{"id":5665,"date":"2013-12-16T20:21:33","date_gmt":"2013-12-16T20:21:33","guid":{"rendered":"https:\/\/pagina10.com\/web\/un-cuento-de-navidad\/"},"modified":"2013-12-16T20:21:33","modified_gmt":"2013-12-16T20:21:33","slug":"un-cuento-de-navidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pagina10.com\/web\/un-cuento-de-navidad\/","title":{"rendered":"Un cuento de navidad."},"content":{"rendered":"<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-5664\" src=\"https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2013\/12\/dee200a7397e19047c39101e47bbfaa7.jpg\" alt=\"\" width=\"337\" height=\"310\" srcset=\"https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2013\/12\/dee200a7397e19047c39101e47bbfaa7.jpg 337w, https:\/\/pagina10.com\/web\/wp-content\/uploads\/2013\/12\/dee200a7397e19047c39101e47bbfaa7-300x276.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 337px) 100vw, 337px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span><strong style=\"text-align: justify;\"><span data-mce-mark=\"1\">&nbsp;<\/span><span data-mce-mark=\"1\"><\/span><span data-mce-mark=\"1\">LA IMAGEN QUE TENIA BARBA<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span>Por Julio C\u00e9sar Goyes Narv\u00e1ez<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span>Del libro de cuentos El \u00e1nima del mundo<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span>(Ipiales, 1999)<\/span><span>&nbsp;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>&nbsp;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>Hubiera jurado que nada hab\u00eda cambiado, que todo permanec\u00eda intacto, igual que antes, cuando con mam\u00e1 y mis hermanas guard\u00e1bamos el jolgorio de los d\u00edas. Estaba en la casa viendo desde la ventana pasar golondrinas en su diaria gira por el mundo; comprender\u00e1s que hac\u00eda mucho no hab\u00eda vuelto a bucear en el cuarto de los ch\u00e9cheres, bajo las escaleras, entre las telara\u00f1as del soberado y la azotea. Abr\u00ed la puerta y las escaleras se desencalambraron, un escalofr\u00edo me centr\u00f3 con la fuerza de un im\u00e1n al umbral, la madera chillona, desbaratada, de sus partes inferiores escapaba un olor a tierra humedecida, a polillas que inundaban el corredor central y&nbsp; la cocina; refregu\u00e9 mis p\u00e1rpados con los cantos de la mano y respir\u00e9 profundamente, no pude evitar la atm\u00f3sfera impregnada de recuerdos. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>&nbsp;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>Todav\u00eda estaba arrimado a la pared de los deseos el rudimentario triciclo de madera que nunca reemplaz\u00f3 el ni\u00f1o Jes\u00fas, por m\u00e1s que le escribiera cartas, me portara bien en la escuela, ayudara a mis hermanos a lavar los tornillos grasientos en el taller e hiciera todos los mandados de la casa. El ni\u00f1o Jes\u00fas no trae juguetes tan costosos, p\u00eddele algo que pueda regalarte, algo \u00fatil, como marcadores Parker, rojo y azul, o un guarniel para la escuela, dec\u00eda mam\u00e1 cada vez que me pillaba escribiendo la dichosa carta; ella no sab\u00eda que yo estaba enterado de todo, incluso del regalo que me tocar\u00eda esa navidad. Lo de la carta era para que los viejos supieran que pod\u00eda escribir bonito pero de eso ni una palabra. Junto al triciclo se ve\u00eda la pelotica de caucho con la que te gan\u00e9 varias veces en las banquitas, un avi\u00f3n de cuerda que me regal\u00f3 mi padrino de confirmaci\u00f3n, \u00a1ah!, y la canoa de palo balso hecha con mis propias manos, tripulada con los buzos diminutos que me trajo a regalar mi amigo Nixon de la costa en unas vacaciones; aunque no lo creas todos estos juguetes los conservo desde entonces, no porque quiera quedar atrapado en el pasado como mosca en telera\u00f1a, \u00bfme entiendes?, sino por el deseo de retornar, de vez en cuando, a ese territorio donde se puede tener todo lo que la realidad niega. