Viviane, la exorcizada

Por: Pablo Emilio Obando Acosta

Antes de su conversión al uribismo, la exfiscal y excandidata presidencial Viviane Morales trinaba contra su adversario Álvaro Uribe en términos desobligantes y muy comprometedores, en uno de ellos le increpaba su obsesión con la guerra y le preguntaba “¿Cuántos muertos, Dr. Uribe?”, quizá por su mente cruzaban las imágenes de los muertos de Soacha, del Aro y de tantas masacres que vivimos con horror los colombianos durante el gobierno del senador Álvaro Uribe. “¿Cuántos muertos, Dr. Uribe?” para saciar tanta sed de sangre y desolación.  Nadie mejor que Viviane Morales, por lo menos la de entonces, la de antes del exorcismo uribista, para expresar el sentir de los colombianos ante el advenimiento de un resurgimiento de la doctrina uribista.

Igual pregunta se formulaba el columnista Santiago Gamboa en su columna de El Espectador de mayo 16 de 2014: “¿Cuántos jóvenes muertos y mutilados serán necesarios para que el Dr. Uribe calme su sed de venganza?, ¿cuántos muertos quiere, Dr. Uribe?”, sí, cuántos muertos se requieren en Colombia para que calme esa cascada de odio y venganza que es la expresión política de Álvaro Uribe y sus seguidores. El mismo columnista expresaba con indignación “¿Cuántos cuerpos abaleados, rafagueados, desfigurados por la metralla o las tuercas, cuántos jóvenes soldados amputados, cuántos niños campesinos inválidos, cuántas familias destruidas y desplazadas, cuántos colombianos asesinados por colombianos quiere usted, Dr. Uribe? ¿Con otros diez o quince mil estará bien? Usted dice que el proceso de paz es una “claudicación al terrorismo”, y por eso quiere anularlo. Que el Ejército va a ganar la guerra; que ahora sí va a poder hacer eso que no logró en sus 8 años de gobierno, y uno se pregunta, ¿qué ha cambiado en el Ejército como para que ahora sí puedan ganarla?” Preguntas que continúan vigentes y que seguramente Viviane Morales en su exorcismo supo responderse antes de tomar la decisión de unirse a quien antes consideraba un amigo de la muerte.

En otro de sus famosos trinos, la entonces amante de la paz y buena cristiana dejaba claramente entrever la distancia filosófica y doctrinaria entre ella y Álvaro Uribe: “La propuesta de Uribe es la intolerancia. La otra, en la que yo creo, es la reconciliación”. Curiosamente sus creencias cambian y ya deja de creer que sus miradas ven distinto, la intolerancia y la reconciliación se abrazan para dar lugar a un nuevo enfoque existencial. Uribe y Morales ya piensan lo mismo, ya ven lo mismo, ya sienten lo mismo, ya no son distantes, ni distintos, ahora los abraza la misma llama apasionada de salvar a Colombia en el simple y llano ejercicio de la guerra y la muerte. ¿Acompañarán a Viviane Morales los miles de cristianos que pregonan y recitan en las páginas bíblicas: el perdón, el amor y la reconciliación? ¿Este exorcismo fue grupal o únicamente tocó el alma y el espíritu de una Viviane atormentada y deseosa de compartir, así sea en el infierno, unas cuantas gotas de mermelada redentora?

O tal vez en su éxtasis redentorio Viviane Morales aplicó para Álvaro Uribe las frases bíblicas en las cuales se conmina a amar y perdonar al enemigo: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;  para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.  Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?  Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?  Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Y solo así las distancias se unieron y los odios cesaron, el mal abrazó al bien y los cielos se tiñeron de rojo.

O quizá Viviane Morales recordó para sí las frases también bíblicas en las cuales sus apóstoles escuchando las bellas y elocuentes frases de los fariseos le preguntaron al mito de Jesús si debían hacer lo que ellos expresaban y este, conociendo los secretos de sus almas, simple y sencillamente les contestó que “hagan lo que bien dicen y no lo que mal hagan”.

Lo de Viviane, al mejor estilo Saramaguesco, parece una bella fabula para todos los colombianos, especialmente para aquellos que dicen una cosa, piensan otra y hacen otra en materia religiosa y política. Pregonan el perdón y viven el odio, invocan la reconciliación y arman la guerra, aman a Dios y persiguen la muerte.  Bien podríamos decir que no se trata simplemente de una amaurosis si no que el asunto para los colombianos y especialmente para aquellos de condición similar a Viviane Morales que se trata de una agnosis y para ello la única curación viable es un exorcismo colectivo, y de eso sí sabe muy bien Álvaro Uribe.

peobando@gmail.com

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