{"id":30197,"date":"2018-04-07T15:08:21","date_gmt":"2018-04-07T15:08:21","guid":{"rendered":"https:\/\/pagina10.com\/web\/?p=30197"},"modified":"2018-04-09T03:42:22","modified_gmt":"2018-04-09T03:42:22","slug":"a-proposito-de-la-inundacion-de-sandona-en-1972","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pagina10.com\/web\/a-proposito-de-la-inundacion-de-sandona-en-1972\/","title":{"rendered":"A prop\u00f3sito de la inundaci\u00f3n de Sandon\u00e1 en 1972"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Por: Alejandro Garc\u00eda G\u00f3mez<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El jueves 29 de marzo de este a\u00f1o, el Informativo Del Guaico hizo un recuento de la inundaci\u00f3n ocurrida en nuestro municipio durante los d\u00edas 28 (martes) y 29 (mi\u00e9rcoles) de 1972. Varios de quienes tienen de mi edad vivimos esos hechos en nuestra juventud, ya que nos encontr\u00e1bamos disfrutando, tambi\u00e9n, de las vacaciones de Semana Santa. Yo era estudiante \u2013por entonces- de la Universidad de Nari\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchos, muchos a\u00f1os despu\u00e9s escrib\u00ed un cuento (EL HIJO DEL SEPULTURERO), para el que puedo afirmar que me ambient\u00e9 en esos sucesos, el mismo que hoy estoy comparti\u00e9ndoles. Es bueno advertir que no se trata ni de una cr\u00f3nica ni de una noticia hist\u00f3rica ni de nada parecido. Aprovecho algunos hechos de esa realidad s\u00ed, pero recreo una ficci\u00f3n que llamaremos una <em>verdad literaria<\/em>, que es otra de las funciones de la narrativa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con \u00e9l gan\u00e9 el Tercer Premio del Concurso Internacional de Cuento Carlos Castro Saavedra 1994, auspiciado por la empresa Transempaques de Medell\u00edn y apareci\u00f3 ese a\u00f1o en la publicaci\u00f3n de la colecci\u00f3n de los cuentos ganadores y de los que merecieron menci\u00f3n honor\u00edfica. En su acta, el jurado de entonces dijo sobre EL HIJO DEL SEPULTURERO: \u201cSobresale por un h\u00e1bil manejo de los planos narrativos, donde convergen y se alternan lo on\u00edrico y lo real. Su protagonista enfrenta un debate con la muerte y el hero\u00edsmo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-30202\" src=\"https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/concurso-de-cuento_opt.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"622\" srcset=\"https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/concurso-de-cuento_opt.jpg 400w, https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/concurso-de-cuento_opt-193x300.jpg 193w\" sizes=\"(max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos a\u00f1os despu\u00e9s se public\u00f3 con diez cuentos m\u00e1s (para un total de once), como parte de mi libro de NO ES POR AZAR QUE NACEMOS (Medell\u00edn, 1994, edici\u00f3n agotada). Adjunto al director de P\u00c1GINA 10 (y mi amigo) Mario Cepeda las fotograf\u00edas de las car\u00e1tulas de ambos libros. Creo que otro de mis amigos, el profesor Libardo Su\u00e1rez, de Sandon\u00e1, casi con seguridad que tambi\u00e9n los tiene en su\u00a0 pr\u00f3diga y amplia biblioteca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-30203\" src=\"https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/no-es-azar-que-nacemos_opt.jpg\" alt=\"\" width=\"450\" height=\"615\" srcset=\"https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/no-es-azar-que-nacemos_opt.jpg 450w, https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/no-es-azar-que-nacemos_opt-220x300.jpg 220w\" sizes=\"(max-width: 450px) 100vw, 450px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con lo anterior no me resta sino agradecerles su lectura, con la esperanza de que les agrade este trabajo m\u00edo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alejandro Garc\u00eda