Vamos con Aulo Polo

El derecho que se tiene a elegir a sus representantes ante un escenario político se manifiesta mediante ese poder soberano popular que enviste características tan especiales como entregar parte de la voluntad de toda una sociedad para que sus gobernantes y legisladores obre de acuerdo a misión para la cual fueron elegidos. Hoy en día las elecciones democráticas dentro de un Estado Social de Derecho se han venido matizando como un escenario amplio de diversos partidos políticos derechistas, centro derechista, izquierdistas, donde cada uno de sus militantes intentan convencer al pueblo de cuál es la mejor manera de hacer política.

Lo cierto es que el departamento de Nariño merece tener las más dignas y altas representaciones para lograr esa visibilidad en territorio, economía, seguridad entre otros temas relevantes. Pero entre tantas opciones tradicionales, neoliberales y patrióticas ¿Quién podría ser el representante más idóneo cuando aún sin terminarse el periodo actual de Congreso existen tantas promesas sin cumplir?

Los nariñenses, guerreros por naturaleza e historia, se han visto obligados muchas veces a optar por el abstencionismo electoral, ante la ausencia de líderes que no solo piensen en sus propios intereses personales, sino en la construcción de un territorio teniendo en cuenta la problemática social y regional que en tantos momentos se han visto vergonzosamente expuesto ante los medios nacionales. ¿De dónde surge entonces esa osadía de no solamente elegir por mero derecho sino saber elegir al representante correcto?

Desde el Municipio de Ipiales, hace cerca de (50 AÑOS), un grupo de nariñenses ha venido liderando una revolución porcentual de acuerdo a cada necesidad, trabajando para que principios rectores como la dignidad humana, la vida, la salud y el trabajo digno, sean no solo un precepto constitucional sino un derecho real y asequible. Hoy ponemos en consideración del lector el recorrido político, deportivo y cultural de José Aulo Polo, que en la actualidad enlista las aspiraciones a ser elegido por los colombianos como Senador de la República con el aval del Partido Verde con el número 7.

José Aulo Polo señala el amor por la política como la mayor de sus pasiones, ya que, entendida la política como una ciencia, permite encontrar a cada una de sus áreas la mejor opción para generar ideas productivas, movimientos populares y desarrollo regional. Ese amor fue impregnado en cada una de sus causas, desde aquel 28 de junio de 1969 en que escuchando una intervención política del líder estudiantil Heraldo Romero en el Parque 20 de Julio del Municipio de Ipiales, sintió: “como si embarazaran una criatura que hasta hoy no hemos sido capaces de parir”, ya que en medio de aquel levantamiento popular que en la época se suscitaba, entendió que la vida no puede tomarse como una opción individual, sino como una ACCIÓN COLECTIVA, en una sociedad digna de luchar por la convicción de sus derechos.

Ese mismo amor por la política disipó casi de inmediato a sus primeros amores pasionales, como lo fueron el futbol, que desde su infancia fue practicado, cuando en las precarias condiciones económicas en donde creció, encontró en este deporte un modo no solo de recrearse, sino de vivir, ya que en su juventud lideró equipos regionales con grandes posibilidades de incursionar en ligas profesionales.

Las razones para trabajar por un cambio desde el Sur de Colombia han sido permanentes, pues siempre se han adelantado procesos de recuperación, rescate y lucha constante. Su principal inspirador no solamente lo convenció que el camino político es una opción viable en una sociedad cada vez más saturada de contradicciones y conflictos, sino como el escenario perfecto para que el pueblo sea escuchado mediante la materialización de una democracia activa y transparente.

Hoy, tras entender los procesos revolucionarios iniciales desde la época de los años 70s, trabajó de la mano de toda una masa laboral, no solamente por la reivindicación de los derechos de los trabajadores, sino por la generación de un cambio en donde los nariñenses pudiesen empoderarse de todas las posibilidades gremiales, agrarias, empresariales que el Departamento de Nariño ofrece siendo una región visible ante todo un País.

Este recorrido político le ha significado participar en las representaciones en el Concejo Municipal de Ipiales en tres periodos y en la Asamblea Departamental de Nariño en dos periodos. Su vida como la de muchos nariñenses se ha enmarcado en grandes desafíos, pues conoce de primera mano lo que significa sentir las limitaciones económicas de un hogar numeroso, siendo el tercero de catorce hermanos. Sin embargo, bajo la misma fuerza pujante que caracteriza este Sur, ha superado barreras a través de oficios que no solamente dignifican, sino que enorgullecen, ya que a muy corta edad (10 años) aprendió a hacer de la reparación de calzado, un medio astuto de generar ingresos para él y su familia. Esta es precisamente la intención del movimiento “VAMOS”, un llamado a la comunidad, a la sociedad de a pie, a las verdaderas masas que viven y comprenden los desafíos y brechas que existen en Nariño, siendo un elogio al pueblo y su fuerza siempre incluyente.

¿En que representa la osadía de sus acciones? ¿Qué tan diferente puede ser su visión para ser parte del cambio y control político por la que aspira a una curul en el Senado de la República?

Para Aulo Polo, el llamado continuo a hacer una política correcta, bien estipulada, sin darle lugar a dadivas o mermeladas políticas sectorizadas, hacen que el proyecto político que se inició hace más de cinco décadas en el Departamento de Nariño avance, no por un esfuerzo autónomo, sino por el trabajo de todos y todas las personas que creen en una mejor región, misma fuerza que “desde el Sur se pretende dar el norte que Colombia necesita”.

Este candidato Ipialeño, señala enfáticamente que existen temas legislativos que merecen especial atención, siendo un tema crucial la Ley de la Salud (Ley 1751 de 2015), misma que refleja grandes errores, puesto que no se debería entregar los recursos de la salud en manos de intermediarios sin beneficiar a la gente que más lo necesita. Así mismo, la Ley de Fronteras (Ley 191 de 1995) debe ser adoptada en contextos de diferenciación e inclusión, para que el Departamento de Nariño pueda generar espacios empresariales, económicos y de mayores posibilidades de desarrollo agroindustrial, previa concertación con las comunidades.

Esta es una especial invitación de empoderar voluntades hacia un mismo objetivo y una convicción territorial y económica para el Departamento de Nariño, siendo el poder del pueblo el mejor mecanismo que genera los más grandes cambios.

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