Uribe y Petro terminaron imponiendo su voluntad.

Por: La Silla Vacía

Tras los buenos resultados que obtuvieron en las últimas presidenciales, los senadores Gustavo Petro y Álvaro Uribe le apuestan este año de elecciones locales a consolidar el poder en las regiones. Ambos desde sus respectivas colectividades (Colombia Humana y el Centro Democrático), en las que son considerados unos jefes absolutos o caudillos.

En ese sentido y pese a que en varios casos la militancia local llevaba procesos propios para elegir a los candidatos, en algunas zonas desconocieron esas circunstancias y terminaron imponiendo su voluntad.

Por ese camino, llegaron incluso a apoyar a las fichas de grupos políticos que antes criticaban.

Así lo concluimos tras revisar los procesos de elección de candidatos del Centro Democrático y la Colombia Humana en los departamentos y ciudades capitales de las regiones que cubrimos (Caribe, Bogotá, Cundinamarca, Antioquia, Eje Cafetero, Pacífico, Sur y Santanderes).

Lo hicimos luego de enterarnos de varios casos de quejas y molestias y, en concreto, encontramos 15 casos de dedazos que causaron algún tipo de malestar o se saltaron a alguien: ocho de Petro (para las gobernaciones de Valle, Nariño, Córdoba, Sucre y Atlántico y para  las alcaldías de Bogotá y Sincelejo) y siete de Uribe (para las gobernaciones de Huila, Córdoba y Santander y para las alcaldías de Bogotá, Neiva, Bucaramanga y Cali).

La mayoría de estas imposiciones generaron una ruptura al interior del movimiento petrista o uribista.

Los ‘dedazos’ con ruptura

El caso más mediático ha sido el del concejal de Bogotá Hollman Morris, quien va apoyado por Gustavo Petro a la Alcaldía capital, pese a tener fuertes cuestionamientos por maltrato y acoso a tres mujeres (incluida su esposa, que lo denunció penalmente).

Petro tomó la decisión de respaldar a Morris al no llegar a un acuerdo con la candidata verde Claudia López, quien había sido elegida por una alianza de fuerzas de centroizquierda e izquierda, sobre qué hacer con el metro de Bogotá (si hacerlo elevado o subterráneo).

Esta decisión hizo que un sector de la Colombia Humana, que rechazaba públicamente la candidatura de Morris por las denuncias en su contra, se retirara del movimiento.

Algo similar ocurrió en Sucre y en Nariño.

En Sucre, los nodos de la Colombia Humana habían definido que sus candidatos serían el excandidato al Senado por la lista de los ‘Decentes’ Adolfo Ordóñez a la Alcaldía de Sincelejo, y el líder de víctimas Juan David Díaz a la Gobernación.

Sin embargo, días antes de cerrarse la inscripción de candidatos, Petro trinó que su carta a la Gobernación era la empresaria Sonia Gómez Taboada, hija del exalcalde del municipio de Corozal Eduardo Merlano, un político tradicional que fue sancionado en mayo de este año, por la Contraloría departamental, por un detrimento patrimonial en un contrato firmado durante su Alcaldía.

Una semana después los coordinadores departamentales de la Colombia Humana emitieron un comunicado anunciando que, pese a la decisión de Petro, seguían respaldando a Juan David Díaz.

Un militante del petrismo local nos contó por fuera de micrófonos que, al preguntar la razón por la que designaron a Sonia Gómez como candidata, le respondieron de la dirección central que esto había sido parte “de un acuerdo nacional pactado desde el año pasado”. Esa misma vez les informaron que el candidato a la Alcaldía era Mario Ruiz, avalado por Alianza Verde.

Ante esto, las bases de la Colombia Humana lanzaron al aspirante Adolfo Ordóñez con el aval de la ASI.

En Nariño, el candidato que habían elegido los seguidores de Gustavo Petro a comienzos del año para la Gobernación era el ingeniero Carlos Santacruz, pero, cuatro días después de la inscripción de candidatos, cuando Santacruz ya se había inscrito, Petro anunció su apoyo al candidato liberal Luis Eladio Pérez.

Esto causó una ruptura en las bases de la Colombia Humana, pues un sector siguió apoyando a Santacruz, otro se fue con Pérez y otro busca una convergencia con otros candidatos.

Un malestar similar al que se vivió en el petrismo de Cartagena, cuando Petro anunció hace unas semanas largas por twitter que su candidata a la Alcaldía es la exmagistrada del Consejo Nacional Electoral, Adelina Covo, en momentos en los que sus bases se estaban definiendo entre otros aspirantes.

En su momento, en La Silla Caribe contamos que el asunto generó un división en la Colombia Humana cartagenera porque muchos líderes locales critican la cercanía pública que ha tenido Covo con la clase política tradicional (ella fue magistrada del CNE por el liberalismo y Cambio Radical, especialmente apoyada por Germán Vargas Lleras).

Del lado del uribismo, la decisión de Uribe de darle el aval a Claudia Lucero López a la Alcaldía de Bucaramanga y a la diputada antigay Ángela Hernández a la Gobernación de Santander también dividió a su partido.

En un principio, el candidato a la Alcaldía de Bucaramanga del Centro Democrático, elegido en un proceso de selección con cinco precandidatos, era Jhan Carlos Alvernia, pero, debido al lobby que hizo en Bogotá el senador liberal Miguel Ángel Pinto, el aval terminó en manos de su esposa (Claudia Lucero López).

Esto dividió a las bases uribistas que terminaron apoyando diferentes candidaturas.

Para la Gobernación santandereana, el ungido iba a ser inicialmente Jorge Cote, quien tenía el respaldo del representante uribista  Edwin Ballesteros.