G\u00f3mez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>EL HIJO DEL SEPULTURERO<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Ganador del Tercer Premio en el Concurso de Cuento<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carlos Castro Saavedra, Medell\u00edn, 1994)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despert\u00f3 con el sue\u00f1o semejante al de tantas noches desde cuando de la tumba cercana oy\u00f3 unos claros golpes. Sent\u00eda miedo de que eso que se hab\u00eda ido acumulando a trav\u00e9s de su tranquila vida se convirtiera ahora, cuando pod\u00eda almorzar, cenar y dormir tranquilo, vivir tranquilo, en la causa no s\u00f3lo de sus preocupaciones sino en su diario y secreto terror. A nadie pod\u00eda contar el enigma. No pod\u00eda dejar de ser para los dem\u00e1s el hombre duro, el hombre en quien confiaban todos para ese oficio, el hijo del sepulturero y ahora el sepulturero. Su padre a\u00fan viv\u00eda, paro ya estaba retirado. Aseguraba que la edad y el cansancio lo hab\u00edan apartado. Con el tiempo, lleg\u00f3 la edad en que el hijo aprendi\u00f3 a no creer al padre. Pensaba que, a lo mejor, tambi\u00e9n algo extra\u00f1o debi\u00f3 ocurrirle mucho antes, para dejar de enterrar a los muertos de ese pueblo, y confiarle a \u00e9l, el \u00faltimo de sus hijos, el trabajo. El padre hab\u00eda tenido que ganarse la voluntad y confianza del sacerdote que por muchos a\u00f1os atendi\u00f3 como p\u00e1rroco y que envejeci\u00f3 all\u00ed viendo tambi\u00e9n crecer a los hijos y nietos de su hermana. Despu\u00e9s llegaron otros curas que se demoraron cortas temporadas. Estos \u00faltimos se acostumbraron a ver en el hijo del sepulturero una parte indispensable de su parroquia. Le consideraban un respeto casi semejante al que se profesaba a la imagen de la Virgen del Rosario -patrona de la parroquia- o al de la imagen de la Virgen de la Asunci\u00f3n, patrona de los camioneros, que surcaban las carreteras de la patria, y de los choferes de la flotilla de destartalados buses que a diario cubr\u00edan la ruta hacia y desde la fr\u00eda capital provinciana. Cada a\u00f1o, camioneros y buseros gastaban grandes cantidades de p\u00f3lvora y aguardiente para celebrar las fiestas de su patrona. Eran borracheras de ocho d\u00edas sin parar que compart\u00edan con los campesinos, los artesanos, los comerciantes del rebusque y los pocos empleados del pueblo, tray\u00e9ndoles unos toros sementales que pastaban en las faldas y altos cercanos al volc\u00e1n. Era fiestas, por duraci\u00f3n e intensidad, s\u00f3lo superadas por los carnavales de fin y comienzos de a\u00f1o, en los que las borracheras duraban m\u00e1s de quince d\u00edas. Algunas veces, los toros s\u00f3lo se dejaban arrear con sus vacas a la fiesta brava. Alguna pari\u00f3 en los transitorios establos. Con gran despliegue era anunciado un cartel de graciosos remoquetes taurinos como <em>El Gallito Ojeda, El Macho Bucheli, el Var\u00f3n Chincowsky, River\u00edn, <\/em>y otros que a \u00faltima hora, o no llegaban o resultaban ser algunos de los paisanos que, buscando fortuna, hab\u00edan partido del pueblo, y regresaban a escamparse en el solar paterno con los bolsillos vac\u00edos y la mirada definitivamente ausente. Tambi\u00e9n era infaltable la competencia cicl\u00edstica en las calles, organizada por el taller de arreglo y alquiler de bicicletas viejas del profesor Montilla y Lucio Montezuma, en la que todos sab\u00edan que al final de cualquier duelo, el vencedor ser\u00eda Orlando Su\u00e1rez, profesor, pintor, escultor, poeta y participante en quince Vueltas a Colombia, en las que estuvo a punto de ganar algunas etapas y varias veces el liderato absoluto de la monta\u00f1a. En sus borracheras de varios d\u00edas, y ya retirado de las competencias nacionales, era com\u00fan verlo con una de las copias de