{"id":41783,"date":"2019-09-21T15:35:07","date_gmt":"2019-09-21T15:35:07","guid":{"rendered":"https:\/\/pagina10.com\/web\/?p=41783"},"modified":"2019-09-21T15:35:07","modified_gmt":"2019-09-21T15:35:07","slug":"el-gran-apagon-en-narino-de-los-anos-sesenta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pagina10.com\/web\/el-gran-apagon-en-narino-de-los-anos-sesenta\/","title":{"rendered":"El gran apag\u00f3n en Nari\u00f1o de los a\u00f1os sesenta"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Por: Omar Raul Martinez Guerra<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En memoria de Jorge Bedoya<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPodr\u00edan imaginar los lectores, si un d\u00eda cualquiera fuese \u00a0suspendida la energ\u00eda el\u00e9ctrica durante una semana? Siete d\u00edas sin corriente, -tan solo siete- sin estufas, \u00a0televisores, ni neveras, radios, celulares y computadores. \u00bfVivir sin celular? Tampoco el impulso \u00a0para movilizar los ascensores o abrir el internet. Con hospitales semiparalizados y \u00a0redes sociales eclipsadas. Confinados ante el mundo. El riesgo de una hecatombe tecnol\u00f3gica en las comunicaciones globales est\u00e1 sobre la mesa. Un peque\u00f1o amago se vivi\u00f3 hace un par de a\u00f1os al otro lado de la tierra. De haberse dado, solamente en la cubierta azul y gris del cielo, \u00a0las autoridades del espacio habr\u00edan \u00a0suspendido millares \u00a0de vuelos. \u00danica forma de \u00a0evitar el apocalipsis \u00a0\u00a0de los aviones\u00a0 chocando \u00a0entre s\u00ed, cubriendo \u00a0el \u00a0horizonte \u00a0tras fugaz colcha sombr\u00eda \u00a0de met\u00e1licos\u00a0retazos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dependemos de la energ\u00eda el\u00e9ctrica. Nadie y casi nada \u00a0funcionan fuera de ella hoy en d\u00eda, pues la solar y la e\u00f3lica son a\u00fan demasiado incipientes. La energ\u00eda nuclear es otro cuento. En Pasto y en Nari\u00f1o, \u00a0la electricidad se esfum\u00f3 \u00a0durante seis meses, carentes \u00a0un solo minuto para prender la l\u00e1mpara de un \u00a0nochero. Seis meses mal contados,\u00a0 alumbrados con espermas en sus perpetuas noches, a\u00f1o 1967. Comunicados tan solo con radios transistores. F\u00e1bricas, talleres, negocios, empresas, centros educativos afectados. El sur viviendo la soledad exasperante de las tinieblas sempiternas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">San Juan de Pasto llevaba largos periodos bajo la inclemencia de difusa \u00a0luz mortecina, \u00a0proveniente de tres fuentes: la primera, conocida como la \u201cLa luz de don Julio\u201d, para \u00a0un peque\u00f1o sector urbano; otra, del\u00a0 rio Bobo; y la tercera, del rio Mayo, en San Pablo. Tres fuentes distintas, un solo fracaso. La impotencia ciudadana, la inercia\u00a0 de sus dirigentes y \u00a0pol\u00edticos, y el acostumbrado olvido nacional \u00a0se juntaron. El\u00a0 atraso vivido con pasmoso estoicismo, como si se tratara de anatema naciente en el coraz\u00f3n del Estado y sus gobiernos. Se contaba apenas con \u00a0rudimentario aeropuerto en\u00a0 Cano y \u00a0escabrosa y polvorienta\u00a0 carretera a Popay\u00e1n, sin m\u00e1s. La televisi\u00f3n llegaba con se\u00f1al borrosa e intermitente, catorce a\u00f1os despu\u00e9s de inaugurada en Bogot\u00e1. Todo eso y m\u00e1s a contados meses \u00a0de\u00a0llegar el hombre a la luna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El gran apag\u00f3n se produjo luego de frecuentes episodios similares. La regi\u00f3n qued\u00f3 \u00a0a oscuras durante largas noches de interminables meses, y la gente no tuvo opci\u00f3n distinta que acudir a \u00a0estufas de le\u00f1a, as\u00ed como \u00a0a \u00a0anacr\u00f3nicas planchas\u00a0 de carb\u00f3n. Los radios transistores como \u00fanico medio para escuchar las cadenas nacionales en \u00a0AM, cuyo sonido era tan irregular como precario. La crisis de la econom\u00eda fue de proporciones inveros\u00edmiles; veladoras,\u00a0 f\u00f3sforos, kerosene \u00a0y \u00a0pilas convertidas \u00a0en art\u00edculos de\u00a0 supervivencia. \u00bfC\u00f3mo era posible alcanzar \u00a0vida normal, a tres d\u00e9cadas del tercer milenio?