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Una más de Uribe

Por: Aníbal Arévalo Rosero

 

Las calumnias proferidas por el expresidente y actual senador Álvaro Uribe Vélez en contra del periodista Daniel Samper Ospina, acusándolo de “violador de niños” son de suma gravedad porque forma parte de un ataque sistemático a la prensa, y es una actitud premeditada. Ningún colombiano puede ser difamado en las redes sociales ni a través de ningún medio, pero sobre todo cuando viene de una persona que tiene más de cuatro millones de seguidores en su cuenta de Twitter, además por el peso que representa una figura que está llamada a ser el ejemplo de la sociedad.

En un comunicado firmado por más 60 reconocidos periodistas se enfatiza en que ya es una costumbre del señor Uribe calumniar, y luego retractarse. Recordemos que en el año 2014 lo hizo con el periodista Holman Morris, a quien acusó de aliado con el terrorismo. Morris presentó una demanda penal que obligó al senador Uribe a retractarse en público y presentarle disculpas.

Sin embargo, parece que Uribe se siente con un poder omnímodo que no respeta a quien se le atraviese por el frente no siendo de sus simpatías, o, sencillamente, quien se atreve a criticarlo en cualquier medio de comunicación. Esta actitud lesiona de manera aleve no sólo la dignidad de la persona, sino la libertad de prensa y de opinión de quienes escriben sobre él, y que no lo elogian como quisiera.

Otro episodio más se vivió en años anteriores con el periodista Daniel Coronell, quien ha sido un crítico del expresidente; de manera especial con las columnas que publicó denunciando el enriquecimiento acelerado de los hijos de Uribe, los falsos positivos, las chuzadas del DAS de las que también fueron objeto varios periodistas, entre otros temas.

Retractarse no es suficiente. De todas maneras el daño ya está hecho, y con salir a los medios a excusarse no soluciona la lesión a los derechos y a la dignidad de las personas, en particular de los periodistas, quienes han sido objeto de las palabras calumniosas y como una manera de amordazar a la prensa, pues, no es otra la pretensión del señor Uribe cuando busca contraatacar con argumentos sin fundamento.

Ya es hora de que la justicia opere de manera eficaz y le imponga una sanción pecuniaria en favor de los afectados como un mecanismo eficaz para hacer valer el respeto que se merecen los periodistas, sobre todo los que trabajan con ética y equilibrio informativo en una democracia y en un Estado Social de Derecho, donde lo primordial es la dignidad humana.

Pero el expresidente Uribe debería pedir perdón y retractarse ante todo el pueblo colombiano por las temerarias afirmaciones que hace cada vez que tiene acceso a los medios de comunicación. No hace más que agenciar odio en cada palabra, buscando sabotear un proceso de paz que tantos esfuerzos ha costado reducir los índices de violencia.

Que se disculpe por la exposición fatalista y falsa que hizo en el Foro Concordia en Atenas, donde afirmo que Colombia era uno de los países más violentos del mundo, y que el proceso de paz había contribuido para aumentar la violencia y el crecimiento de los grupos armados y el narcotráfico. Pero además, en el mismo foro, se hizo pasar como Presidente de Colombia sin serlo.

Que se disculpe, que se retracte, porque en el Plebiscito por la Paz hizo campaña para que ganara el No con mentiras y engaños al pueblo colombiano. Las palabras de Uribe le causan tanto daño al país porque con su proceder sólo busca causar daño y sembrar cizaña para que no haya concordia y entendimiento con un país que mire hacia el futuro, y, por supuesto, permitir el verdadero juego de la democracia.

¡Señor Uribe, no cause más daño, evite calumniar e injuriar a la prensa y al país!

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