las fotos triunfales metida en su vaso de cerveza junto a la de la mujer que am\u00f3 por toda la vida, porque le qued\u00f3 f\u00e1cil y cerca enamorarse sin esperanzas y definitivamente de la chiquilla que viv\u00eda dos cuadras adelante de su casa en su diario bicicletear hacia el parque, bebi\u00e9ndoselas y llorando el tiempo en las cantinas de la calle del Huilque, cantando con Alejandro, entre l\u00e1grimas y abrazos, \u201cCon la fe verdadera, \/ el alma noble y pura, \/ con \u00edntima ternura mi amor te consagr\u00e9&#8230;\u201d, acompa\u00f1ados con la trompeta tambi\u00e9n amanecida de Gerardo Locro y las baquetas de Juanito Nicle.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0 Como los nuevos sacerdotes profesaban al hijo del sepulturero casi el mismo respeto que a las im\u00e1genes m\u00e1s veneradas de la iglesia, jam\u00e1s cuestionaban los arreglos que por sus servicios cobraba. El se sab\u00eda necesario aun en este pueblo lleno de manos sin trabajo. Pero con lo ocurrido, abruptamente se le hab\u00eda roto esa paz que poco a poco hab\u00eda ido acumulando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">2<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pap\u00e1 se adelanta lentamente hacia m\u00ed con una sonrisa y me muestra sus manos extendidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Peque\u00f1o hijo del sepulturero, eres mi testamento y mi fortuna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Pap\u00e1, pap\u00e1, \u00bfcu\u00e1l es tu secreto?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La imagen de pap\u00e1 empieza a pasar frente a m\u00ed en forma repetida. Cada vez lo hace m\u00e1s de prisa. De la misma manera como se suceden las im\u00e1genes se repiten sus palabras: \u201cpeque\u00f1o hijo del sepulturero, eres mi testamento y mi fortuna&#8230; Peque\u00f1o hijo del sepulturero, eres mi testamento y mi fortuna&#8230; Peque\u00f1o hijo del sepulturero&#8230; \u201d. Se suceden con velocidad las frases, pero entonces ya no es pap\u00e1 quien las dice, sino yo quien las repite varias veces frente al ata\u00fad en el que se encuentra pap\u00e1. Me asombra mi indiferencia frente a su cad\u00e1ver. Entonces me culpo de no sentir dolor por su muerte. Intento conseguir un sitio donde ocultarme y no lo encuentro. Cuando empiezo a desesperar, me tranquiliza el descubrimiento que hago al reposar dentro de otro ata\u00fad semejante al de pap\u00e1. Me doy cuenta porque yo mismo me estoy mirando desde fuera, desde arriba del ata\u00fad. Yo, en mi posici\u00f3n de pie, pregunto a quien ya es mi cad\u00e1ver: \u201c\u00bfcu\u00e1l es tu secreto?\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">3<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquel d\u00eda parec\u00eda que todo iba a ser como el de otro entierro normal; lo de siempre: los dolientes adquir\u00edan una tumba en propiedad o en alquiler de la parroquia y, luego de cancelar su precio, \u00e9l la preparaba en las horas de la ma\u00f1ana, antes de ir a sus labores agr\u00edcolas, cuando la hora del traslado se lo permit\u00eda. El entierro deber\u00eda ser bien entrada la tarde, ya que el difunto ten\u00eda un hijo que viv\u00eda fuera del pa\u00eds. Por solicitud del ausente, lo hab\u00edan velado por dos noches en su espera. Se celebr\u00f3 la liturgia de las honras mortuorias y a\u00fan a la hora del traslado del f\u00e9retro desde la iglesia hasta el cementerio, el hijo no llegaba. El cortejo f\u00fanebre esper\u00f3. Luego empez\u00f3 la lenta marcha. Pero tampoco llegaba. En el campo santo hubo nueva espera. Ya la tarde ca\u00eda r\u00e1pido. Y entonces \u00e9l, el hijo del sepulturero, comenz\u00f3 las labores sin consultar a los deudos. Pero cuando trat\u00f3 de entrar la caja a la fosa, no embocaba, aunque al verlo afuera, parec\u00eda un ata\u00fad normal. Era como si se hubiera agrandado. Alguien grit\u00f3: \u201c\u00a1Lleg\u00f3! \u00a1Edmundo lleg\u00f3!