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La exasperaci\u00f3n comprometi\u00f3 entonces a \u00a0las comunidades de los\u00a0 barrios orientales en ordenada \u00a0pero beligerante marcha hacia la Plaza de Nari\u00f1o, en acto de protesta, sin m\u00e1s programa y \u00a0\u00a0br\u00fajula que la explosi\u00f3n irremediable de su \u00a0ira contenida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia in\u00e9dita nos recuerda \u00a0los tiempos de comuni\u00f3n entre habitantes de a pie con estudiantes. Tiempos consagrados a so\u00f1ar contra el olvido y la inclemencia. Espacios talvez irrepetibles de unidad por la dignidad del pueblo agraviado. \u00c9pocas de \u00a0juventud quim\u00e9rica en las entra\u00f1as de una ciudadan\u00eda casi inerme, esgrimiendo \u00a0la direcci\u00f3n \u00a0del movimiento c\u00edvico m\u00e1s importante del siglo. Al frente, un osado \u00a0estudiante de derecho en la universidad de Nari\u00f1o: Jorge Eliecer Bedoya, en la compa\u00f1\u00eda de \u00c1lvaro Rodr\u00edguez, \u00a0de agronom\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un viernes soleado, \u00a0caminaron miles de \u00a0enfadados habitantes. \u00a0Convergieron todos a la cita, en la plaza de principal. En el balc\u00f3n esquinero de una casona colonial eran esperados por \u00a0\u00a0sus voceros. Desde la tribuna ubicada en el hoy centro Sebasti\u00e1n de Belalcazar, \u00a0Bedoya\u00a0y\u00a0 Rodr\u00edguez,\u00a0 amplificador en mano vieron, at\u00f3nitos, los torrentes humanos. Multitudes incontenibles de todas las comunas circundantes, revelando en sus rostros su irreprimible furia ante el desd\u00e9n oficial. El parque\u00a0 recluyendo el dolor exponencial por el olvido, representado en\u00a0 m\u00e1s de 20 mil personas marchando entre consignas y pancartas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Hermano, y\u00a0 ahora qu\u00e9 hacemos!, alcanz\u00f3 a musitar, con inocultable\u00a0 ansiedad, Bedoya a Rodr\u00edguez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cSe nos vino la ciudad entera\u2026 nadie se qued\u00f3 en casa\u201d fue la \u00fanica respuesta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sorprendidos ante una multitud insospechada,\u00a0 Jorge Bedoya no encontr\u00f3 salida diferente a\u00a0 tomar por vez primera en su vida,\u00a0 un\u00a0 micr\u00f3fono, (a sabiendas de nunca antes haber pronunciado un solo discurso). Las palabras expresadas en cinco minutos que le resultaron eternos,\u00a0 debieron tener el acento majestuoso y convincente de improvisado orador ca\u00eddo del cielo mismo. Con ellas conmovi\u00f3 el alma de una muchedumbre,\u00a0mientras replicaba el \u00a0eco\u00a0 de la audiencia\u00a0 embelesada Entre discursos y arengas, no hubo lugar a mejor consenso que darle plazo \u00a0al Gobierno Nacional: soluci\u00f3n en 40 d\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cuenta regresiva se instal\u00f3 en \u00a0enorme y prosaico reloj artesanal. Cada 24 horas, \u00a0retroced\u00eda\u00a0el indicador del tiempo, 39, 38, 37\u2026 hasta llegar, as\u00ed\u00a0 al d\u00eda 0. \u00a0Vencido el plazo, nadie sab\u00eda a ciencia cierta cuanto iba a pasar, ni camino alguno \u00a0para \u00a0d\u00f3nde \u00a0coger.