Sin embargo, el aval se lo dieron a Hernández, quien fue una de las principales líderes del No en el plebiscito del Acuerdo de Paz, vía el senador Pinto.

Aunque Edwin Ballesteros está apoyando a Hernández, Óscar Villamizar, el otro representante uribista de Santander, se fue con el exsenador Mauricio Aguilar, carta del cuestionado clan de los Aguilar a la Gobernación.

Hay, también, imposiciones que van en contra de lo que decidieron las bases en un momento, pero que no causaron una ruptura al interior del partido.

Las imposiciones sin ruptura

En Bogotá, está la decisión del Centro Democrático, con la anuencia de Álvaro Uribe, de no apoyar a la concejal Ángela Garzón, quien había ganado dos encuestas internas, y darle el aval al exsecretario de Gobierno Miguel Uribe, avalado por el Partido Liberal, el Mira, los conservadores y Colombia Justa Libres.

Esto dejó a gran parte de las bases uribistas satisfechas, pues los más radicales del partido cuestionaban a Garzón por su origen liberal e incluso la veían como de izquierda.

En Cali, el Centro Democrático definió en marzo avalar al concejal uribista Roberto Rodríguez -el único de ese partido en la capital valluna- como candidato a la Alcaldía.

Si bien la idea del uribismo era cotizar a Rodríguez para que esa candidatura despegara para armar una coalición, eso nunca ocurrió, en buena medida porque las bases uribistas y el propio Uribe eran más cercanos al candidato por firmas y exsenador liberal Roberto ‘Chontico’ Ortíz.

Así las cosas, como contamos en su momento en La Silla Pacífico, a tres semanas del cierre de inscripciones el concejal Rodríguez fue despachado por el uribismo que anunció días después el apoyo oficial a Chontico y, con él, tratarán de derrotar a la izquierda que es fuerte en la región y cuyo candidato es el exalcalde verde Jorge Iván Ospina.

En el uribismo también hubo imposiciones del expresidente Uribe que no contradijeron decisiones tomadas anteriormente, sino que sirvieron para dirimir pujas internas.

Definir tensiones internas

Este es el caso del Huila en donde las cabezas del uribismo local, el senador Ernesto Macías y el representante Álvaro Hernán Prada, se disputaban los avales del Centro Democrático para los aspirantes de su cuerda.

Los candidatos de Macías eran el empresario Manuel Macías a la Gobernación del Huila y Cielo Ortiz a la Alcaldía de Neiva. Los de Prada eran Carlos Ramiro Chavarro a la Gobernación y Gorky Muñoz a la Alcaldía.

Macías fue el ganador de esta puja, pues a finales de julio el Expresidente decidió ratificar, en un mismo evento, su apoyo a Manuel Macías y a Cielo Ortiz.

Chavarro terminó avalado por Cambio Radical y los conservadores y Gorky recogió firmas (aunque cuenta con la maquinaria de los vargaslleristas).

En Córdoba, Uribe y Petro pusieron a sus candidatos, pero la imposición no se hizo de frente, sino de manera indirecta causando igual fracturas en sus partidos.

Y las imposiciones de ladito

El Centro Democrático en Córdoba avaló a la Gobernación al exsecretario General Carlos Gómez, conocido en el departamento por las volteretas políticas que ha hecho en los últimos años, por medio de una encuesta en la que el entonces aspirante sacó el 72 por ciento de los apoyos.

Sin embargo, el proceso de selección de candidatos fue duramente cuestionado por militantes del uribismo que incluso renunciaron al partido y a sus candidaturas.

Las quejas consistían principalmente en señalar que supuestamente no había garantías para los demás aspirantes, pues la senadora Ruby Chagüi, única congresista del uribismo en Córdoba y del corazón de Álvaro Uribe, estaba respaldando a Carlos Gómez.

La renuncia que más eco tuvo en su momento fue la de Abelardo de la Espriella Juris (padre del famoso abogado de derecha Abelardo de la Espriella), quien dejó el partido argumentando que no se habían cumplido las reglas para la elección de un mecanismo de selección.

Del lado de Petro, el candidato de la Colombia Humana a la Gobernación de Córdoba es el excandidato a la Cámara Valentín de la Barrera, pero no tiene el apoyo de todo el movimiento.

Esto sucede debido a que Petro nunca ha manifestado su respaldo a su candidato, sino que, por el contrario, ha hecho coqueteos  al candidato liberal Orlando Benítez, quien también es apoyado por el grupo del detenido exsenador Musa Besaile (preso por haber confesado pagar dos mil millones de pesos para desviar una investigación por parapolítica).

De hecho, a De la Barrera le negaron en un primer momento el aval y, debido a un comunicado en el que los coordinadores de la Colombia Humana rechazaron el apoyo “clandestino” a Benítez y pidieron que se respaldara la candidatura que habían decidido hace dos meses, se lo entregaron.

Sin embargo, de acuerdo a lo que nos contó un militante del petrismo, no han recibido de Bogotá ni recursos ni ningún otro tipo de ayuda para la campaña.

Esto ha hecho que muchos de los líderes del movimiento se hayan ido con las dos candidaturas que, por ahora, pintan más fuertes: la del actual uribista Carlos Gómez y la de Orlando Benítez.

De hecho, el capítulo de Montería de la Colombia Humana está de frente con Benítez.

Así, imponiendo candidatos a su manera y hasta haciendo alianzas con políticos que antes cuestionaban, Petro y Uribe vuelven a dejar claro que, aunque ideológicamente están en orillas opuestas, a veces coinciden en sus personalidades.

Fuente: La Silla Vacía

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