“Vuelve la mula al trigo”

 

Por: Iván Antonio Jurado Cortés

Como es costumbre dentro del folclorismo nacional ha llegado la época donde la amistad y los abrazos son pan de cada día. Los rencores y malos ratos se van al carajo, solo queda disfrutar de una coyuntura social que une hasta los peores enemigos. Ha llegado el momento esperado para poner a flote la juerga criolla, ese que nos jode la vida los cuatro años siguientes.

Es así como se va gestando un proceso supuestamente de liberación de los problemas que la gente exige con urgencia, y que en cada elección salen a relucir como un rosario de plegarias dedicada al santo de la devoción. No se ha comprobado aun si esa fe de los potenciales sufragantes es genuina o simplemente hace parte del teatro mafioso de los candidatos.

Apretones de manos y saludos a toda la familia incluido las mascotas, son protocolos inevitables no solo de los aspirantes sino de sus más cercanos colaboradores. El tinto y los comentarios de pasillos engalanan la estancia de quienes visitan las sedes de campaña. Lo que más sobresalta es la amabilidad de los coordinadores de toldas. La sonrisa, no les alcanza en la boca.

El tiempo corre y la angustia combinada con euforia se transforma en una mezcla imposible de evitar, más cuando las encuestas catapultan o sepultan a los protagonistas del momento. Esta es la ocasión perfecta donde hasta el ser más rechazado y mal oliente es importante y admirado por los ‘caciques’ que aspiran convertirse en autoridades.

El dinero y listados de ‘consciencias’ circulan permanentemente dentro de la logística impuesta desde los intereses electorales. En este devenir no falta quien haya compartido en esa sede y al otro día extravié su camino y sea bienvenido en otra locación. El ambiente electoral se prendió, época donde todos los electores son ‘reyes’, tanto así, que los recogen en casa, almuerzan con quien sería el alcalde o concejal y los regresan de igual manera.

Es un sueño mágico que por lo general causará dolor para el siguiente cuatreño. Ah, y no se olviden que la zalamería no pasa del 27 de octubre; luego, todo retorna como antes. Lamentos y enemistades quedan como resultado final de una ‘lucha’ para subir a un impredecible a un cargo público. Esto es lo que se llama ‘democracia’, palabra que está de moda por estos días mientras intentan por todos los medios derrocar al presidente Nicolás Maduro de Venezuela.

La ignorancia política de los colombianos es tan abrupta que no permite ni siquiera un chiste sobre la famosa ‘democracia’, que no es más que un sofista y engaña bobos para acomodar generalmente a quien el patrón del entorno diga. El ‘billete’ es el que habla dijo un clásico político desde su cómodo sillón, un hombre que gracias a la política-electoral goza de grandes bienes y su familia ocupa los cargos más prestigiosos a nivel departamental y nacional. Aunque duela, este personaje dice la realidad, así es y así será mientras perdure esta ‘democracia’.

Aunque es una época de comodines y balancines, también es el martirio para trabajadores vinculados mediante la figura de OPS, porque son estos las piedras sueltas que deben amoldarse a la horma del ‘pluma blanca’ de turno, de lo contrario, son los primeros en ser despedidos y vetados por las instituciones que hacen las veces de carpas proselitistas. Definitivamente la corrupción electoral en Colombia no tiene límites; es la nación donde la creatividad maquiavélica es admirable, tanto así que muchos políticos de alto nivel fungen como ‘honorables’, donde hasta su propio ‘ganado’ sabe perfectamente que son unos vulgares bandidos.

Resuenan las campanas anunciando que llega la ‘noche buena’, esa que llena el estómago de millones de hambrientos, así como sus bolsillos. Es una época donde la magia engaveta los errores y defectos de los electores y solo refleja la bondad de los mismos. Prácticamente son unos meses donde tranquilamente podíamos llamarnos el país de las maravillas.

El masoquismo nacional deja abismados a los sensatos; es un pasaje sin precedentes donde la ‘mula vuelve al trigo’. Los mismos criticones y afectados directos de los gobiernos son los que al momento de votar por un cambio en favor de sus necesidades suelen sacrificarse a nombre de sus verdugos. La mafia electoral entra en acción como es tradicional, marcando sin escrúpulos el sendero para que los burros marchen sin rebuznar, fieles al grito del capataz, ese que después de lograr el objetivo, amarra sus bestias, dejándolas en cuarentena hasta la próxima función.  En este circo todos los problemas son solucionados. La ilusión de los ilusos adorna el afán de quien quiere ungirse de autoridad.

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