\u201d. Por fin, el hijo. Destap\u00f3 el ata\u00fad y con llanto y un beso despidi\u00f3 el cad\u00e1ver. S\u00f3lo entonces, el f\u00e9retro entr\u00f3 en la b\u00f3veda funeraria. Con las primeras sombras termin\u00f3 su labor y los deudos se marcharon. El se qued\u00f3 terminando algunas tareas que hab\u00eda dejado casi listas esa ma\u00f1ana. Entonces fue cuando escuch\u00f3 que desde una fosa, tambi\u00e9n en forma de b\u00f3veda, golpeaban. Tratando de mantener la calma, se levant\u00f3 lentamente para ubicar el origen de los golpes. Los oy\u00f3 ahora m\u00e1s claramente pero desde otra parte. Dej\u00f3 todo como estaba y en forma apresurada sali\u00f3. Esa noche tuvo el primer sue\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">4<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Camino por las calles. Es noche oscura. Me acerco al parque; s\u00e9 que hay fiestas; que es noche de carnaval. Oigo la m\u00fasica, los saludos y los insultos, los abrazos y hasta los besos. Un borracho se ha quedado dormido en la calle, deshojando a besos una rosa roja. Escucho la orquesta en la plataforma. El animador anima. Cae un botellazo en el pavimento, cerca de m\u00ed. Busco a mi alrededor y no veo a nadie. S\u00f3lo siento el barullo. Entonces observo a quien me ha tirado el botellazo. Soy yo mismo&#8230; Mi misma imagen. Viene hacia m\u00ed con otra botella vac\u00eda en son de reto. La despica y se lanza en contra m\u00eda; la esquivo; alcanzo a sacar mi navaja y se la hundo varias veces. \u201c\u00a1Se mat\u00f3! \u00a1Se mat\u00f3!\u201d, se escuchan voces. Todos me miran ca\u00eddo en el suelo. \u201c\u00a1Es el hijo del sepulturero! \u00a1Es el hijo del sepulturero! \u00a1El mismo se mat\u00f3!\u201d. De nuevo la m\u00fasica y los gritos de la fiesta; y no escucho m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">5<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La noche comenz\u00f3 como cualquier noche normal, pero terminada la procesi\u00f3n de las siete ca\u00eddas de ese martes santo, se desgran\u00f3 el aguacero. Aunque \u00e9ste es un pueblo en el que cuando se dijo a llover es a llover, al aguacero dio paso una torrentera a borbotones jam\u00e1s vista por nosotros y s\u00f3lo comparable a las recordadas por los ancianos que contaban los estragos que hizo el volc\u00e1n en el \u201927 y en el \u201934, cuando ellos eran ni\u00f1os y cuando a los temblores y la ceniza volc\u00e1nica se sumaron temporales y turbiones acompa\u00f1ados de tormentas el\u00e9ctricas. Esa noche, con las primeras de agua, el pueblo qued\u00f3 a oscuras; el derrumbe de varios postes -se supo despu\u00e9s- cort\u00f3 el suministro de energ\u00eda el\u00e9ctrica. En la oscuridad de las calles, s\u00f3lo de vez en cuando se ve\u00eda pasar a alguna que otra persona con su linterna. Pero hab\u00eda una calle por sobre todas que sufri\u00f3 mayor inundaci\u00f3n: \u201cLa calle de la Chorrera\u201d, as\u00ed llamada porque por debajo de \u00e9sta se hab\u00eda canalizado la quebrada que se desprend\u00eda de la ca\u00edda de agua\u00a0 que daba al pueblo una bella e imponente imagen. Y no era en esa calle donde estaba situada la casa del sepulturero. El y su familia viv\u00edan en una de las menos anegadas. Cuando se dispuso a la salida, la madre se mostr\u00f3 contrariada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Es s\u00f3lo a mirar, mam\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-De estar en su casa, nadie tiene que arrepentirse luego, mijo- Ella era la \u00fanica que hab\u00eda notado que su hijo hab\u00eda cambiado en los \u00faltimos d\u00edas. No se hab\u00eda decidido a\u00fan a preguntarle nada. Esperaba una oportunidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Quiero