¿Y si votamos en blanco para la gobernación de Nariño?

En nuestra democracia atreverse a pensar es voz alta es exponerse al escarnio público y  la persecución de quienes fungen como gobernantes. Pues no nos queda otra alternativa que exponernos una vez más dadas las circunstancias electorales que los nariñenses vivimos, concretamente en lo referente a candidaturas a gobernación de nuestro departamento. Bien sabemos que la ética periodística quedó relegada hace mucho tiempo y que pertenece en exclusiva a unos cuantos “dinosaurios” que viven, periodísticamente hablando, la exclusión y la malquerencia de entidades y funcionarios que manejan a su antojo y maña la pauta oficial. Pero no todo puede ser solamente dinero y ganancias, algo debe quedar en la conciencia de los comunicadores y periodistas que nos permita abordar la verdad sin sesgos ni tazada en las prebendas ofrecidas o recibidas.

Los índices económicos y sociales de Nariño hablan por sí solos, revíselos una y otra vez en las páginas oficiales de entidades y dependencias gubernamentales, ya no hay nada más que decir; estamos mal y con tendencia a empeorar, parodiando a Murphy. Bien se cumple aquí  su sentencia:  «Si algo malo puede pasar, pasará». Y sin duda alguna esto ocurrirá el 27 de octubre del presente año, día en que se elija un nuevo gobernador para Nariño y la cosa pública se repartirá entre los mismos de siempre, entre aquellos que aportaron astronómicas sumas de dinero para la campaña, oficiaron como recaudadores de electores y voluntades y entre quienes recibirán contratos y cargos oficiales.  Nuestros congresistas, sean del bando que sean, se llevarán la mejor tajada del pastel. Ya es escandaloso y vergonzoso el observar las astronómicas sumas económicas destinadas a promover candidatos y candidaturas, un derroche que es un insulto para el pueblo sumido en la  pobreza.

Si analizamos con alguna seriedad las diferentes propuestas encontraremos que son una repetición de las expuestas hace cuatro, ocho o más años. Nada diferente. Se habla de la pobreza, de la miseria, de la marginalidad, de sacar a Nariño de su postración económica y social, de cobrar una deuda centenaria, de reivindicar al pueblo, de mejorar la educación y la salud. Un cúmulo de etcéteras de gran significación para los nariñenses, pero que a la postre resultan simples enunciados en época electoral.  El 28 de octubre  veremos como el departamento se reparte entre congresistas, políticos, burócratas y oportunistas.  Se parcelará la administración departamental entregándose las diferentes secretarías a los corruptos de siempre, que las usufructuarán en beneficio propio, exprimiendo las arcas departamentales, contratando con malandros que han llevado y arrastrado a nuestra región al actual estado de pobreza y miseria. Me parece que todos los candidatos son espurios. Rodeados de malandrines y fetiches electorales.  Aquel viene de quebrar estas o tales entidades, este otro de arruinar una empresa de los trabajadores nariñenses, fulano de tener sus manos y su hocico untado de mermelada y melaza. Todos rodeados de personajes aciagos y de dudosa reputación.  Todos huelen a oportunismo, politiquería, corrupción y señalamientos. Lastima que se deba elegir a uno de ellos por cuanto la suerte de Nariño y los nariñenses será la misma.  Apenas se anuncie al candidato ganador se le lanzarán como buitres los congresistas y saqueadores de nuestras arcas departamentales.

Se entregará la secretaria de salud a este personaje siniestro, la  de hacienda al mercenario de turno, la de transito al mejor postor, la de educación al más grande de los carroñeros y así cada una de ellas. No irán por el servicio social o el aporte al progreso y desarrollo regional, de cada una de estas dependencias se buscan sus presupuestos para apropiárselos sin  que nada importe el hambre y la miseria del pueblo.  Ya lo sabemos todos los colombianos, cada año la corrupción se lleva más de cincuenta billones de pesos. De esta cifra Nariño aporta su gran cuota.  Dineros que se llevan los corruptos y sus testaferros en las diferentes dependencias y secretarias, pues se seguirá contratando con empresas fantasmas o creadas para tal fin, con parásitos que usurparan el futuro de los niños y de las nuevas generaciones mediante tretas que les permitan manejar el Plan de Alimentación Escolar -PAE-  a su antojo o conveniencia y así una pechuga de pollo se facturará a cuarenta o cincuenta mil pesos. Los planes de vivienda o de infraestructura se entregarán a quienes mejores condiciones tengan para digerir la gran cantidad de melaza que continuamente ventosean por su derrier. Ya lo hemos visto y lo hemos padecido una y otra vez.

Mientras tanto el pueblo continuará padeciendo las mismas angustias de siempre. Ausencia de políticas de empleo,   carreteras que son más trochas polvorientas, inexistencia de un puesto de salud digno y en condiciones amables, instituciones educativas con dotación adecuada o maestros idóneos, altos impuestos y onerosos  costos en servicios públicos.  Hambre, miseria, pobreza, inasistencia social, altos índices de violencia e inseguridad.   Nariño no aguanta más padecimientos ni aplazamientos en la búsqueda y concreción de verdaderas políticas económicas y sociales.  Confieso que alguno de los candidatos llegó a seducirme electoralmente, pero luego, con el transcurrir de la llamada “dinámica política” pude comprobar como a su campaña ingresaban políticos de dudosa reputación y poseedores de un prontuario que en justicia les correspondería estar en condición de reos pagando cadena perpetua. Se entiende al pueblo aguantador y sufrido que padece hambre y en tal razón entrega su voto al mejor postor; pero no al profesional o ciudadano que con alguna preparación académica y universitaria se suma a los corruptos en espera de unas cuantas dadivas para sí mismo o su grupo familiar. La desgracia es que todas las entidades están y quedarán en manos de un determinado cacique político que excluirá a quienes no apoyen sus actos de corrupción. Se premiará a los títeres, a los ineptos, a los incapaces, a todos aquellos que obedecerán sus mandatos sin cuestionarlos y que tras bambalinas entregarán los presupuestos de las entidades públicas para todos los fines más abyectos. Cientos de jóvenes capaces, pero independientes, padecerán el flagelo del desempleo y la exclusión.

Nariño merece un gobernante capaz, independiente, soberano de sus decisiones y digno de ocupar tan alta dignidad.  Quien se rodea de malandrines es un malandrín, quien elige a los corruptos es un corrupto y quien padece hambre y pobreza y continua eligiendo a los mismos es un soberano tonto. El pueblo, que no soberano sino atontado y flatulento, tiene la palabra.  En mi humilde condición de escribano se que pensar en voz alta es condenarse a un exilio arrastrando inexorablemente a los suyos.  Pero más allá de eso, quizá le estemos enseñando a los nuestros a ser dignos, a recuperar la irrenunciable capacidad de existir sin autosobornarse o autocensurarse en el fin mezquino de obtener un contrato o una judicatura mendicante y vergonzosa.

Hago un llamado al pueblo sabiendo que embriagado y menesteroso como se encuentra no tendrá la capacidad de realizar un juicio sereno y sensato.  Se elegirá a uno  de los mismos y Nariño se hundirá unos centímetros más en los padecimientos de siempre.  Votaré en blanco por la sencilla razón que ningún candidato se ha sacudido de los caciques oportunistas de siempre y por la sencilla razón que tienen canjeadas las secretarías y dependencias oficiales. Eso es simple y llanamente corrupción y sumándome a las palabras de Murphy, puedo concluir que «Si puede ocurrir, ocurrirá». Para Nariño la rebanada de pan untada de mantequilla siempre parece caer del lado en que esta se encuentra.

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