Vuelve a casa la Casa de la Cultura de Nariño

Con grata emoción nos enteramos que, después de muchos años de haberse sustituido, vuelve a funcionar el espacio de la Casa de la Cultura de Nariño. Por un buen tiempo dejó de denominarse así, para llamarse Pinacoteca del Departamento, que, de plano, y sin grandes elucubraciones, se entiende que es un espacio destinado a la exhibición del arte plástico, como un sinónimo de galería, si se quiere.

Al respecto, varios puntos que agregar:

Fuimos testigos de la lucha que dio Edgar Bastidas Urresty, fundador de la Casa de la Cultura, inaugurada en 1969, para que este espacio recobrara su finalidad original, no solamente como un espacio donde se presenten las diferentes expresiones culturales de una región, sino más bien como una morada donde los artistas y cultores pudiesen expresar y manifestar su quehacer frente a una sociedad que los inquieta y frente a la cual tienen una mirada singular; una casa que acoja y que posibilite, sin más mediaciones que las meramente artísticas, un compartir permanente con los espectadores, en un ejercicio de ida y vuelta, en una dialéctica que mantiene vivo el arte. En hora buena por nuestro buen amigo Edgar, a quien se le debe originalmente la idea de este espacio para todos los nariñenses.

Fue la administración del gobernador Parmenio Cuellar, quien en 2003, determinó convertir la Casa de la Cultura de Nariño en Pinacoteca Departamental, ignoramos realmente las motivaciones que condujeron a dicha administración a tomar tal determinación. Creemos que al contar Pasto con el Centro Cultural Leopoldo López Álvarez y con la Casa Taminango, que fuera obra de ese gran amigo y mecenas Pablo Murillo, se contaba con espacios suficientes para las manifestaciones artísticas para la ciudad; pero se dejaba por fuera un espacio que recogiera las manifestaciones artísticas de todo el departamento. Puede sonar odioso lo que aquí se diga, pero está comprobado, inclusive estadísticamente, que los recursos de cultura del departamento se concentran principalmente en la capital, dejando muchos de los territorios por fuera. No sobra recordar que somos un departamento de varias regiones – Pasto, Tumaco-Barbacoas, Obando, La Unión y Túquerres -, que se vierten por los Andes, el Pacífico y la Amazonía, de tal manera que a todos estos territorios debe apuntarle el espacio de la Casa de la Cultura de Nariño.

Ahora, es necesario reconocer que la Pinacoteca Departamental cumplió también una labor de difusión más allá de lo meramente plástico; inclusive yo mismo tuve la oportunidad de compartir ahí conferencias literarias y muestras bibliográficas, ahí se realizó el homenaje al poeta ipialeño Florentino Bustos, ahí nos recreamos con la palabra arturiana y con las voces poéticas de vanguardia, ahí acompañamos el lanzamiento de libros e hicimos varias presentaciones. Así que agradecemos, pese al nombre, que a todas luces parecía restrictivo, a todas las personas de la entonces Pinacoteca Departamental que nos abrieron sus puertas y nos hicieron sentir como en nuestra casa.

Como se expresa en el sitio web de la Gobernación de Nariño: “Este es el caso de la antes denominada Pinacoteca Departamental, escenario que desde esta Administración retoma su nombre tradicional, ‘Casa de la Cultura de Nariño’, y será el espacio que alberge diferentes manifestaciones culturales como música, literatura, teatro, poesía, artesanías y encuentros culturales entre otros. La iniciativa busca volver a concebir una casa que convoque a todas las expresiones artísticas, donde sin duda estará incluida también la pinacoteca, ya que se cuenta con una colección patrimonial de grandes artistas nariñenses; así mismo será un espacio para el intercambio cultural desde donde se gestarán alianzas para fortalecer los procesos culturales de todo el departamento”, retomando lo expresado por Álvaro Reyes, Coordinador de la Casa de la Cultura de Nariño, persona a quien conocemos y agradecemos siempre su disposición para escucharnos y para ayudarnos en muchas propuestas  culturales que, gracias a su trabajo empoderado, tuvieron buenos resultados, y a quien le auguramos lo mejor en esta nueva etapa profesional.

No es el mero cambio del nombre de un espacio cultural. Recordemos que una Casa de la Cultura alberga no solamente las expresiones artísticas y culturales, es también un horno donde permanente se fragua el pensar y repensar ese quehacer cultural; los intercambios de ideas, las propuestas que innovan o que mantienen los saberes ancestrales, ahí tienen cabida; la pinacoteca es parte de esas expresiones, pero no es todo. Edgar Bastidas Urresty, quien se formó en Paris, con seguridad recogió las expresiones culturales de André Malraux, quien en 1961 inauguró la primera Casa de la Cultura de Francia, como un modelo innovador que se extendió por varios rincones de occidente; pero aún más, siendo Edgar Bastidas un historiador nato, con seguridad también recogió las expresiones culturales de los gremios de artesanos y asociaciones culturales de diferentes rincones de Nariño, que funcionaban como casas de la cultura, baste mencionar el Sindicato de Zapateros de Ipiales, que en 1930 invitaba a la sociedad a ver el montaje de una obra de Shakespeare. De tal manera que esa herencia lo llevó a fundar la Casa de la Cultura de Nariño en la convulsionada época de fines de los 60 e inicios de los 70.

Hemos sido testigos de la importancia de las Casas de la Cultura en diferentes municipios de Colombia. Decir que la Biblioteca de la Casa de la Cultura de Ipiales fue la ganadora de la sexta versión del Premio Nacional de Bibliotecas Públicas ‘Daniel Samper Ortega’, otorgado por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia en 2019, es un motivo de orgullo y de felicidad permanente, he ahí la importancia de estos espacios. De igual manera, nos entristeció sobre manera ver el lamentable estado en que se encuentra la Casa de la Cultura de Tumaco, al abandono y sin ninguna proyección de política cultural vigente, un espacio que, por derecho propio, debería contener el museo que exhiba las más de seis mil piezas de la cultura Tumaco-La Tolita, que le fueron expropiadas a un particular en 2018, así como talleres permanentes y acercamientos culturales para que el Pacífico nariñense reconozca y se apropie de este bien cultural que está en mora de ser declarado Patrimonio de la Nación, y que corre riesgo muy grave de ser saqueado, no queremos seguir viendo estos baluartes en manos de particulares, como la particular mascarilla con lengua, que estuvo a punto de ser vendida en Europa y de la cual ignoramos su paradero; ni mucho menos las figurillas que decoran las oficinas de los grandes potentados de este país, cuando no de los políticos, que las regalan como si fuesen de su entera y exclusiva propiedad.

Estamos seguros que con el dinamismo y la disposición permanente de su coordinador, Álvaro Reyes, la Casa de la Cultura de Nariño iniciará un proceso de descentralización, cubriendo todos los espacios donde hay manifestaciones artísticas, rompiendo el cascaron del centralismo que sigue asesinando a la provincia, reconociéndonos en los territorios Andinos, Pacíficos y Amazónicos; fortaleciendo, con un trabajo concertado con las comunidades, a los gestores culturales, tratándolos con la dignidad que se merecen, reconociendo monetariamente sus trabajos; pero, por sobre todo, siendo escenario de construcción de diálogo para la paz.

  1. Mauricio Chaves-Bustos

Bogotá, Bosque Popular, febrero 18 de 2020

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