{"id":25118,"date":"2017-09-10T20:16:58","date_gmt":"2017-09-10T20:16:58","guid":{"rendered":"https:\/\/pagina10.com\/web\/?p=25118"},"modified":"2017-09-10T20:18:12","modified_gmt":"2017-09-10T20:18:12","slug":"los-hijos-del-trigo-segunda-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pagina10.com\/web\/los-hijos-del-trigo-segunda-parte\/","title":{"rendered":"Los hijos del trigo &#8211; segunda parte"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Por: Gustavo Montenegro Cardona<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SEGUNDA PARTE<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me cuenta Enrique:<br \/>\n&#8211; S\u00f3lo tengo memoria de aquellos d\u00edas. Una puerta inmensa en la entrada principal. Puro cedro y manijas de castillo. Luego el patio. Un cuarto peque\u00f1o a la izquierda era el taller de carpinter\u00eda de don Alfonso, el hombre que nos fabricaba los juguetes de madera, trompos y caucheras. Un ba\u00f1o fr\u00edo y un lavadero a la derecha. El patio empezaba ah\u00ed mismo y limitaba con el gallinero al frente. A la izquierda, pero al fondo, estaba la tolva. La maquinaria de la seleccionadora y en la empacadora un hombre que desde que tengo conocimiento de su existencia no ha dejado de sonre\u00edr, fumando Pielroja y ech\u00e1ndose bultos a la espalda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El extremo izquierdo era cubierto y serv\u00eda de posadera para los bultos que llegaban y se almacenaban para luego irse con el olor del secadero de la abuela. En medio de esas paredes una puerta divid\u00eda el patio de la casa de habitaci\u00f3n de la abuela Peregrina. Otro ba\u00f1o y un lavadero al fondo. Entrando por ah\u00ed y a mano derecha no faltaba una gallina gimiendo por el dolor de saber que s\u00f3lo un huevo ser\u00e1 pollo y que los dem\u00e1s se iban para el perico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La luz se cortaba al girar nuevamente a la izquierda. Ah\u00ed, en medio de la oscuridad el rostro con pocas arrugas, pero con edad marcada. El carb\u00f3n apenas rojizo y las ollas adornando la cocina donde reposaba la abuela. \u2013 La bendici\u00f3n- le dec\u00eda. Y mientras con la derecha persignaba, con la izquierda preparaba la sart\u00e9n para echar los huevos alborotados por la gallina del patio peque\u00f1o. La cebollada picada y el sabor de tomate frito que no he vuelto a probar. La cacerola caliente y el aceite hirviendo. El guiso listo. Revolver y revolver, sin dejar pegar. Pas\u00e1me un plato-me dec\u00eda, siempre seca y sin titubear. Con mi menaje en la mano la abuela me serv\u00eda el manajar.- Coj\u00e9 un pan de los te que te gustan, te tom\u00e1s el caf\u00e9 sentado-.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y yo ah\u00ed, enano, diminuto y agradecido reposaba a su lado. La observaba mientras pasaba cada pepa del rosario que unas monjas del Filipense le trajeron de Roma. Ella silenciosa y reflexiva. Yo com\u00eda. Me deleitaba. El placer era total, nada en la vida como probar la comida que a uno le gusta. Sin embargo, la alegr\u00eda era poca en el tiempo, porque antes de la hora del almuerzo me advert\u00eda \u2013 No te vayas a ir que la chara ya va a estar lista. Rogando por la aparici\u00f3n de un superh\u00e9roe dejaba las l\u00e1grimas atrancadas porque la tortura se aproximaba. Al presentir mi llanto, ya se entraba la abuela con su amenaza \u2013 Te tom\u00e1s la sopa o te echo a las gallinas-.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta all\u00ed llegaba el p\u00e1nico por la sopa de cebada. Era mejor pasar el repollo que se picoteado por uno de esos animales que a mis cinco a\u00f1os de edad se ve\u00edan enormes. Al poco tiempo llegaba mi pap\u00e1 con mi hermano mayor y para completar, su advertencia era clara \u2013 No vas a avisar que ya almorzamos aqu\u00ed \u2013 me dec\u00eda el viejo con la mirada arrugada \u2013 porque sino tu mam\u00e1 se pone brava-. El control era inminente y el miedo se sal\u00eda del cuerpo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Relata Enrique que solamente le bastaba