Venezuela: ¿el día después de caída de Maduro?

Por: Carlos Villota Santacruz*

En pleno siglo XXI, Venezuela el que debería ser uno de los países más ricos de la región se encuentra enfrentando niveles de pobreza sin precedentes, una severa crisis humanitaria y uno de los más altos índices de delincuencia en el mundo. La falta de insumos básicos y sustancias químicas, como el cloro para tratamiento de agua, ha dado lugar a un aumento de las enfermedades transmitidas por el agua. Lo peor es que la alta migración de sus habitantes a América Latina, Europa y Estados Unidos, abrió “la ventana” a un problema de salud pública, que a esta altura del año 2019, tiene pronóstico reservado.

Un hecho de orden internacional, que está en la mira del mundo por sus efectos directos y colaterales desde el campo económico, social y político, En palabras del Secretario General de la Organización de los Estados Americanos OEA Luis Almagro, lo que se ha registrado en el país que está en “boca de todos, es una tensión entre la ética y la política. Líderes que abusaron del poder”.

El enfrentamiento entre las ramas del Estado ocasionó el fracaso del sistema político y una ruptura de la gobernabilidad, lo que a su vez agravó las condiciones económicas, sociales y humanitarias del país. La inflación llegó a cifras nunca antes registradas, al igual que la disminución del Producto Interno Bruto. La deuda externa superó los 500.000 millones de dólares, es decir, el equivalente a 18 años de exportaciones de petróleo.

Bajo ese panorama, la caía de la “dictadura” de Nicolás Maduro no sólo se aceleró por cuenta de sus errores a la hora de Gobernar, de alejarse de la democracia, sino que lo que se abre paso, es el “día después” que el hecho se cristalice, que será aplaudido por todos y cada uno de los ciudadanos que salieron de su país, en búsqueda de un mejor mañana. O simplemente, para sobrevivir y alejarse de una realidad que “más que una pesadilla”,  fue la desintegración de la familia.

Lo que se abre paso, es reconstruir el país. Lo primero es tener  el “faro” por parte del autoproclamado presidente de transición democrática Juan Guaidó el “respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al Estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto, el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”.

Se requiere  un auténtico diálogo político y rodear a un hombre como Guaidó que salió  a la calle a protestar para hacerse oír. Pero por sobre todo, supo interpretar a la luz de la Constitución, el “vacío de poder” en Miraflores. Se debe pasar de la protesta a la acción. A darle vida a  la separación de poderes. Elemento fundamental de una democracia.

De entrada, deben comenzar a actuar los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, bajo su su propio conjunto de responsabilidades y atribuciones, para prevenir la concentración del poder y disponer de mecanismos de control y equilibrio.

Bajo esta hoja de ruta, Venezuela podrá frenar poco a poco,  un estado perpetuo de lucha civil. También darle la vuelta a la página, del colapso de una gestión de gobierno, acompañada por la corrupción endémica que se extendió como una “plaga”.

Los ciudadanos que somos demócratas en el mundo  queremos lo mismo. Una solución pacífica a la crisis en Venezuela. La vuelta al orden institucional. El fin de la crisis humanitaria. Estabilidad, alimentación, salud y seguridad adecuados. Un proceso eleccionario ordenado, es la mejor respuesta a la violencia que por año ha acompañado a Venezuela, que ha privado a sus ciudadanos de su derecho a elegir a sus líderes .nacionales y locales- libres de intimidación.

Será un momento que facilitará que los venezolanos se unan, debatan y decidan quién lo va a liderar y con qué propósito; así como renovar su compromiso con los ideales democráticos. En ese escenario, el debate entre los ciudadanos y líderes políticos será crucial para construir confianza y certidumbre en la elaboración de leyes y en su cumplimiento.

Los hombres y mujeres venezolanos –los que han protestado por más de una década en las calles contra la Revolución Bolivariana- son creyentes del valor de la democracia, elevado como un catalizador para una mejor gobernanza, una mayor seguridad y desarrollo humano. Los ciudadanos que apenas cumplen 18 años aspiran a  tener en su país una mayor libertad y demandan una mayor participación política.

Si algo necesita el país suramericano –con una amplia frontera con  Colombia- es hacer más afectivo su sistema democrático. Que tenga la capacidad de responder a las necesidades de los ciudadanos. Independiente de su condición social o política. Los venezolanos en esta fase de su historia desde cada rol en la sociedad serán fundamentales en la reconstrucción del país, todo por cuenta de las oportunidades que ofrecen las tecnologías digitales. Especialmente a los jóvenes, que serán la base de naciente democracia.

El ex Secretario General de la Organización de Naciones Unidas Kofi Anan afirmó que “la democracia seguirá siendo el sistema más adecuado para proteger y garantizar la paz, el desarrollo de los derechos humanos y el estado de derecho”. Lo que tiene por delante Venezuela as reinventarse como país. Un desafío que no la podrán adelantar de manera aislada, sino con apoyo de la comunidad internacional. En lo que concierne a la comunicación política, será una oportunidad para investigar pero también para conversar con una población, que necesita ser escuchada.

* Internacionalista, Comunicador Social y Periodista, experto en marketing político marketing de ciudad. Coautor del libro “Gobierne bien y hágalo saber” Finalista del premio ALACOP 2018 en México. Categoría contribución a la democracia. Integrante de la Asociación Colombiana de Consultores Políticos ACOPOL.

Twitter@villocol

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