Yakunina, la leyenda vive

Por: Aníbal Arévalo Rosero

Yakunina es la combinación de dos palabras quechuas. Nina significa fuego y yaku, agua. Este fue el nombre que se le dio a las travesías en bicicleta que se llevaron a cabo en el departamento de Nariño durante los días 13 y 14 de octubre, organizadas por la Gobernación de Nariño a través de la Dirección Administrativa de Turismo. Al evento asistieron centenares de aficionados al ciclo-montañismo provenientes de muchas regiones de Colombia y de Ecuador.

El propósito de la realización de estas actividades es la promoción del turismo, el deporte, revivir la historia y la conservación del medio ambiente. Esta fue la tercera versión que se hizo. La primera fue al municipio de Buesaco, con un recorrido de carácter histórico, con representaciones teatrales que muestran diferentes estampas de la presencia del Precursor de la Independencia, Antonio Nariño.

La segunda versión fue a la vereda Tasnaque del municipio de Yacuanquer, con simbolismos de elementos ancestrales que nos recuerdan los mitos y las leyendas de esta zona de la geografía nariñense.

Esta tercera versión tuvo un componente doble. El primer día, un recorrido con un maravilloso paisaje que permite abrazar a nuestra montaña de fuego, el volcán Galeras. El fuego es un símbolo que desde la antigüedad, en tiempo de los filósofos socráticos se consideró uno de los componentes de la materia e indispensable para su transformación.

Para nuestros aborígenes el fuego también representó un elemento importante en la cerámica para la fabricación de sus utensilios e, incluso, las vasijas mortuorias. Y con el recorrido por la circunvalar al galeras, se quería apropiarse de la historia aborigen, pero también de los episodios de la Independencia con la visita a ‘la piedra de Bolívar’ en el corregimiento de Bomboná, Municipio de Consacá.

En el lugar se hicieron representaciones teatrales que nos permiten apropiarnos de la historia; pero también la inmensidad del paisaje cuando discurre presuroso el río formando el cañón del Guáitara. Aquí la oportunidad para disfrutar de típicos bocaditos, artesanías y un clima moderado que provoca repetir la visita.

Pero, para llegar al lugar, se lo tuvo que hacer sobre el galápago de bicicleta y con un constante pedaleo en la cuestas, pasando por Mapachico, Genoy, Nariño, La Florida y Sandoná, ruta acostumbrada por ciclistas los fines de semana, sea por trocha o por carretera asfaltada.

El segundo día, los ciclistas nos dimos cita muy temprano frente al atrio de la Gobernación de Nariño. Llegaron centenares, que colmaron todas las calles aledañas en un espectáculo bonito de uniformes de color azul, que fueron encomendados por la Dirección de Turismo a diseñadores para que presentaran un distintivo del evento.

Era la oportunidad para la conquista del Yaku o el agua, que es el elemento más preciado que tiene la naturaleza toda y el ser humano. El agua también es otro de los cuatro elementos que se consideraron en la antigua Grecia como componente de la materia, vías de comunicación y razón de los asentamientos humanos. Y para nuestros pueblos ancestrales, el riego y la canalización para tenerlo cerca de las viviendas.

Este era el reto, ascender hasta el páramo de la Divina Pastora por trocha y a puro pedaleo, desafiando las pendientes más empinadas que se puedan imaginar, y luego el descenso por un terreno muy escarpado, para después bordear La Cocha, que iba cambiando de tonalidades dependiendo del color del cielo. Pasamos por El Motilón para llegar al Romerillo.

Fueron más de seis horas con lluvia, neblina y sol, pero también con paradas para disfrutar los deliciosos refrigerios que brindó la organización. Y luego sí en lancha, cargando las bicicletas hasta el Hotel Sindamanoy, donde se ofreció una exquisita trucha para todos los participantes. ¡Excelente organización, se lucieron!

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