con tomar aire mientras sent\u00eda el esfuerzo que significaba para el caldo amarillo por el guarg\u00fcero. Temor y llanto atrapado. As\u00ed pasaron muchos d\u00edas, a\u00f1os tal vez, pero la amenaza de la abuela nunca lleg\u00f3 a convertirse en realidad. Claro \u2013 me aclaraba e Quique \u2013 tambi\u00e9n era cierto que me tomaba la chara. A la fuerza, pero me la tomaba. As\u00ed que lo del picotazo de las gallinas era m\u00e1s una ilusi\u00f3n que otra cosa. Pero el asunto cambi\u00f3 cuando una tarde, del fondo del patio enorme que vest\u00eda la casa de la abuela, se abri\u00f3 el gallinero y desde su corral salt\u00f3 un pollo blanco, de cuello desplumado y con patas m\u00e1s largas que sus alas. La voz de la abuela me retumb\u00f3 en ese momento. Sent\u00ed su amenaza de muchas ma\u00f1anas y tardes y sus palabras hechas realidad. \u2013\u00a1Te voy a echar a las gallinas!-.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ave me persigui\u00f3 sin cesar alrededor del patio encementado. El llanto libre no dejaba escuchar mis gritos que imploraban auxilio. El polluelo alcanz\u00f3 su objetivo, picote\u00f3 mis piernas y se march\u00f3. Tendido en el suelo, derrotado por el hijo de una gallina flaca, negra y cocotera, qued\u00e9 marcado para siempre por la fobia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde entonces, la vida de mi amigo Enrique Zambrano cambi\u00f3 para siempre. Volver a la casa de la abuela no ser\u00eda igual desde ese d\u00eda. Con el mido a las dichosas gallinas se perdi\u00f3 la emoci\u00f3n por el f\u00fatbol imaginario. El mundo dej\u00f3 de ser un lugar seguro y la casa de su abuela cambio de color. Sin embargo, \u00e9l a\u00fan guardaba una esperanza. Enrique Zambrano, mi amigo, sab\u00eda que cada vez que llegaba una carreta o un cami\u00f3n con la carga para el secada de la cebada, la selecci\u00f3n del trigo o en busca del molido, se cerraba la puerta del gallinero. Entonces hab\u00eda que aprovechar la oportunidad, llegar temprano, jugar lo suficiente y salir en compa\u00f1\u00eda de los cargueros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El miedo permanec\u00eda pero la estrategia funcionaba. Incluso, muchas veces la puerta que daba hacia el corral de las gallinas se abri\u00f3 m\u00e1s de una vez, pero inmediatamente Enrique corr\u00eda hacia el arrume de bultos m\u00e1s alto y ah\u00ed se quedaba, hac\u00eda un nido y se inventaba un juego, luego, a eso de las cinco, cuando el gallo pisaba a m\u00e1s de una de sus hembras, el poller\u00eda entero se echaba en carrera para dormir sobre sus palos y luego despertar al amanecer del siguiente d\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Enrique Zambrano descubri\u00f3 entonces que el trigo y la cebada que hac\u00edan parte del negocio de su abuelo le hab\u00edan salvado en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n su vida. Comenz\u00f3 entonces su \u00edntima relaci\u00f3n con el cereal m\u00e1s cultivado del mundo. Ni el mismo Rams\u00e9s el Grande quiso tanto al trigo como lo hizo mi amigo Quique. La cebada era especial, no le gustaba verla molida en la sopa que preparaba la mam\u00e1 Peregrina y aunque la tortura continuaba, por aparte, casi en silencio, el cari\u00f1o se expresaba \u00edntimamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Trigo y cebada. Amarillo y amarillo p\u00e1lido. Pelusa y grano. Trigo hasta en las orejas. Zapatos llenos de trigo. Trigo hecho harina, harina de trigo, trigo y pan. Alimento y vida, cebada y malta. Pony con huevo y un poco de az\u00facar. Al lado el pan Pan de la tierra. Tierra viva en el est\u00f3mago. As\u00ed descubri\u00f3 el Quique el sentido de su tierra y su vida de clima fr\u00edo. La mirada se le cambi\u00f3 y degust\u00f3 con otro olfato al saberse hijo del trigo y la cebada. (Contin\u00faa&#8230;.)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo Montenegro Cardona SEGUNDA PARTE Me cuenta Enrique: &#8211; S\u00f3lo tengo memoria de aquellos d\u00edas. Una puerta inmensa en la entrada principal. 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