{"id":5358,"date":"2013-11-29T03:40:09","date_gmt":"2013-11-29T03:40:09","guid":{"rendered":"https:\/\/pagina10.com\/web\/arrayan-el-colibri-enganchado-a-la-luna\/"},"modified":"2013-11-29T03:40:09","modified_gmt":"2013-11-29T03:40:09","slug":"arrayan-el-colibri-enganchado-a-la-luna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pagina10.com\/web\/arrayan-el-colibri-enganchado-a-la-luna\/","title":{"rendered":"ARRAY\u00c1N: EL COLIBR\u00cd ENGANCHADO A LA LUNA"},"content":{"rendered":"<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-5357\" src=\"https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/4e36ad3b6ff91101c235b6229b2dd833.jpg\" alt=\"\" width=\"2492\" height=\"2538\" srcset=\"https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/4e36ad3b6ff91101c235b6229b2dd833.jpg 2492w, https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/4e36ad3b6ff91101c235b6229b2dd833-295x300.jpg 295w, https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/4e36ad3b6ff91101c235b6229b2dd833-1005x1024.jpg 1005w, https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/4e36ad3b6ff91101c235b6229b2dd833-768x782.jpg 768w, https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/4e36ad3b6ff91101c235b6229b2dd833-1508x1536.jpg 1508w, https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/4e36ad3b6ff91101c235b6229b2dd833-2011x2048.jpg 2011w\" sizes=\"(max-width: 2492px) 100vw, 2492px\" \/><\/p>\n<p align=\"center\" style=\"text-align: justify;\">Por:&nbsp;Jorge Eli\u00e9cer Ord\u00f3\u00f1ez Mu\u00f1oz, poeta y ensayista nacido en Cali, autor entre otros libros de Vuelta de Campana (premio Instituto de Cultura y Bellas Artes de Boyac\u00e1), Ciudad Menguante, La br\u00fajula Insomne, Farallones, el Puente de la Luna, y el ensayo La F\u00e1bula po\u00e9tica en Giovanni Quesep con el que obtuvo el premio Jorge Isaacs, dirigi\u00f3 la Antolog\u00eda de poes\u00eda colombiana Desde el Umbral. Miembro de la revista Rosablindada.net y Ciudad Sumergida.<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p align=\"center\" style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;Array\u00e1n de Julio C\u00e9sar Goyes Narv\u00e1ez, Com\u00fan Presencia Editores, Colecci\u00f3n Los Conjurados, Obra Pict\u00f3rica Armando Villegas, Bogot\u00e1, 2013<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Parecieran dos libros, pero no, es uno solo, con una puerta de entrada que estremece los ojos y sus afluentes \u00edntimos: un Armando Villegas, con ese rostro arduamente severo, como una isla rodeada de ojos, de alas, de cuernos, de sombras, de piedras, de colibr\u00edes, apresados en la p\u00e9trea belleza de la concha, en soluci\u00f3n de continuidad hacia las hojas, los cuerpos, los papiros. Ah! los papiros, donde se escribe lo que no es olvidable, lo que viaja en el camino empedrado de la poes\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El colibr\u00ed verde sale del miasma, de la sombra que amarillea en ocres que caen al vac\u00edo como piedras, como l\u00e1grimas; el colibr\u00ed azul sale de un tromb\u00f3n calc\u00e1reo \u2013concha marina, tal vez- , pero los dos se miran, no dejan de mirarse con ojos y con picos para atenuar la distancia. Mirada en prolongaci\u00f3n de deseo, en fraterna comuni\u00f3n entre tanto elemento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los dos colibr\u00edes, con picos y retinas, llevan sus voces en este libro \u00fanico que pareciera dos. De all\u00ed que el \u201cescucha m\u00eda\u201d que atraviesa el papiro no es un agregado ret\u00f3rico, sino el quedo susurro que intercambian el adulto y el ni\u00f1o, ataviado cada uno con su concha marina para que el eco y la mirada sigan realizando su trabajo de siega.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El \u201cdiosito entretenido\u201d de la infancia irrumpe con su color y su intensidad. Es el poeta volador, el inocente, como Verlaine y Baquero, como el quinde que rastrea y florea estos versos organizados en prosa l\u00edquida. Poeta como mediador, como hilo de cometa entre lo terrestre y lo c\u00f3smico:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">taita del fuego que atas el array\u00e1n al cielo (p. 15)&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Qu\u00e9 labor suprema, qu\u00e9 reto admirable para el poeta! Raz\u00f3n ten\u00eda B\u00e9cquer cuando pensaba que hab\u00eda algo divino aqu\u00ed dentro. Tarea parad\u00f3jica la de esta gr\u00e1cil criatura: leve y fugaz, destinada a inventariar lo perenne:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">tejes la eternidad en la retina (p.15)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poeta como profeta (vate, vaticinador), con ojos de vig\u00eda en la batahola del cosmos, pero tambi\u00e9n, ser cotidiano, solidario con el d\u00eda a d\u00eda, donde discurren el enfermo, el abandonado, el pariente ocasional, el transe\u00fante con su fardo de quimeras y deseos:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No demores mim\u00ed de abril, ven a prolongar las buenas noticias con tu vuelo (p. 17)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A nadie se le ocurrir\u00eda