Vergüenza por no elegir mujeres en la costa pacífica de Nariño

Por: Elsi Angulo España

A propósito del documento que alguna vez escribí para las 2 Orillas y que se encuentra en internet “¿Existe el racismo en la política colombiana?”, el nombramiento de la nueva Ministra de Ciencia y Tecnología, Mabel Torres, y que, por primera vez gane el nobel de matemáticas una mujer con Karen Uhlenbeck, nos viene bien a las mujeres tumaqueñas y de la costa pacífica reflexionar en porque estamos votando a hombres y no mujeres. ¡Debería darnos vergüenza!

Mi enemistad no es con los hombres del pacífico, pero si con las prácticas retrógradas de discriminación en la política nacional, como lo senté en mi escrito publicado hace rato, que las mujeres seguimos perpetuando. Como puede ser posible que, en Tumaco, donde se eligió alcaldesa y de lo cual prefiero no referirme ahora, en el Concejo municipal solo tengamos dos (2) mujeres, y, cosa muy similar y más triste ocurre en los demás municipios de la Costa Pacífica de Nariño. En la Asamblea Departamento también es casi que inexistente la presencia femenina, lo cual en otras latitudes seria vergonzoso e inaceptable, debido a eso la asamblea anterior tuvo ninguna mujer. Por fortuna, se acaba de posesionar una buena diputada, Rosita Guevara y con ella estamos bien representados, pero no es suficiente. Y por supuesto, si no hubiera tanta mezquindad, tendríamos ahora elegidas al menos dos mujeres de la costa pacífica.

Lo que está ocurriendo, además de la politiquería y la maquinaria galopante, es que las mujeres después del 1 de diciembre de 1957 cuando ejercimos el derecho al voto por primera vez, internalizamos que nos corresponde solo elegir. Si no elegimos mujeres seguiremos perpetuando la sociedad patriarcal endémica que aún está lejos de ser equitativa, a pesar de que haya mujeres como Claudia López, Angélica Lozano, Mercedes Tunubalá, alcaldesa de Silvia Cauca y otras tantas atrevidas que desafían status quo.

Yo aspiré a la asamblea del departamento de Nariño y no logramos llegar, como se necesitaba, y en ese camino vi muchas mujeres que se decían indignadas por el mal manejo político de los hombres, pero si nos ponemos a examinar la votación a los diferentes cargos en la Costa, en vez de subir el porcentaje de mujeres bajo. Recuerdo una comunidad en Roberto Payan donde mi jefe de campaña y yo gastamos horas intentando convencer a una mujer para que hiciera parte de una lista al Concejo, pero el esfuerzo fui inútil porque ella misma dijo que qué iba a hacer en el concejo si los hombres allá impondrían su voluntad. Justamente, esa era la razón para que hubiera aceptado el deseo de su comunidad de que se postulara no como relleno, pero como una actora política real.

Señoras, tambien a las de la Sierra del Departamento, empiezo este 2020 diciéndoles que la única manera de que tengamos gobiernos para la vida y la justicia social es eligiendo mujeres, en especial aquellas que han demostrado que se comportan como tal y no como hombres, aunque usen faldas y posean tetas. Los hombres, a quienes los necesitamos caminando junto a nosotras siempre que lo hagan de manera transparente, han demostrado que son más proclives a la corrupción que les genera las ansias de poder y que han contribuido grandemente a este país violento que tenemos.

La inclusión sin verdadera representación es coja o poco sirve, la inclusión por sí sola no desencadena representación y menos el cambio de la nueva sociedad colombiana en la que estamos llamadas a ser protagonistas. Y en la Costa Pacífica de Nariño, debemos las mujeres derribar barreras como aquella de dejarnos imponer por nuestros hombres a quienes votar, y al hacerlo, vamos a valorar en debida forma las propuestas femeninas y para eso recordemos que las mujeres colombianas tienen una tasa más alta de educación que los hombres y somos más serias y responsables en nuestros actos. No es con lambonerías ni dejándonos acosar sexualmente como vamos a acceder al poder, lo haremos exigiendo nuestros derechos y siendo actoras políticas reales que elegimos a mujeres y nos apoyamos entre nosotras.

No podemos estar contentas con la forma como votan las mujeres en la Costa del Departamento de Nariño, parece que poca conciencia tienen sobre las causas estructurales de la desigualdad y del papel importante que nosotras mismas jugamos para promover el cambio que reclamamos. Observemos que actualmente en el Congreso de la República de 258 curules, solo 56 están en manos de las mujeres, lo cual es absurdo porque hay más mujeres que hombres votando y eso ocurre en el nivel local tal y como está el concejo del Distrito de Tumaco, que menos mal se sacó a un poco de concejales terribles y pide trasero a cambio de puestos que teníamos. Insisto debería darnos vergüenza en especial cuando somos conscientes que la Ley de Cuotas que debe garantizar la participación adecuada de las mujeres en los niveles del poder público al menos en un 30%, es inequitativa en sí misma, debe ser equilibrada al 50% mujeres y solo nosotras podemos hacer que ese paradigma cambie.

Las mujeres en el Pacifico Sur Colombiano de Nariño poseemos la responsabilidad histórica de empezar a organizarnos comunitariamente desde ya para no dejarnos arrebatar la oportunidad de ocupar los puestos de poder en el orden nacional, regional y municipal, y que el día de elecciones impidamos que los 50 mil o lo que ofrecen usualmente el mejor postor nos arrebate la oportunidad de elegir mujeres. Debemos estar claras que lo que hemos ganado las mujeres hasta ahora nos lo debemos a nosotras mismas y que la vida y la justicia social de nuestro territorio está en nuestras manos y elegir mujeres también, es algo similar a decir que, el 30% de la votación que tiene la costa pacífica es suficiente para elegir o definir gobernador. ¿Entonces porque no hacemos lo correcto?

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