Una vida sin miedos.

Por: Vilma Figueroa Lucero

Me encontré de frente con el miedo. No pude reclamarle mi libertad arrebatada.

Difícil sustraerse, este 8 de marzo, de la desenfrenada violencia que hoy se ejerce contra las mujeres. A la memoria llegan rostros y nombres de niñas, adolescentes, jóvenes, adultas y ancianas vulneradas, vilipendiadas o  asesinadas por una profana mano o una voz que ordena muerte.  Ante este doloroso escenario, en el mundo, miles de mujeres gritan “el violador eres tú”, que puede ser el padre, esposo, amante, compañero, hermano, tío, vecino, aquel desconocido o el gobierno o el estado o una sociedad ajena e insolidaria.

Seguro nuestras valientes heroínas, aquellas que lucharon por una vida digna para los seres humanos, por la igualdad de derechos, por el trabajo y por quienes en su honor conmemoramos esta fecha, no llegaron a imaginarse que el patriarcado, fruto de un modelo que privilegia la posesión y la conquista, continúa en estas alturas de la historia discriminando a las mujeres y ejerciendo un poder que degrada,  desarraiga, veta y mata.

No se trata desconocer el invaluable avance en materia de derechos, producto de luchas constantes y pacíficas protagonizadas por las propias mujeres; sin embargo, persiste la desigualdad histórica,  a la que se agregan todo tipo de violencias que se ensañan para desalentarnos en el cotidiano afán por contribuir a construir mundos mejores.  Por ello, a las demandas constantes por los derechos humanos y civiles, nos corresponde  reivindicar el sagrado derecho de existir sin miedo.

En Colombia, para citar algunos casos, recordemos el cruel asesinato de la pequeña Yuliana Samboni. Hace algunos días conocimos el atentado de la profesora de la Universidad de Antioquía y lideresa social Sandra Fernández. En  Nariño, en 2019 fue asesinada Paula Andrea Rosero,  personera del Municipio de  Samaniego. En Tumaco, la gestora cultural Lucy Villarreal. En Pasto, Luz del Socorro Chamorro Landazury. En años anteriores se registró el  asesinato de la adolescente Amanda Julieth Narváez Obando y  la desaparición de Paula Nicole Palacios. Son diarios los reportes de violencias doméstica, sexual, atracos, eventos en los que las víctimas, en su mayoría son mujeres.

Según el Observatorio de Género de la Universidad de Nariño, orientado por la doctora Isabel Goyes Moreno, fuente de información oficial sobre la situación de las mujeres y la población lgtbi en el departamento de Nariño, en 2017 se registraba una tasa de violencia contra las mujeres de 3,48 por cien mil.

Si bien existen herramientas legales, como la Ley 1257 de 2008, “creada para atender específicamente la problemática de violencias contra las mujeres en razón de su género, sensibilizar, prevenir y sancionar toda acción u omisión que cause daño físico, psicológico, sexual, patrimonial y económico”, aún no se ha logrado, ni prevenir, ni atender el ataque contra las mujeres, sea en el ámbito público o en el privado.

Es urgente entonces la unidad para avanzar y persistir en la búsqueda de la paz, contexto en el cual será posible con mayor contundencia la protección y defensa de la vida sin miedo. Es perentorio facilitar el acceso a una justicia eficiente y eficaz, que no revictimice y la promoción e implementación de  cambios culturales patriarcales y políticas públicas en favor del cierre de brechas y la libertad.

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