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>&nbsp;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>Quieto, en medio de un silencio h\u00famedo, pude rastrear una lucecita que se recog\u00eda en uno de los rincones y me esforc\u00e9 por enfocar el extra\u00f1o objeto en el claroscuro del fondo. Volv\u00ed a esforzarme un poco m\u00e1s, entonces logr\u00e9 ver las lentejuelas en los filos y pude darme cuenta de que era una estrella desprendiendo hilos de luz que chocaban detr\u00e1s de la oscuridad desvaneci\u00e9ndose. Tard\u00e9 un momento en volver a formar la estrella de papel met\u00e1lico en mi memoria y dibujar su alegr\u00eda. Me reclin\u00e9 sobre la puerta, estaba justo parado en el umbral. Desde el otro lado de la pared la algarab\u00eda de los chicos intensific\u00f3 mis recuerdos, sab\u00eda que el barrio se preparaba para la novena popular de la noche; sonaban las dulzainas y los pitos, las guitarras y los villancicos entonados por las fiesteras: Colibr\u00ed navide\u00f1o cantad con mas armon\u00edaque pronto llegar\u00e1 tu hermosa melod\u00eda.No digas que no te acuerdas. A mi me gusta la parte donde dice:Mi canto brilla en la aurora, es profundo y sin igual,mi plumaje es tan bonitoque reluce en navidad. A prop\u00f3sito, \u00bfqui\u00e9n la escribir\u00eda? Fue as\u00ed que sent\u00ed de pronto una presencia, una movilidad imperceptible, una luminosidad sin luz. Adelant\u00e9 unos pasos y tropec\u00e9 con los juguetes de madera, con figuras de colores, con el arbolito del monte tra\u00eddo en esos tiempos del Puente Nuevo o de la Victoria; acu\u00e9rdate que tra\u00edamos hasta sapos y ara\u00f1as metidos en frascos. Me inclin\u00e9 para tocar la corteza y el humus se fij\u00f3 en las yemas de los dedos, me parec\u00eda incre\u00edble que un vicundo estuviera todav\u00eda pegado en el cruce de las ramas, intent\u00e9 tomarlo con la mano pero se deshizo desapareciendo entre los agujeros de las duelas, abajo, hacia el fondo de las sombras, all\u00e1 donde la mirada no alcanza.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>&nbsp;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>Aquella hermosa estrella de otrora estaba en el suelo, con el brillo descolorido ya sin costumbre; cubierta de polvo y sus esquinas dobladas como piernas que no pueden resistir los a\u00f1os. La ilusi\u00f3n de renacer el mundo al que volv\u00eda despu\u00e9s de andar cruzando pueblos, gastando suela por calles y plazas, echando dedo por los caminos se perd\u00eda entre montones de sombras y silencios abandonados. Entristec\u00ed, lo puedes comprender, \u00bfverdad?, te hubiera ocurrido igual si t\u00fa fueras quien regresa a casa. La gravedad tir\u00f3 de mis brazos con tanta fuerza que arrastr\u00f3 consigo el ce\u00f1o; en el suelo hab\u00eda cajas de cart\u00f3n h\u00famedo, arrugado y deteriorado; el antiguo reloj, \u00bfrecuerdas el&nbsp; cuc\u00fa que colgaba del pasillo y que ve\u00edamos apenas abr\u00edamos la puerta del patio?\u00ac Ahora estaba all\u00ed entre los desechos, yo lo adivinaba marcando una hora cualquiera, me parec\u00eda o\u00edr su tic tac implacable se\u00f1alando la colecci\u00f3n de im\u00e1genes y voces encerradas, los rincones rec\u00f3nditos que guardan la alegr\u00eda y la tristeza de la infancia, el ladrido del peque\u00f1o Juguete, el pequin\u00e9s que muri\u00f3 probablemente a causa de mi ausencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>&nbsp;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>Continu\u00e9 tanteando los bultos desparramados por el cuarto, tal vez deseaba encontrar alguna se\u00f1al, un indicio de que las cosas no hab\u00edan cambiado, que todo permanec\u00eda igual. Bueno, t\u00fa me conoces, en realidad soy una persona un tanto desenga\u00f1ada, alguien que ha andado poco pero que se ha cansado mucho. Puedo parecer incr\u00e9dulo pero no es as\u00ed, de tanto caminar termina uno venerando el camino que se deja atr\u00e1s, s\u00f3lo la memoria puede volver a pisar lo que fue y ya no ser\u00e1, desempolvar nuestra mirada como soplo en mesa vieja. Ahora s\u00e9 lo que buscaba pero en ese momento no, \u00bfcomprendes?, s\u00f3lo importaba la presencia de algo que segundos atr\u00e1s hab\u00eda sentido como una premonici\u00f3n. El instante es todo lo que importa, dije en voz bajita evitando que alguien escuchara, como si la casa estuviera habitada. La eternidad fugaz de aquella evocaci\u00f3n logr\u00f3 que los a\u00f1os que derroch\u00e9 con