristianos y otros humanos al descanso o al goce pagano. El sábado o sabbat en la Edad Media, los brujos y brujas, especie que hoy perdura bajo otros ropajes y oficios, con o sin escobas, lo celebraban en una asamblea nocturna y de agitación frenética.

El domingo en la civilización cristiana es el día dedicado al Señor y al reposo. Las actividades que se programan, de culto, de oración, los paseos campestres, las visitas a museos, la asistencia a conciertos musicales, a cine, son mínimas y están revestidas de mucha calma y discreción.

La ciudad suspende su ritmo habitual, de vida agitada, acelerada -hay menos circulación de vehículos, de gentes, menor bullicio- y toma otra cara, como si quisiera recobrar algo grato y perdido.

En provincia el contraste es menor y mayor el apaciguamiento dominical. Ciudades como Pasto son generadoras de tedio por la carencia de recreación cultural. Las pocas bibliotecas cierran los domingos; hay pocos cines que funcionan con deficiencias técnicas e incomodidades; el teatro al aire libre “Agustín Agualongo” que fue construido con los mejores propósitos de recreación artística está abandonado hace muchos años por la incuria y el desinterés oficial. No hay un gran parque -salvo el de Chapal, bien escogido por el lugar -pero con muchas carencias. Los de diversiones y recreos populares que había, casi perdieron ese carácter por haber construido en ellos un hospital, un centro de salud, y una biblioteca, que no presta los servicios en forma adecuada, por la pobreza de sus colecciones de libros y por ocupar un gran espacio del parque infantil.

En estas condiciones, la mayoría de ciudadanos, soporta un gran vacío espiritual y material. La vía de escape para la mayoría de gentes -con excepción de algunos privilegiados que disponen de carro y pueden pasear libre y plácidamente es la televisión, que por la mala calidad de sus programas, produce sueño, como compensación.

Pero la tabla de salvación para el escucha y el gozoso espectador ha sido, es el programa Fiesta Dominical, que creó, dirige con acierto y talento Francisco “Pacho” Muñóz, hace 45 años. Es un programa radial muy original que divulga el folklor campesino de la región para que se conozca y se valore. Tiene una vasta audiencia y prestigio y ha colocado a su director en un lugar de primacía en la cultura popular colombiana.

Este artículo fue escrito y publicado en octubre de 1999  y se reedita hoy con motivo de la muerte de Francisco “Pacho” Muñoz, ocurrida ayer, que hay que lamentar mucho, y con el que queremos rendirle un pequeño homenaje.

Pasto, en el curso en los últimos años, ha cambiado, en muchos aspectos. Ha crecido urbanísticamente, a tal punto que por falta de espacio físico los arquitectos y maestros de obra se han visto obligados a construir edificios de apartamentos en las alturas de la ciudad, destruyendo el bello paisaje rural.

La población ha aumentado aceleradamente y la ciudad no está en capacidad de ofrecerle espacios culturales, agravada por la supresión de la Casa de la Cultura por un gobernador iletrado, crimen de lesa humanidad, que los gobernadores posteriores no han sido capaces de refundarla.

Se han fundado nuevas universidades para suplir el déficit de cupos de la universidad de Nariño, que ojalá fortalezcan las necesidades académicas en un buen nivel.

Ante este oscuro panorama, corresponde a las autoridades tomar medidas para mejorar la calidad de vida de la ciudad.

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