acribillar a un ruise\u00f1or, menos, a un colibr\u00ed. Ausentar a un hombre, a las malas, es peor que un crimen; por eso es axiom\u00e1tico que \u201cla muerte de un hombre nos disminuye\u201d. Cuando ese ser fustigado nos deja el eco de su vuelo, la pasi\u00f3n de su mirada puede convertirnos en piedra o en sal, como a la impertinente mujer de Lot. Los asesinos de Garc\u00eda Lorca, de Roque Dalton, se pudren en el museo de la infamia: son de piedra maldita, de sal regada sobre el yermo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vagabundo en una ciudad de pocos jardines (p.19), figura del creador, exiliado en un reino extra\u00f1o. Pero le amamos, porque el poeta, como el liviano p\u00e1jaro, es un ser polifac\u00e9tico, un alado mensajero de la belleza:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Picas aqu\u00ed, robas m\u00e1s all\u00e1, ladr\u00f3n amado, como si fueras a morir y desearas el aliento de la madrugada (p.19)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando todo se ha desvanecido, cuando las ciudades y los \u00e1rboles ya no brindan refugio, los a\u00e9reos so\u00f1adores de palabras dejan su impronta:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mago del alba (\u2026) escribiendo con tu estilizada pluma la historia del aire (p.23)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Historia que arranca de la infancia, esa isla encantada que va con nosotros como la caparaz\u00f3n en el lomo del armadillo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D\u00f3nanos el carnaval de tu infancia antes que la vela se consuma (p. 24)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se sabe ef\u00edmero, se sabe hermoso. Hace de su fragilidad una fortaleza. El colibr\u00ed, como el poeta, es un instante en movimiento, una campana congelada en los estambres del aire. Poco sabemos de su h\u00e1bitat, quisi\u00e9ramos saber de la forma y el tama\u00f1o de su casa, resulta un misterio saber si duerme y c\u00f3mo duerme, si sue\u00f1a y c\u00f3mo sue\u00f1a, si su obsesivo vibrar tiene reposo. El poeta indaga:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D\u00f3nde est\u00e1 tu nido mago de muchas flores, d\u00f3nde dejaste la noche con su sue\u00f1o. (p. 27)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Interrogaci\u00f3n audaz, hecha a s\u00ed mismo, respondida con una imagen impecable:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Diosito mitad carne, mitad rel\u00e1mpago (p. 27)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando se alcanza el \u00e9xtasis es la felicidad, tambi\u00e9n la fuga, la ventana abierta frente al abismo. No hay elecci\u00f3n posible, la noche acelera su oscuridad, como la llama de la vela es el llamado, pero tambi\u00e9n, el v\u00e9rtigo, pero tambi\u00e9n el abrazo que abrasa:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sabr\u00edas elegir si no estuvieras atado al elixir que te fulmina (p.29)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En tu aciago viaje colibr\u00ed no hay flor que te detenga. (p.31)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El poeta, el colibr\u00ed, como el potente sol, se consumen en su propio fuego. Su eficaz combusti\u00f3n tiene el precio de un intercambio letal de energ\u00edas:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfacaso presientes la hora en que los geranios duermen su silencio violeta, su gesto de rosas acribilladas por sus propias espinas?&nbsp; &nbsp;(p. 36)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El colibr\u00ed insiste, como el poeta, en cortejar la flor. Su respuesta es incierta, quiz\u00e1s nunca se abra o si lo hace es posible que la realidad sea inferior al vuelo de lo so\u00f1ado. Por eso el poeta siempre ser\u00e1 un fingidor, los colores de sus telas son m\u00e1s intensos que el paisaje mismo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Inquilino desvelado (\u2026) d\u00e9janos ver el c\u00f3digo, reg\u00e1lanos una se\u00f1al para descifrar esa extra\u00f1a flor que viene abri\u00e9ndose al fracaso de toda realidad (p.37)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En El Eco y la Mirada nos habla el colibr\u00ed verde, el adulto, el que mira con el pico y las pupilas al infante, como tambi\u00e9n al rostro adusto, a los cuerpos, a las ciudades que va dejando en su vuelo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2026cruzaste el gran charco colibr\u00ed en sue\u00f1o (p. 49)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es el poeta trashumante, el hombre \u201cenganchado a la luna\u201d, a su patio de array\u00e1n, cuyes y perros; escucha m\u00eda, la infancia revolc\u00e1ndose con un placer inmundo. (p.50)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No quiero hilar delgado, ni evocar a los \u201cperversos polimorfos\u201d de Freud, refiri\u00e9ndose a los ni\u00f1os, pero hay pistas en el bosque del texto. Es la infancia inocente, pero no ingenua. Es el tr\u00e1fago de la vida con su v\u00e9rtigo y sus \u00e9xtasis m\u00e1s rec\u00f3nditos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En El Eco y la Mirada el colibr\u00ed va y viene