tanta energ\u00eda parecieran una brizna de polvo comparada con el mundo que se desplomaba en la memoria, pod\u00eda salir del cuarto y mezclarme entre las gentes del barrio que cantaban con mucha devoci\u00f3n al otro lado de la calle, pero no lo hice; decid\u00ed, en cambio, acercarme hacia las cajas, abr\u00ed una que vomit\u00f3 guirnaldas y bolitas de todos los colores y tama\u00f1os, abr\u00ed otra y otra m\u00e1s. En el fondo y apretadas, casi soldadas por el moho y percudidas estaban las figurillas de pastores, reyes magos, ovejitas, el viejo tren de tres vagones y el trompo de nogal que torne\u00f3 mi padre en el taller de ebanister\u00eda; animalitos y pajaritos de agua que completaban el paisaje navide\u00f1o. Quit\u00e9 de encima aquella caja y apareci\u00f3 otra, peculiar, conocida; antes de abrirla hice memoria de lo que conten\u00eda pero no pude acordarme o tal vez no quise, no lo s\u00e9, estaba decidido a poner punto final a la curiosidad que me atrapaba. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>&nbsp;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>La presencia que lat\u00eda desde el fondo del silencio se hizo m\u00e1s probable y sent\u00ed un prolongado escalofr\u00edo, me enfrentaba a la visi\u00f3n de un mundo infantil heredado de la fe incuestionable de mi madre; t\u00fa la conociste, ella te apreciaba mucho, siempre fue a m\u00ed a quien culp\u00f3 de destrozar sus geranios cuando jug\u00e1bamos f\u00fatbol, voz haz de haber sido, voz haz de haber sido, repet\u00eda furiosa y despu\u00e9s nos llamaba a tomar caf\u00e9 con quimbolitos o con tortillas de callana. Mi padre, en cambio, me ense\u00f1\u00f3 otras creencias, tienes que aprender a comer por tu propia mano, ser alguien en la vida; subir, subir y all\u00e1 en la altura mirar el infinito, nunca olvides de donde saliste y si puedes darle la mano al ca\u00eddo jam\u00e1s, me oyes, jam\u00e1s lo dudes. No s\u00e9 cu\u00e1ntas veces me lo dijo pero siempre que lo hac\u00eda era como si fuera por la primera vez. Si los viejos se levantaran de su tumba y vieran la vida que llevo seguro morir\u00edan tranquilos, no es la mejor, ni he logrado todo lo que les promet\u00ed pero no guardo odio ni verg\u00fcenza. Me hubiera gustado tener un hijo para que los conociera, para que supiera c\u00f3mo es el cari\u00f1o y la humildad, c\u00f3mo se forma la dignidad en la pobreza, los sue\u00f1os en el dolor.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>&nbsp;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>Estaba decidido a averiguar lo que a\u00fan permanec\u00eda dentro de ese imaginario de cart\u00f3n, t\u00fa sabes, la verdad mat\u00f3 al curioso. El olor me confirm\u00f3 la duda agitando la pesadumbre hacia el ensue\u00f1o, desat\u00e9 las cuerdas tan r\u00e1pido como pude, tal vez cre\u00eda que si lo hac\u00eda con velocidad saldr\u00eda r\u00e1pido de sensaciones inciertas. Tan pronto como lo hice apareci\u00f3 un papel \u00e1spero, verdinegro y granulado todav\u00eda consistente que serv\u00eda como capa terrestre formando prados y monta\u00f1as; al halarlo con fuerza sali\u00f3 pegada una capa de musgo podrido que desprend\u00eda un humus insoportable; hice a un lado la materia descompuesta casi al borde del asco y ah\u00ed&nbsp; adentro, en medio de papel picado y seda tambi\u00e9n deteriorada, estaba un cuerpo de ni\u00f1o agazapado, quiz\u00e1 esperaba que una mano lo sacar\u00e1 de la oscuridad. Tom\u00e9 la figura con la fuerza que los nervios me permit\u00edan y me ech\u00e9 hac\u00eda atr\u00e1s buscando el chorro de luz desconcertado. La imagen de yeso ten\u00eda barba, tambi\u00e9n hab\u00eda envejecido.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>&nbsp;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span>&nbsp;<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;LA IMAGEN QUE TENIA BARBA Por Julio C\u00e9sar Goyes Narv\u00e1ez Del libro de cuentos El \u00e1nima del mundo (Ipiales, 1999)&nbsp; &nbsp; Hubiera jurado que nada hab\u00eda cambiado, que todo permanec\u00eda intacto, igual que antes, cuando con mam\u00e1 y mis hermanas guard\u00e1bamos el jolgorio de los d\u00edas. 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