\u00a0A lo mejor, nadie lo tom\u00f3 totalmente \u00a0\u00a0en serio. La idea del reloj hab\u00eda salvado la jornada. De paso, tambi\u00e9n a sus dirigentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Treinta \u00a0y nueve d\u00edas m\u00e1s tarde, sin respuestas ni soluciones \u00a0el \u00a0insurrecto rio humano volvi\u00f3 a la cita, profundamente frustrado si, aunque esencialmente \u00a0pac\u00edfico. A pesar de ello, la orden central desde\u00a0Bogot\u00e1 fue despejar la plaza a toda costa. \u00a0El caos fue impredecible. La fuerza p\u00fablica intent\u00f3 lo imposible y las malas noticias comenzaron a llegar de calle en calle. Todas hablaban de violentos enfrentamientos y del dolor al saber de dos ciudadanos inocentes, muertos. Un toque de queda cerr\u00f3 el correr del reloj caminante \u00a0\u00a0en reversa durante \u00a040 d\u00edas, buscando que volviera la luz, a cambio de la cual lleg\u00f3 la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Solo entonces \u00a0irrumpi\u00f3\u00a0la voz\u00a0 del Presidente. Era \u00a0Carlos Lleras Restrepo, \u00a0ordenando en vivo y en directo, importar\u00a0 cuatro inmensas plantas Di\u00e9sel en in\u00e9dito puente a\u00e9reo entre Miami y Pasto, cargadas en potentes aviones H\u00e9rcules,\u00a0 convertidas \u00a0en \u00a0soluci\u00f3n provisional pero efectiva, hasta cuando la interconexi\u00f3n\u00a0 pusiera fin al calvario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No faltaron las\u00a0 condenas del Mandatario a la protesta, \u00a0inculpando \u00a0el levantamiento como obra de \u00a0agentes infiltrados del comunismo internacional, \u00a0\u00a0y\u00a0 de los infaltables\u00a0 agitadores a sueldo. El sur vivi\u00f3 la paradoja del duelo general tras la muerte y la violencia, al tiempo que celebraba lejos de \u00a0aspavientos el final victorioso de volver a la luz el\u00e9ctrica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0En los primeros decembrinos\u00a0 de 2017,\u00a0quince meses antes \u00a0de su temprana muerte, me reencontr\u00e9 con Jorge e Isabel, su esposa, en la placidez\u00a0 de su apartamento en Pasto. \u00a0Recordamos tiempos pasados de amistad y vecindad, compartidos con \u00a0otro grande, \u00a0Heraldo Romero. Fue el reencuentro y despedida para siempre del amigo valeroso. Ya Jorge no ejerc\u00eda como abogado. Llevaba ciertos a\u00f1os dedicado a compartir su vida en su caba\u00f1a so\u00f1ada, en un resguardo ind\u00edgena, cerca de Ricaurte. Lejos de la burocracia y del mundo, cerca de las flores y del p\u00e1ramo grandioso, donde fue feliz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese d\u00eda afortunado,\u00a0 Jorge \u00a0recont\u00f3 la \u00a0historia \u00a0Patria desconocida \u00a0u olvidada, -da lo mismo-, \u00a0que de manera singular \u00a0coincidi\u00f3 en el tiempo con movimientos legendarios dados por entonces en el lejan\u00edsimo \u00a0Paris, con la rebeli\u00f3n estudiantil de mayo. O las protestas juveniles \u00a0buscando \u00a0ponerle fin a la guerra legendaria del Vietnam. \u00a0Cada pais con sus historias. Eran los\u00a0 inolvidables a\u00f1os sesenta, los tiempos de los \u00a0estudiantes so\u00f1adores buscando transformar el mundo. \u00a0T\u00fa, Jorge Eliecer Bedoya, uno de ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bogot\u00e1, septiembre de 2019<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Omar Raul Martinez Guerra En memoria de Jorge Bedoya \u00bfPodr\u00edan imaginar los lectores, si un d\u00eda cualquiera fuese \u00a0suspendida la energ\u00eda el\u00e9ctrica durante una semana? Siete d\u00edas sin corriente, -tan solo siete- sin estufas, \u00a0televisores, ni neveras, radios, celulares y computadores. \u00bfVivir sin celular? 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