en eternos retornos. Salta de su pueblo natal, entre nubes verdes a la Europa so\u00f1ada, a los pa\u00edses de Colombia, con ciudades que dejaron vestigios resplandecientes -Bogot\u00e1, Cali- pero su mirada, de pico y pupila, es incisiva, cr\u00edtica, a veces nihilista, a veces desesperanzada, siempre alerta:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Voy por el mundo cargando im\u00e1genes erosionadas, sedientas de agua viva&nbsp; (p. 55)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(\u2026) los pelagatos asistiendo a un parto debajo del puente. Alguien canta, otro mete la mano, mientras el olor menstrual de una joven sin patria golpea el vidrio de la ventana sin encontrar salida. (p.57)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eres un fugitivo perseguido por jaur\u00edas citadinas (p. 60)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El colibr\u00ed de El Eco y La Mirada ha puesto en crisis la inocencia, se ha extraviado en el tr\u00e1fago de ciudades que no por bellas dejan de ser terribles. Sigue libando su n\u00e9ctar \u2013destino y trampa a la vez- en flores letales, en laberintos de incertidumbre y grave nostalgia. Aparece el inventario nihilista, el eco de la desesperanza. Ni siquiera la palabra, que es fundacional y que sirve de talism\u00e1n en los recovecos de su vuelo, logra plasmar su nombrad\u00eda. La fugacidad, a pesar de nuestra limitada trascendencia, signa nuestro destino:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escucha m\u00eda, la palabra nos perdura con su compa\u00f1\u00eda ausente pero no nos ata a este mundo (p. 65)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fiera herida, la palabra da coces, ya no describe el mundo, lo juzga, lo padece, lo refleja con tonos expresionistas. Entonces desfilan gordas de Botero, perros callejeros, ancianos de parque, im\u00e1genes de la decadencia y el comercio inhumano enfilado hacia la mercanc\u00eda y el consumismo. El colibr\u00ed revoloteando sobre el basurero del mundo, echando de menos la claridad de sus r\u00edos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfVali\u00f3 la pena cruzar el inmenso pozo del Atl\u00e1ntico para encontrar un primer mundo, degradado y alevoso, m\u00e1gico s\u00ed, pero esquivo a las alas de un colibr\u00ed, pr\u00edstino y humilde? La prosa grave, pla\u00f1idera en ocasiones, de los \u00faltimos textos pareciera decir que no, que simplemente el tenue p\u00e1jaro sigui\u00f3 enganchado a su luna americana y a las nubes verdes de su patio en el sur. Uno podr\u00eda concluir con un verso de Giovanni Quessep: cumple tu historia suramericana, que ni Verona, ni Shakespeare, son vecinos de tu parcela y que las alondras y los ruise\u00f1ores, a diferencia del inquietante y tornasolado colibr\u00ed, no lograron construir su imaginario po\u00e9tico:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mas de ellos, de ella (la aldea) sentiste una melancol\u00eda salvaje ba\u00f1ada por un r\u00edo que no duerme, cobijada por una arboleda donde resta\u00f1a el colibr\u00ed que hurt\u00f3 tu infancia y que lentamente regresaba a tus ojos entreabiertos (p.80)&nbsp; &nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Afincado a muchas flores, viajero de varias latitudes, el poeta-colibr\u00ed recupera su esencia, vuelve a lo que es suyo, a pesar de los pesares, como se\u00f1ala un poeta contertulio. Como el salm\u00f3n remonta los r\u00edos salvajes y vuelve a desovar, tras un nado enigm\u00e1tico, en el charco de sus m\u00e1s hondos ancestros:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cuerpo renace en el nado enigm\u00e1tico, porque nada queda para el h\u00e1bito de los hombres y s\u00ed permanecer\u00e1 en el \u00e1nima del mundo. Esa es la \u00fanica creencia, escucha m\u00eda, habitar la curva donde el horizonte cae, seguir escuchando el eco de la infancia, jugar en el umbral de la ciudad donde la mirada parpadea\u2026 (p. 81)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Libro confesional, una vez encontradas las claves de su vuelo. Confiesa su infancia, sus deseos y sus desamores. Es tan escaso el n\u00e9ctar del amor, por eso la sombra se repliega a varios seres, a lugares m\u00edticos, a utop\u00edas est\u00e9ticas; se socializa su esencia porque una flor rotunda no seduce el pico del colibr\u00ed. Retorno al amor idealizado de la infancia, esa especie de para\u00edso perdido, donde el sol alumbra con rayos indecisos, apenas intuidos en leves retoques de la memoria. Array\u00e1n es el puente entre la levedad y lo absoluto, nada m\u00e1s simb\u00f3lico que su meton\u00edmico colibr\u00ed, mitad carne tr\u00e9mula, mitad rel\u00e1mpago.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por:&nbsp;Jorge Eli\u00e9cer Ord\u00f3\u00f1ez Mu\u00f1oz, poeta y ensayista nacido en Cali, autor entre otros libros de Vuelta de Campana (premio Instituto de Cultura y Bellas Artes de Boyac\u00e1), Ciudad Menguante, La br\u00fajula Insomne, Farallones, el Puente de la Luna, y el ensayo La F\u00e1bula po\u00e9tica en Giovanni Quesep con el que obtuvo el premio Jorge Isaacs, 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