salir, mam\u00e1, y voy a salir- Y sali\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya para esos d\u00edas hab\u00eda tenido varios sue\u00f1os semejantes a los dos primeros. Eso lo atormentaba en secreto. Recordaba aqu\u00e9l en el que al mirarse al espejo, su imagen sac\u00f3 su propia navaja y se la hundi\u00f3 varias veces a \u00e9l, tal como en otro sue\u00f1o, \u00e9l se la hundi\u00f3 a su imagen. Despu\u00e9s de hacer una mueca de angustia seguida de otra de profunda tristeza, se burlaba de \u00e9l. Al descargarle un pu\u00f1etazo, el espejo se transformaba primero en sangre y luego en humo muy negro; el viento que entraba por una de las ventanas, lo dispersaba. Entonces escuchaba una voz que le repet\u00eda: \u201ccada uno es due\u00f1o de su propio miedo&#8230; Cada uno es due\u00f1o de su propio miedo&#8230; Cada uno&#8230;\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0 Ya en la calle, al mismo tiempo que se repet\u00eda que s\u00f3lo hab\u00eda salido a mirar el espect\u00e1culo de esta noche de tragedia, que muy dif\u00edcilmente se repetir\u00eda, se sent\u00eda avergonzado ante s\u00ed de hacerlo. Pero sigui\u00f3 adelante. Se dio cuenta de que la mayor cantidad de gentes se hab\u00edan concentrado en el sector de \u201cLa Calle de la Chorrera\u201d que pasaba por el centro del pueblo. Que las afueras, habitadas en menor cantidad, estaban desprotegidas de personas que ayuden y auxilien. La curiosidad lo llev\u00f3 a las afueras. No pensaba en auxiliar a nadie. Pero algo m\u00e1s que la curiosidad lo empujaba. Dud\u00f3&#8230; Sus sue\u00f1os le hab\u00edan ense\u00f1ado a sentir un miedo m\u00e1s definitivo. Se hallaba vacilante. Mientras m\u00e1s se aproximaba al sitio, m\u00e1s dudoso se sent\u00eda. En esas cavilaciones oy\u00f3 gritos. Al llegar, alcanz\u00f3 a divisar que eran de una ni\u00f1a que trataba de salvar su perrito. La corriente lo arrastraba. Al intentar agarrarlo, resbal\u00f3 y empez\u00f3 a arrastrarla a ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0 Con las im\u00e1genes de los sue\u00f1os que provocaban sus vacilaciones, se acerc\u00f3 a la orilla. El fulgor de un rayo le permiti\u00f3 observar su propia imagen en el agua. Era \u00e9l mismo; reconoci\u00f3 entonces su mueca de angustia seguida de otra de profunda tristeza de uno de sus sue\u00f1os. Al finalizar el rel\u00e1mpago, se convirti\u00f3 en sombra dentro del agua. Lo urg\u00eda a salvar la ni\u00f1a. Se encomend\u00f3 a ese Dios a quien s\u00f3lo recurr\u00eda cuando la necesidad lo apremiaba; se hizo una cruz y se lanz\u00f3. Desde la oscuridad, no alcanz\u00f3 a medir la profundidad y corriente del sitio. Sus fuerzas no alcanzaban para dominar las del agua all\u00ed. A\u00fan as\u00ed pens\u00f3 en la ni\u00f1a y en su perro. Los empuj\u00f3 hacia un madero que vio atravesado. Fueron instantes precisos para que \u00e9l perdiera toda posibilidad de alcanzar el mismo palo que pudo haberlo salvado. La ni\u00f1a empez\u00f3 a gritar:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-\u00a1Auxilio! \u00a1S\u00e1lvennos a nosotros y a un hombre que se ahoga!&#8230; \u00a1Auxilio! \u00a1Auxilio!- Y repet\u00eda el llamado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hijo del sepulturero alcanz\u00f3 a valorar por un instante su acto. No supo si recriminarse por lo est\u00fapido u honrarse por su coraje, por su valor. No alcanz\u00f3 a decidir nada; no escuch\u00f3 m\u00e1s. Tampoco supo si la ni\u00f1a y su perrito se salvaron.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Alejandro Garc\u00eda G\u00f3mez El jueves 29 de marzo de este a\u00f1o, el Informativo Del Guaico hizo un recuento de la inundaci\u00f3n ocurrida en nuestro municipio durante los d\u00edas 28 (martes) y 29 (mi\u00e9rcoles) de 1972. 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